Llevo ya más de diez años viviendo en Gijón, y creo que venirnos a vivir aquí es la mejor decisión que hemos tomado en la vida. No obstante, no todo es maravilloso. He aquí un listado de las cosas que no me gustan:
1- La gente (I). La gente, así en general, es un poco maleducada, al menos para el estándar madrileño. Es bastante común que se dirijan a ti lanzándote una pregunta así, directamente, sin un oíste, un perdona o un disculpe. Esto me ocurrió especialmente aquella temporada que estuve de reponedor en una gran superficie. Estaba ahí, colocando mis postres lácteos, y una voz a mi espalda decía, por ejempo: ¿Ónde tienes las fesorias? ¿Y se supone que yo tengo que saber que se dirige a mí?
2- La gente (II). La gente, así en general, es un poco maleducada. Por ejempo: dos personas se encuentran cuando una entra y otra sale, en la puerta de un local comercial. Da igual que sea un bar, una frutería o un salón de belleza. Estas dos personas se conocen y hace mucho tiempo que no se ven, así que se paran a charlar y a contarse sus cosas. No se han dado cuenta, pero están en la puta puerta, así que cuando una tercera persona quiere entrar o salir del local, esta tercera debe llamar la atención de las dos primeras para que se aparten y dejen paso. Hasta aquí, todo normal: pasa en las mejores familias. En un lugar civilizado, las dos primeras se mantendrían ya apartadas, permitiendo el paso de quien quiera entrar y salir del local. Aquí, al menos en Gijón, no. Aquí, después de dejar pasar a la tercera, las dos primeras recuperan su posición inicial, movimiento que se repetirá después de la cuarta, la quinta y la sexta. A la séptima ya, encima, las dos primeras empezarán a poner mala cara cada vez que alguien les interrumpa su conversación para entrar o salir. No siempre es así, claro, pero esto es mucho más frecuente de lo que debería.
3- La gente (III). Esto ya no es mala educación, sino usos sociales totalmente distintos de los de mi lugar de origen. Aquí la gente toca a los niños. Vas andando por la calle con un niño o bebé en su silla o su carrito, y cualquier desconocido (especialmente ancianos) se pone a hacerles monerías, le ofrece caramelos (aunque sea demasiado pequeño para eso), y le hacen cosquillas, le pellizcan las mejillas, o cualquier otro tipo de carantoña. La primera vez que me pasó fue horrible.
4- La gente (IV). Es curioso que, viendo en el punto 2 lo que molesta que se interrumpan las conversaciones en las puertas, no tengan reparo alguno en interrumpir conversaciones en otro ámbito. Es decir: estás tomando un café charlando con alguien, y de repente llega otra persona, saluda a ese alguien, y se ponen a charlar tranquilamente. Una conversación a la que no se te invita sobre un tema del que no tienes el más mínimo conocimiento.
5- La gente (V). Yo esto lo achaco a que aquí no hay metro: no hay carteles en ningún sitio que indiquen que hay que dejar salir antes de entrar. En consecuencia, eso de pararse en la puerta y dejar que salga alguien se practica mucho menos de lo que debería.
A ver lo que tardan ahora mis amigos y conocidos asturianos en darme de palos...
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miércoles, 31 de enero de 2018
martes, 2 de enero de 2018
Lo que he leído en 2017
Después de un par de años sin resumen de lecturas, aquí viene el de 2017:
Continuación o precuela de La verdad sobre el caso Harry Quebert, o mejor, ninguna de las dos. Ambas novelas comparten protagonista, pero nada más. En ninguna de ellas se hace referencia a los hechos narrados en la otra, lo que es extraño en tanto que las dos se estructuran con los mismos saltos temporales. Me ha gustado bastante menos esta especie de segunda parte. Desde el principio se nos habla de el Drama, algo que ocurrirá al final de la novela, a modo de cebo. Y no me gusta, me parece tramposo, un truco barato. Aparte de esto, que me sacaba de la historia desde el principio, el libro atrapa, igual que Harry Quebert.
Quizá no me haya gustado tanto por ser menos novela negra y más drama vital de los personajes.
Primera parte de una trilogía protagonizada por Publio Cornelio Escipión, al que por lo visto, en la segunda o tercera parte empezarán a llamar Africanus; en esta primera parte, este romano ni siquiera ha pisado África. Me ha recordado mucho, sobre todo al principio, a una novela de fantasía, espada y brujería o falsa edad media, como queráis llamar a ese género. Legionarios, trirremes, viajes a caballo, batallas a espada... todo eso.
Primera parte de una trilogía protagonizada por Publio Cornelio Escipión, al que por lo visto, en la segunda o tercera parte empezarán a llamar Africanus; en esta primera parte, este romano ni siquiera ha pisado África. Me ha recordado mucho, sobre todo al principio, a una novela de fantasía, espada y brujería o falsa edad media, como queráis llamar a ese género. Legionarios, trirremes, viajes a caballo, batallas a espada... todo eso.
En general me ha gustado, aunque no sé si lo suficiente como para leerme los dos siguientes.
La novela de la tuitera @Barbijaputa. Lo he leído en papel, es un regalo que alguien le hizo a otra persona que amablemente me lo ha prestado (sin haber sido capaz de leerlo previamente). Y, pues... en fin... qué coñazo de libro, ¿no? Es una novelita de amor y desamor, salpicada con los episodios convenientes para poder incluir un poco de proselitismo feminista. Que eso no es malo en sí mismo, pero es que el resultado acaba siendo aburrido. No obstante, he sido capaz de leerlo hasta el final, o sea, que podría ser peor.
Me lo hubiera ahorrado y no perdía nada.
Voy a salir de casa y recuerdo que no tengo nada que leer, así que rebusco un poco y cojo lo primero (o lo segundo) que encuentro.Así es como he vuelto a leer este librito de El Barco de Vapor, en cuya primera página, con la letra de mi madre, pone
La novela de la tuitera @Barbijaputa. Lo he leído en papel, es un regalo que alguien le hizo a otra persona que amablemente me lo ha prestado (sin haber sido capaz de leerlo previamente). Y, pues... en fin... qué coñazo de libro, ¿no? Es una novelita de amor y desamor, salpicada con los episodios convenientes para poder incluir un poco de proselitismo feminista. Que eso no es malo en sí mismo, pero es que el resultado acaba siendo aburrido. No obstante, he sido capaz de leerlo hasta el final, o sea, que podría ser peor.
Me lo hubiera ahorrado y no perdía nada.
Voy a salir de casa y recuerdo que no tengo nada que leer, así que rebusco un poco y cojo lo primero (o lo segundo) que encuentro.Así es como he vuelto a leer este librito de El Barco de Vapor, en cuya primera página, con la letra de mi madre, pone
Pablo
Reyes 1989
Y el caso es que no recordaba nada de él, más allá de haberlo leído en su día. Así que me ha gustado leerlo de nuevo. No es ninguna maravilla, pero después del de Barbicoñazo dan ganas de darle el Nobel a su autor. No llega a las 200 páginas; se supone que es para mayores de 12 años, en Reyes del 89 yo tenía 13, pero creo que se puede leer con 10 tranquilamente.
Así que para un apaño está muy bien.
5- Morbo gótico, de Ana Ballabriga y David Zaplana.
No sé muy bien cómo llegó este libro a mi ordenador. Recordaba que una de mis hermanas lo había leído, y lo metí en el libro, un poco por a ver qué tal. Y al principio no me gustó nada, y pensé que había sido un error y que me iba a costar acabar con él. No sé muy bien por qué; es cierto que tiene un detalle que me resulta molesto, eso de no poner guiones en los diálogos, pero había algo más que no puedo identificar. Esto me duró, aproximadamente, el primer tercio. Luego ya le cogí el gusto, me acostumbré a los diálogos sin guiones, y hasta el final.
13- La sonrisa de Madrid (El olivar de Atocha I), de Salvador Maldonado.
Limpiando el trastero de casa de mis padres, en una caja con otro montón de libros, apareció este. M. Teresa. Reyes 1989, pone, en la primera página, la letra de mi madre. Recuerdo que ella me contó, al leerlo, que le gustaba porque la autora era amiga suya, y cosas que aparecen en la novela se las había contado en su momento. Así que cómo no iba a leerlo.
5- Morbo gótico, de Ana Ballabriga y David Zaplana.
No sé muy bien cómo llegó este libro a mi ordenador. Recordaba que una de mis hermanas lo había leído, y lo metí en el libro, un poco por a ver qué tal. Y al principio no me gustó nada, y pensé que había sido un error y que me iba a costar acabar con él. No sé muy bien por qué; es cierto que tiene un detalle que me resulta molesto, eso de no poner guiones en los diálogos, pero había algo más que no puedo identificar. Esto me duró, aproximadamente, el primer tercio. Luego ya le cogí el gusto, me acostumbré a los diálogos sin guiones, y hasta el final.
No obstante, no sé si leería una segunda parte.
6- El desorden que dejas, de Carlos Montero.
Segunda novela negra del año. En general me ha gustado bastante, y aunque le cuesta arrancar, engancharme le ha llevado menos que a Morbo gótico. Más o menos empezando el final de la novela llega un punto en que, por un lado, no puedo dejar de leer, pero por otro lado la trama, o más bien algún personaje, me está decepcionando. Una cosa que no me gusta de este tipo de novelas es que, muy frecuentemente, algún personaje tiene superpoderes. Es decir, lo mismo te encuentras con una hacker (¿ha dicho ya la RAE que hay que escribir jáquer?), que un tipo que no puede sentir dolor, o una investigadora con memoria fotográfica, o que nunca olvida una cara, o un asesino con personalidad múltiple... Aquí hay un poquito de eso. Y no me ha gustado. Y tampoco me gusta la forma en que los personajes ocultan información: ese rollo de "te contaría esto ahora, pero si lo hago me quedo sin novela", que se gastan un par de personajes.
6- El desorden que dejas, de Carlos Montero.
Segunda novela negra del año. En general me ha gustado bastante, y aunque le cuesta arrancar, engancharme le ha llevado menos que a Morbo gótico. Más o menos empezando el final de la novela llega un punto en que, por un lado, no puedo dejar de leer, pero por otro lado la trama, o más bien algún personaje, me está decepcionando. Una cosa que no me gusta de este tipo de novelas es que, muy frecuentemente, algún personaje tiene superpoderes. Es decir, lo mismo te encuentras con una hacker (¿ha dicho ya la RAE que hay que escribir jáquer?), que un tipo que no puede sentir dolor, o una investigadora con memoria fotográfica, o que nunca olvida una cara, o un asesino con personalidad múltiple... Aquí hay un poquito de eso. Y no me ha gustado. Y tampoco me gusta la forma en que los personajes ocultan información: ese rollo de "te contaría esto ahora, pero si lo hago me quedo sin novela", que se gastan un par de personajes.
A pesar de todo ello, no podía parar de leer; tan mala no será.
7- Los crímenes del abecedario, de Esteban Navarro.
Segimos con novela negra. Escogí esta novela tras leer un comentario (solo un poco) negativo en twitter. Este comentario, creo recordar, criticaba únicamente la construcción de los personajes. Yo añadiré que, además de personajes demasiado arquetípicos, están dibujados malamente y la novela un poco mal escrita, especialmente al principio. A pesar de esto, la historia está más o menos bien construída, y el previsible final tiene buen ritmo y se deja leer con gusto.
7- Los crímenes del abecedario, de Esteban Navarro.
Segimos con novela negra. Escogí esta novela tras leer un comentario (solo un poco) negativo en twitter. Este comentario, creo recordar, criticaba únicamente la construcción de los personajes. Yo añadiré que, además de personajes demasiado arquetípicos, están dibujados malamente y la novela un poco mal escrita, especialmente al principio. A pesar de esto, la historia está más o menos bien construída, y el previsible final tiene buen ritmo y se deja leer con gusto.
Sin ser un castigo, tampoco merece mucho la pena.
8- Las legiones malditas, de Santiago Posteguillo.
Pues al final me he animado a leer la segunda novela de la trilogía, y me alegro un montón. Aquí todo es más que en la primera parte: más páginas, más batallas, más política, más traiciones, (mucha) más sangre, más elefantes... Si tengo que decir algo negativo, no me ha gustado el asunto del nombre de Netikerty, pero es muy poca cosa para las más de ochocientas páginas que tiene el libro. Así que me tendré que leer el tercero en algún momento.
8- Las legiones malditas, de Santiago Posteguillo.
Pues al final me he animado a leer la segunda novela de la trilogía, y me alegro un montón. Aquí todo es más que en la primera parte: más páginas, más batallas, más política, más traiciones, (mucha) más sangre, más elefantes... Si tengo que decir algo negativo, no me ha gustado el asunto del nombre de Netikerty, pero es muy poca cosa para las más de ochocientas páginas que tiene el libro. Así que me tendré que leer el tercero en algún momento.
Por Castor y Pólux, leedlo.
9- Donde los escorpiones, de Lorenzo Silva.
No sé cuántas novelas hay de Bevilacqua. Yo sólo he leído esta y El alquimista impaciente. La segunda, si no recuerdo mal, me gustó. Esta me ha encantado. La trama en sí misma no es nada del otro mundo; es probablemente la descripción del universo cerrado de la base militar lo mejor del libro. También, he de confesar, me gusta el lenguaje rebuscado que emplean tanto el narrador como el protagonista.
Que está muy bien, vaya.
10- La viuda, de Fiona Barton.
Empecé a leerlo y pensé "vaya, siempre me pasa lo mismo: al principio no me gusta, luego me engancha y al final me encanta". Pero no. Al principio me costó un poco, y tanto la viuda como la periodista me desagradaron, especialmente la viuda. Sí es cierto que luego me enganchó, y me gustó el inspector, pero el final no me gustó nada, me dejó frío del todo. Y ya está, no puedo decir mucho más.
9- Donde los escorpiones, de Lorenzo Silva.
No sé cuántas novelas hay de Bevilacqua. Yo sólo he leído esta y El alquimista impaciente. La segunda, si no recuerdo mal, me gustó. Esta me ha encantado. La trama en sí misma no es nada del otro mundo; es probablemente la descripción del universo cerrado de la base militar lo mejor del libro. También, he de confesar, me gusta el lenguaje rebuscado que emplean tanto el narrador como el protagonista.
Que está muy bien, vaya.
10- La viuda, de Fiona Barton.
Empecé a leerlo y pensé "vaya, siempre me pasa lo mismo: al principio no me gusta, luego me engancha y al final me encanta". Pero no. Al principio me costó un poco, y tanto la viuda como la periodista me desagradaron, especialmente la viuda. Sí es cierto que luego me enganchó, y me gustó el inspector, pero el final no me gustó nada, me dejó frío del todo. Y ya está, no puedo decir mucho más.
Ni fu ni fa.
11- Perdida, de Gillian Flynn
Pues, como siempre, al principio no me gustó. Lo cierto es que tardé bastante en cogerle el punto. Los protagonistas me cayeron bastante mal, la historia en sí misma tampoco me hacía mucha gracia y había algo en la forma en que está escrito que me tiraba para atrás. De hecho, me costó más de lo habitual engancharme... pero cuando me enganché, fue a tope. No empaticé en ningún momento con los protagonistas, menudo par de cretinos, pero la trama, el ahora qué va a pasar, me agarró con fuerza. Una lástima, eso sí, el final es muy decepcionante.
11- Perdida, de Gillian Flynn
Pues, como siempre, al principio no me gustó. Lo cierto es que tardé bastante en cogerle el punto. Los protagonistas me cayeron bastante mal, la historia en sí misma tampoco me hacía mucha gracia y había algo en la forma en que está escrito que me tiraba para atrás. De hecho, me costó más de lo habitual engancharme... pero cuando me enganché, fue a tope. No empaticé en ningún momento con los protagonistas, menudo par de cretinos, pero la trama, el ahora qué va a pasar, me agarró con fuerza. Una lástima, eso sí, el final es muy decepcionante.
El horror. Es la tercera parte de la trilogía de Escipión, y es, con diferencia, la más larga y más peor. Un sufrimiento. Por si esto fuera poco, tarda infinito en acabar. Escipión se muere, y la novela no. Todavía hay que atar cabos y cerrar tramas que, en realidad, (a mí) no (me) interesan ni un poquito. Es que no puedo decir nada bueno de este ladrillo.
No lo toquéis ni con un palo.
13- La sonrisa de Madrid (El olivar de Atocha I), de Salvador Maldonado.
Limpiando el trastero de casa de mis padres, en una caja con otro montón de libros, apareció este. M. Teresa. Reyes 1989, pone, en la primera página, la letra de mi madre. Recuerdo que ella me contó, al leerlo, que le gustaba porque la autora era amiga suya, y cosas que aparecen en la novela se las había contado en su momento. Así que cómo no iba a leerlo.
En cuanto al libro en sí mismo, pues está bien. No es que me haya enganchado a tope, pero se lee fácil, es muchísimo más entretenido que La traición de Roma, lo cual se agradece, pero tampoco vuelve loco. Destacan, a mi juicio, los diálogos, ágiles y carcas (la acción transcurre en el cambio de siglo, del XIX al XX). Algo había en ellos que me llevaba a Fortunata y Jacinta.
De momento, interesante. Habrá que leer los dos siguientes.
14- Manual para señoras de la limpieza, de Lucia Berlin.
Pues bueno. Este libro tiene un problema: es una colección de cuentos. Y no me gustan los libros de cuentos. Así que empezamos mal. Por lo visto son en buena parte autobiográficos, y Lucia tuvo una vida ajetreada, de aquí para allá en el continente americano, parando de vez en cuando a bajarse una botella de Jim Beam. Así que los cuentos se desarrollan en Chile, México o Estados Unidos, y el alcohol está siempre presente ahí.
14- Manual para señoras de la limpieza, de Lucia Berlin.
Pues bueno. Este libro tiene un problema: es una colección de cuentos. Y no me gustan los libros de cuentos. Así que empezamos mal. Por lo visto son en buena parte autobiográficos, y Lucia tuvo una vida ajetreada, de aquí para allá en el continente americano, parando de vez en cuando a bajarse una botella de Jim Beam. Así que los cuentos se desarrollan en Chile, México o Estados Unidos, y el alcohol está siempre presente ahí.
Me lo podría haber ahorrado.
15- Todo esto te daré, de Dolores Redondo.
Estupendo, la verdad. Después de tres libros que, en el mejor de los casos, ni fu ni fa, es maravilloso que uno te atrape. Tiene un pequeño inconveniente, para mi gusto, que ya tenían los de la trilogía de Baztán, aunque me da la impresión de que en este se da mucho menos: las largas parrafadas describiendo los sentimientos de los personajes, que a veces a mí se me hacen incomprensibles. Debo ser un poco insensible, qué le voy a hacer. Aparte de eso, y de que quizá hay demasiados muertos, me ha gustado mucho.
15- Todo esto te daré, de Dolores Redondo.
Estupendo, la verdad. Después de tres libros que, en el mejor de los casos, ni fu ni fa, es maravilloso que uno te atrape. Tiene un pequeño inconveniente, para mi gusto, que ya tenían los de la trilogía de Baztán, aunque me da la impresión de que en este se da mucho menos: las largas parrafadas describiendo los sentimientos de los personajes, que a veces a mí se me hacen incomprensibles. Debo ser un poco insensible, qué le voy a hacer. Aparte de eso, y de que quizá hay demasiados muertos, me ha gustado mucho.
Muy recomendable.
16- El fabricante de lluvia, de William Camus.
Llevaba todo el curso buscando este libro para dárselo a leer a mi hijo mayor. Al final lo encontré y me lo leí yo, claro. Tenía un estupendo recuerdo de él. Me gustó muchísimo, hace treinta años. Es el primero de una serie de cuatro o cinco, pero está muy por encima de los demás. Releído con más de cuarenta años no es tan impactante, claro, pero tampoco está mal.
16- El fabricante de lluvia, de William Camus.
Llevaba todo el curso buscando este libro para dárselo a leer a mi hijo mayor. Al final lo encontré y me lo leí yo, claro. Tenía un estupendo recuerdo de él. Me gustó muchísimo, hace treinta años. Es el primero de una serie de cuatro o cinco, pero está muy por encima de los demás. Releído con más de cuarenta años no es tan impactante, claro, pero tampoco está mal.
Leedlo, cuanto antes mejor. Y que lo lean vuestros hijos.
17- La brigada de Anne Capestan, de Sophie Henaff.
Pues bien. Una novela negra, o más bien gris oscuro, con sus toques de humor francés (que se caracteriza por no hacer mucha gracia), pero entretenida y que se lee rápido y bien. No puedo decir mucho más de ella, la verdad. Parece ser que se publicará una segunda parte y sí, me gustaría leerla.
18- Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James.
Bueno, pues me da un poquito de vergüenza, pero sí, me he leído esto. Y, la verdad, como pornografía está más o menos bien, pero nada más. Tiene algunos párrafos rarunos y expresiones extrañas, que no sé si es que están mal escritos o mal traducidos, y la trama es de telefilme para la siesta del fin de semana. Es un poco como ver tetas y culos en Antena 3 un sábado a las cinco de la tarde.
Nos queda "uau", "nena", "exquisito", y "poner los ojos en blanco".
19- La estrella del diablo, de Jo Nesbo.
Después de las sombras, y de dos libros que he intentado leer pero he abandonado, me ha parecido una maravilla. Es el quinto volumen de las aventuras de Harry Hole, serie de la que me he saltado los volúmenes uno y dos, pero no es necesario haberlos leído. Novela negra, con su misterio misterioso y su malo malísimo. Lo único que no me gusta es esa parte en la que el malo explica lo que ha hecho y por qué; está bien traído, pero es un recurso agotado, creo yo.
17- La brigada de Anne Capestan, de Sophie Henaff.
Pues bien. Una novela negra, o más bien gris oscuro, con sus toques de humor francés (que se caracteriza por no hacer mucha gracia), pero entretenida y que se lee rápido y bien. No puedo decir mucho más de ella, la verdad. Parece ser que se publicará una segunda parte y sí, me gustaría leerla.
18- Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James.
Bueno, pues me da un poquito de vergüenza, pero sí, me he leído esto. Y, la verdad, como pornografía está más o menos bien, pero nada más. Tiene algunos párrafos rarunos y expresiones extrañas, que no sé si es que están mal escritos o mal traducidos, y la trama es de telefilme para la siesta del fin de semana. Es un poco como ver tetas y culos en Antena 3 un sábado a las cinco de la tarde.
Nos queda "uau", "nena", "exquisito", y "poner los ojos en blanco".
19- La estrella del diablo, de Jo Nesbo.
Después de las sombras, y de dos libros que he intentado leer pero he abandonado, me ha parecido una maravilla. Es el quinto volumen de las aventuras de Harry Hole, serie de la que me he saltado los volúmenes uno y dos, pero no es necesario haberlos leído. Novela negra, con su misterio misterioso y su malo malísimo. Lo único que no me gusta es esa parte en la que el malo explica lo que ha hecho y por qué; está bien traído, pero es un recurso agotado, creo yo.
Merece la pena.
Pues esto ha sido todo. No está mal, 19 libros, aunque hay dos que son novelitas infantiles que se leen en un ratito. A pesar de eso, creo que este año he leído bastante (para lo que suelo leer yo). El año que viene, más.
Pues esto ha sido todo. No está mal, 19 libros, aunque hay dos que son novelitas infantiles que se leen en un ratito. A pesar de eso, creo que este año he leído bastante (para lo que suelo leer yo). El año que viene, más.
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miércoles, 13 de septiembre de 2017
Renfe y la atención al viajero
Ayer, en el tren de vuelta a casa, tuvimos un percance. Al parecer afectó a toda Asturias, pero no lo sé porque no recibí mucha información al respecto. Aquí os copio la queja que he puesto en la web de Renfe, que obviamente no servirá para nada:
Buenos días.
Ayer, alrededor de las dos y media de la tarde, el tren en el que viajaba desde Oviedo a La Calzada se detuvo en mitad de un túnel. Tras varios minutos de espera, se informó a los pasajeros de que había una "avería en el sistema de señales". Unos minutos después, el tren empezó a moverse lentamente, hasta llegar a la estación de Villabona de Asturias y detenerse de nuevo (era el CIVIS, por lo que se supone que no debía detenerse hasta La Calzada).
Y allí nos quedamos parados varios minutos más. Alguna persona se acercó a hablar con el maquinista (o conductor, o piloto, o chófer, o como se llame), se abrieron las puertas, alguien salió del tren, se volvieron a cerrar. Esto ocurrió varias veces.
Al cabo de un buen rato el tren se puso en marcha de nuevo. Paró unas cuantas veces más, en ninguna estación; unos minutos de parada y vuelta a arrancar. Llegué a mi destino con algo más de una hora de retraso, creo recordar.
Entiendo que cuando surge una avería se soluciona lo antes posible. Y el motivo de mi queja no es el retraso: soy consciente de que estas cosas pueden ocurrir, y cuando ocurren se solucionan lo antes posible. Lo que motiva mi queja es que después del mensaje de la avería del sistema de señales los pasajeros no volvimos a recibir información. Sólo los que se acercaban al maquinista a preguntar se enteraban de algo. Y digo yo que tampoco costaba tanto coger el micrófono y responder a las preguntas de los viajeros de manera que nos enterásemos todos, que habría evitado tener que responder varias veces a lo mismo y habría tenido al pasaje informado de la situación.
Eso es todo. Gracias por su atención.
Ayer, alrededor de las dos y media de la tarde, el tren en el que viajaba desde Oviedo a La Calzada se detuvo en mitad de un túnel. Tras varios minutos de espera, se informó a los pasajeros de que había una "avería en el sistema de señales". Unos minutos después, el tren empezó a moverse lentamente, hasta llegar a la estación de Villabona de Asturias y detenerse de nuevo (era el CIVIS, por lo que se supone que no debía detenerse hasta La Calzada).
Y allí nos quedamos parados varios minutos más. Alguna persona se acercó a hablar con el maquinista (o conductor, o piloto, o chófer, o como se llame), se abrieron las puertas, alguien salió del tren, se volvieron a cerrar. Esto ocurrió varias veces.
Al cabo de un buen rato el tren se puso en marcha de nuevo. Paró unas cuantas veces más, en ninguna estación; unos minutos de parada y vuelta a arrancar. Llegué a mi destino con algo más de una hora de retraso, creo recordar.
Entiendo que cuando surge una avería se soluciona lo antes posible. Y el motivo de mi queja no es el retraso: soy consciente de que estas cosas pueden ocurrir, y cuando ocurren se solucionan lo antes posible. Lo que motiva mi queja es que después del mensaje de la avería del sistema de señales los pasajeros no volvimos a recibir información. Sólo los que se acercaban al maquinista a preguntar se enteraban de algo. Y digo yo que tampoco costaba tanto coger el micrófono y responder a las preguntas de los viajeros de manera que nos enterásemos todos, que habría evitado tener que responder varias veces a lo mismo y habría tenido al pasaje informado de la situación.
Eso es todo. Gracias por su atención.
Por esto y por alguna otra cosa que me han contado, creo que algunos maquinistas de Renfe deberían recibir urgentemente algún curso de formación sobre el trato al público. En este caso no es que se dirigiese a nadie de malas formas, ni mucho menos. Es que, simplemente, no se dirigió a nadie, cuando le habría llevado dos minutos tenernos a los pasajeros informados.
Actualización a 2/10/17:
Dieciséis días después de exponer mi queja recibo esta respuesta:
Estimado Sr. A:
Damos
respuesta a la queja que remitió a nuestra página web el día 13 en la
que detallaba cómo vivió el viaje entre Oviedo y La Calzada.
Le
agradecemos muy sinceramente los datos que nos proporciona. Hemos
recibido numerosas quejas por lo ocurrido la tarde anterior. Pasados
unos días se elaboró
un resumen para conocimiento de los responsables de esta Gerencia, pero
su queja se transmitió literalmente porque estamos seguros de que
refleja a la perfección cómo se desarrollaron los hechos y cómo se
debería haber procedido en lo referente a la información.
En
cuanto a la incidencia en sí, a las 14:30 se produjo una avería en el
sistema de señales de toda Asturias,
lo que significa que entre esa hora y las 17:00 quedaron en rojo todas
las señales y hubo que aplicar medidas excepcionales de seguridad para
que algunos trenes pudieran avanzar. Así y todo en algunos tramos no
hubo más remedio que suspender la circulación
de trenes hasta que se presentó personal de las brigadas de socorro en
algunas estaciones situadas estratégicamente, lo que permitió reanudar
la circulación aunque con restricciones.
Fue
la incidencia más importante de los últimos años y no fue posible
acudir a medios de transporte alternativos
por carretera porque dado el volumen de viajeros afectados, no habría
autocares/conductores suficientes para afrontar esa contingencia.
En lo referente a la información le sugerimos que descargue esta aplicación de ADIF, que facilita información
en tiempo real http://www.adif.es/es_ES/adif_movil.shtml
Sentimos lo ocurrido y le pedimos disculpas.
Atentamente,
He contestado un poco borde. Pensaba escribir una entrada nueva al respecto, pero en realidad tampoco me apetece ponerme a discutir con la Renfe ahora mismo. Ya llevo dos días discutiendo con amigos, conocidos y compañeros de trabajo a cuenta de lo que está pasando en Cataluña y tengo el cupo cubierto. Así que doy por zanjado este asunto.
jueves, 27 de julio de 2017
Viajar en tren
Coincidíamos todos los días, o casi, en el tren. En el de las 7:21 o en el de las 7:33, al menos tres veces por semana íbamos juntos. Como los dos llevábamos bicicleta coincidíamos en la misma puerta del mismo vagón. Al segundo o tercer día empezamos a saludarnos: "hola", "hola". Todos los días. Supongo que los dos teníamos ganas de entablar conversación con el otro; al menos, yo sí quería hablar con él, pero nunca he sido capaz de iniciar una conversación con un desconocido. En el tren de vuelta nunca, o casi nunca, coincidíamos. Solo algunas veces, cuando yo iba tarde y cogía el tren de las 14:46.
Un día, sin embargo, se subió en el tren de las 14:26, y encima no lo hizo en nuestra parada, sino en la siguiente. Eso dio pie a un "¿qué haces tú aquí?", o algo así le dije. Y hasta ahora.
****
- Los que están fumando en el andén y suben al tren soplando una enooooorme bocanada de humo.
- Los que no se apartan para dejar salir antes de entrar.
- Los que entran y se quedan parados en el medio, estorbando a más no poder.
- Los que ocupan los lugares o asientos reservados para sillas de ruedas, minusválidos, carritos de bebé, bicicletas.
- Los que hablan a gritos por el móvil.
- Los que entran a toda prisa en el tren, y lo recorren buscando un asiento libre, y cuando lo encuentran se lanzan a él como cuervos a los ojos de una cabra muerta.
- Los que tienen que salir del tren por la puerta más cercana a la salida de la estación, como si les fuera a estallar la cabeza por recorrer esos cinco metros de diferencia por el andén y no por el interior del vagón.
****
Se han encontrado esta mañana en el vagón. Uno venía desde Gijón, el otro se ha subido en Serín. Se saludan, y comentan algún tipo de evento musical al que uno acudió y el otro no. Le muestra un par de grabaciones en el móvil, al amigo y de paso a todos los demás viajeros. Comentan cosas sobre sus trabajos, sus horarios. Y de pronto mencionan el suceso que ha conmocionado a Gijón este verano, y resulta que conocen a uno de los autores. No presto mucha atención a lo que dicen. Me parece que, de alguna manera, intentan disculparlo: la mitad de lo que dice la prensa es mentira, y además el chaval lo ha pasado muy mal en la vida.
Al llegar a Lugo de Llanera, el tren siempre se detiene para dejar pasar al Alvia. Cuatro o cinco minutos, nada más. Ellos aprovechan para abrir la puerta del vagón y compartir un cigarrillo. Uno, el más bajo, más fornido, rapado, con camiseta y pantalón de chándal, no sale del vagón, pero saca el brazo como intentando alejar el cigarrillo de la puerta. El otro, más alto y delgado, con camisa y una cadena sujetando su cartera, sale del vagón y se aleja uno o dos metros. Acaban el cigarro y vuelven a sentarse.
¿Qué tendrán, 20, 25 años?
jueves, 20 de julio de 2017
Pepe
Tengo un amigo.
Bueno, en realidad tengo más, pero quiero hablar de uno concreto. Como no le he pedido permiso, para conservar su anonimato voy a cambiar su nombre. Los que le conocéis en seguida sabréis de quién hablo cuando digo Pepe, y los que no le conocéis tampoco os perdéis nada.
Es complicado porque no sé muy bien por dónde empezar. Quizá sea mejor no dejar para el final lo más escandaloso: Pepe es putero. Le gusta el sexo de pago. Argumenta que, en definitiva, cuando el sexo no es contratado tampoco es gratis, así que prefiere que todo esté claro desde el principio y contratar a una profesional. Esto, claro, abre un gran abanico de conversaciones, cuando se declara sin rubor cliente de estos servicios.
Pepe fue guardia civil, ahora está jubilado. Lo que más le dolió de su jubilación prematura es que tuvo que deshacerse de su colección de armas antiguas. Tampoco es que tuviera un arsenal: tenía dos o tres pistolas, o revólveres, o algo de eso. Pero le gustaban y tuvo que venderlas. El tema de la guardia civil también da para unas cuantas anécdotas cuando te tomas un par de cañas con Pepe.
Con motivo de su trabajo Pepe ha cambiado mucho de domicilio: ha vivido en Cataluña, Valencia, País Vasco, Asturias, Madrid. Y probablemente en algún sitio más.
Pepe es liberal. Ha estudiado economía y filosofía y sociología. Y políticamente es afín al Partido Popular, aunque estuvo afiliado a UPyD en la misma época que yo.
Pepe es católico. Y es católico porque quiere, porque así lo ha decidido. Los sábados por la tarde y los domingos va a misa, es amigo del cura, y lee o hace lo que haya que hacer en la ceremonia.
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Hablando de estas cosas, una vez me preguntó, al declararme yo ateo, que qué me impedía ensartar a mi hijo con un palo, asarlo y comérmelo, si no tenía miedo a un castigo superior. Me sentó un poco mal que me expresara esa idea en aquellos términos, la verdad. Pero me da más miedo la idea que subyace: si un día Pepe tiene una crisis de fe, o decide dejar de ser católico, ¿qué le impedirá a él ensartarme en un palo, asarme y comerme? Al fin y al cabo, tengo mucho más que comer que mis hijos.
miércoles, 14 de junio de 2017
Normas
Probablemente habréis oído alguna vez, igual que yo, que España es un país demasiado regulado. Que hay demasiadas normas para todo, de modo que es imposible abrir un negocio totalmente legal: exceso de normas, de todo tipo de áreas, municipales, autonómicas, nacionales, a veces desconocidas, a veces contradictorias. No sé si esto es verdad, pero desde luego lo he oído y lo he leído en varias ocasiones.
* * * *
Ayer leí en twitter la queja de una chica, a la que habían puesto un parte en su instituto por llevar ropa inadecuada. Lo leí un poco por encima y no me quedé con el nombre de la chica en cuestión, no puedo revisarlo ahora con más calma. Colgó una foto de la ropa que llevaba: una camiseta y unos pantalones cortos.
Eché un ojo a su twitter y ví que anteriormente había publicado una imagen de las normas del centro que afectan a la vestimenta. Estas normas hablaban de la ropa, en general. Creo recordar que sancionaba como falta leve la inadecuada. Ponía como ejemplo de inadecuada a las camisetas de tirantes. Vaya, me gustaría poder enlazar la foto de la chica: la camiseta que llevaba no era exactamente de tirantes, creo yo. No soy experto en moda, pero yo calificaría esa prenda como camiseta sin mangas. Entiendo que los tirantes son algo más estrecho que aquello. Luego está el pantalón, un pantalón corto que alguien en el centro vio como inadecuado. Un pantaloncito blanco que llegaba hasta medio muslo, más o menos.
* * * *
Hace unos años una persona que conozco estudió un curso en Estados Unidos, alojada con una familia local. Nada más llegar, en agosto, esta familia la llevó de compras: la ropa que traía no era adecuada para el instituto. Entre otras cosas, la longitud de las prendas inferiores, fueran falda o pantalón, estaba perfectamente limitada: lo más corto no podía quedar a menos de un billete de dólar de la rodilla. Parece complicado de escribir, pero es muy práctico: te pruebas algo, sacas el billete, y ya sabes si puedes o no puedes llevarlo en el instituto.
* * * *
Lo que quiero decir con todo esto es que el problema quizá no sea (solo) el exceso de normas. El verdadero problema es que las normas, las leyes, no son concretas, y quedan en gran medida a criterio del juzgador. Y aunque con este término se suele designar a los jueces y magistrados, en primer término quien juzga es el agente de movilidad, el profesor de instituto, el policía, el guardia civil. Son ellos los que deben determinar en primera instancia si tu ropa, tu respuesta, tu actitud, son adecuadas o inadecuadas.
Y sin billete de un dólar.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Han pasado quince años
Yo en aquella época trabajaba en la calle Fernández de los Ríos. A veces, mi novia venía y comíamos un menú del día por la zona. No siempre, pero casi, íbamos al mismo sitio. Puedo recordar perfectamente la esquina en que estábamos comiendo aquel día.
Mi madre llevaba casi una semana hospitalizada. Era viernes, y el lunes había sufrido un infarto. Después del susto inicial, todo iba bien; aquel día le iban a hacer un cateterismo. En aquella comida yo le decía a mi novia que, cuando mi madre saliera del hospital, tendría que venir a comer a casa un día para presentarla.Ya llevábamos saliendo más de un año.
Estábamos con los postres cuando llamó mi hermano Ricardo:
- Me han llamado del hospital. Mamá está mala. Ve corriendo.
Dejé allí a mi novia y fui corriendo al metro. Tiempo después (no recuerdo si días, semanas o meses) me confesó que ella supo lo que había pasado en cuanto oyó la llamada. Yo no.
***
¿Habéis ido en metro al Hospital Universitario La Paz? Una salida del metro Begoña da al hospital, pero en realidad esa estación de metro está al otro lado de ese tramo de autopista que es, a la vez, el inicio de la carretera de Colmenar y la M-30. Cinco carriles por sentido, si no recuerdo mal. Y todo eso lo tienes que cruzar bajo tierra, por los túneles del metro. Da tiempo a pensar mucho mientras cruzas esos túneles...
Fue al salir del vagón cuando lo pensé por primera vez. ¿Y si se ha muerto? Y durante todo el tiempo que tardé en salir de los túneles tuve un diálogo interior circular: "no, es imposible, es muy joven", "sí, pero, ¿y si se ha muerto?"
***
No sé muy bien cómo llegué, pero sí recuerdo cómo era aquel pasillo: oscuro, no muy ancho, para ser un hospital, vacío, salvo dos personas a medio camino... y se oía perfectamente a una mujer que lloraba a voces. Y pensé, pobre mujer, lo que le haya pasado no se lo deseo a nadie. Me acerqué a preguntar a esas dos personas que había en medio del pasillo. Una de ellas se marchó discretamente. La otra resultó ser el médico que le había practicado el cateterismo a mi madre.
El médico ( algo más bajo que yo, pelo castaño claro, con gafas redondas) empezó a hablar, y no recuerdo ni una palabra de lo que dijo. No me enteré. Me estaba explicando cómo había muerto mi madre. Yo de eso me enteré después, cuando uno de mis hermanos se lo explicaba a otra persona, porque en cuanto el médico empezó a hablar, me di cuenta de lo que me estaba explicando y me dediqué a intentar contener las lágrimas y asimilar lo que me estaba diciendo. Cuando acabó de hablar, le pregunté si había alguna posibilidad de que nos hubiéramos confundido y me estuviera hablando de otra persona. No sé, a veces se oyen historias de médicos que se equivocan y cortan la pierna buena, y cosas así. Quizá se había muerto la madre de otro... pero no. Me preguntó el nombre de mi madre, se lo dije, y negó con la cabeza. Entonces ya no pude contener las lágrimas, y llorando le pregunté dónde estaba mi familia. Abrió una puerta, y allí estaban mi padre, mis hermanos y mi hermana mayor, que resultó ser la mujer que lloraba a voces.
***
Ya han pasado quince años.
lunes, 16 de enero de 2017
Gusanito
Supongo que a estas alturas todos sabemos ya qué es el anisakis. Y también habremos visto todos el video del plato de pescado con un gusanito agitándose, grabado al parecer en una cena de nochevieja en una sidrería de Oviedo. Aquí tenéis la noticia, y aquí tenéis lo que dice la sidrería al respecto.
Y, bueno, puede ser que la actitud de la mujer no sea la más adecuada: sufrir un percance e intentar utilizarlo para sacar tajada. Pero peor me parece la actitud de la sidrería. Dicen que tuvieron muchísimo trabajo, sirvieron cuatrocientas y pico cenas aquella noche, el pescado fue un cambio de última hora que no aparecía en el menú previamente pactado... Excusas bastante burdas.
Y la asociación de hosteleros organizando una comida en esa sidrería, para mostrar su apoyo. Un montón de propietarios de restaurantes de los alrededores se reunen a comer allí para mostrar su apoyo a ese pobre hostelero, víctima de una campaña mediática de descrédito. Al revés, justo al revés, de lo que deberían haber hecho: reconvenir públicamente a un establecimiento que daña la imagen del sector, al descuidar normas básicas sanitarias, como son congelar el pescado antes de cocinarlo, o asegurarse de que éste alcanza cierta temperatura durante cierto tiempo al prepararlo.
Que estás jugando con la salud de la gente, coño. Que está en tu mano decir "no puedo atender tantas cenas, voy a servir diez o veinte menos", por ejemplo. Que no me parece que se pueda disculpar un error como ese. Que la mujer tendría que haber llamado a la policía municipal.
Y, bueno, puede ser que la actitud de la mujer no sea la más adecuada: sufrir un percance e intentar utilizarlo para sacar tajada. Pero peor me parece la actitud de la sidrería. Dicen que tuvieron muchísimo trabajo, sirvieron cuatrocientas y pico cenas aquella noche, el pescado fue un cambio de última hora que no aparecía en el menú previamente pactado... Excusas bastante burdas.
Y la asociación de hosteleros organizando una comida en esa sidrería, para mostrar su apoyo. Un montón de propietarios de restaurantes de los alrededores se reunen a comer allí para mostrar su apoyo a ese pobre hostelero, víctima de una campaña mediática de descrédito. Al revés, justo al revés, de lo que deberían haber hecho: reconvenir públicamente a un establecimiento que daña la imagen del sector, al descuidar normas básicas sanitarias, como son congelar el pescado antes de cocinarlo, o asegurarse de que éste alcanza cierta temperatura durante cierto tiempo al prepararlo.
Que estás jugando con la salud de la gente, coño. Que está en tu mano decir "no puedo atender tantas cenas, voy a servir diez o veinte menos", por ejemplo. Que no me parece que se pueda disculpar un error como ese. Que la mujer tendría que haber llamado a la policía municipal.
viernes, 4 de noviembre de 2016
La mujer desagradable
Lo primero que me llamó la atención de ella fue el chicle. Masticaba el chicle con la boca abierta, y en el largo pasillo de hormigón resonaba el eco de sus mandíbulas estrujando el chicle cada ver que mordía.
Luego su voz, ligeramente ronca, quizá gastada por hablar siempre a gritos. Reclamaba la atención de su acompañante, mirando a un niño, probablemente su nieto, aprendiendo a nadar en la piscina.
Ahí ya pensé que esa mujer era muy desagradable.
Otro día entramos detrás de ella en la piscina. Nos asignaron una taquilla debajo de la suya. Y ahí, la señora, guardando sus pertenencias en la taquilla, mientras el pequeño y yo esperábamos a que se quitara de en medio para acceder a la nuestra, se lo tomaba con calma.
Ahí yo ya le había cogido tirria.
Y entonces cierra su taquilla, y se pone a hablar a voces con otra mujer, sin moverse. Y el niño y yo detrás, a un lado, esperando que se aparte.
Entonces ya echaba de menos el bate de béisbol.
Luego su voz, ligeramente ronca, quizá gastada por hablar siempre a gritos. Reclamaba la atención de su acompañante, mirando a un niño, probablemente su nieto, aprendiendo a nadar en la piscina.
Ahí ya pensé que esa mujer era muy desagradable.
Otro día entramos detrás de ella en la piscina. Nos asignaron una taquilla debajo de la suya. Y ahí, la señora, guardando sus pertenencias en la taquilla, mientras el pequeño y yo esperábamos a que se quitara de en medio para acceder a la nuestra, se lo tomaba con calma.
Ahí yo ya le había cogido tirria.
Y entonces cierra su taquilla, y se pone a hablar a voces con otra mujer, sin moverse. Y el niño y yo detrás, a un lado, esperando que se aparte.
Entonces ya echaba de menos el bate de béisbol.
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viernes, 1 de julio de 2016
Lágrimas
Pregunta dónde es el juicio. Mi compañero mira la citación y le dice:
este juicio se ha suspendido, no hemos podido citar al denunciado.
Intentamos avisarla ayer, para evitarle el viaje, pero no tenemos su
teléfono.
Y entonces empieza a llorar.
Le decimos que espere, que vamos a citarla para otro día. Y mientras espera, llora, y mientras llora, nos cuenta las perrerías que le hace su vecino: le tiene la puerta llena de aceite y de escupitajos, la escalera llena de colillas. Dejó un hueso de no se sabe qué en la maceta, y aquello estuvo lleno de moscas un montón de tiempo.
El denunciado suele estar en casa, pero cuando vamos del juzgado o de la policía a citarle no abre la puerta. Si no le citamos, no puede haber juicio.
Al final nos cuenta que suele pedir en un supermercado. Sabiendo esto, quizá la policía pueda dar con él y citarlo. Le caerá una multa, que no pagará. Entonces se sustituirá por una pena de privación de libertad: localización permanente. Lo que antes era arresto domiciliario. Pasará un tiempo sin salir de casa, o no, y luego todo seguirá igual.
***
Llega, con los ojos llorosos, cuarenta minutos antes del juicio. Pide un abogado de oficio y protección: es el denunciante, y dice que recibió una paliza que casi lo dejan ciego.
Cuando le digo que es demasiado tarde para pedir nada se le escapa una lágrima. Se va, diciendo que no va a testificar. Que tiene miedo.
Un rato después aparece de nuevo. Pregunta dónde es la sala de vistas.
¿Asistirá al juicio? ¿O es que quiere alejarse de la sala de vistas para no encontrarse con su agresor?
Y entonces empieza a llorar.
Le decimos que espere, que vamos a citarla para otro día. Y mientras espera, llora, y mientras llora, nos cuenta las perrerías que le hace su vecino: le tiene la puerta llena de aceite y de escupitajos, la escalera llena de colillas. Dejó un hueso de no se sabe qué en la maceta, y aquello estuvo lleno de moscas un montón de tiempo.
El denunciado suele estar en casa, pero cuando vamos del juzgado o de la policía a citarle no abre la puerta. Si no le citamos, no puede haber juicio.
Al final nos cuenta que suele pedir en un supermercado. Sabiendo esto, quizá la policía pueda dar con él y citarlo. Le caerá una multa, que no pagará. Entonces se sustituirá por una pena de privación de libertad: localización permanente. Lo que antes era arresto domiciliario. Pasará un tiempo sin salir de casa, o no, y luego todo seguirá igual.
***
Llega, con los ojos llorosos, cuarenta minutos antes del juicio. Pide un abogado de oficio y protección: es el denunciante, y dice que recibió una paliza que casi lo dejan ciego.
Cuando le digo que es demasiado tarde para pedir nada se le escapa una lágrima. Se va, diciendo que no va a testificar. Que tiene miedo.
Un rato después aparece de nuevo. Pregunta dónde es la sala de vistas.
¿Asistirá al juicio? ¿O es que quiere alejarse de la sala de vistas para no encontrarse con su agresor?
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domingo, 1 de febrero de 2015
Lo que he visto en 2014
Al igual que el año anterior, durante 2014 he ido apuntando en una lista de filmaffinity las películas que veía. Aquí tenéis las diez que más me han gustado.
No voy mucho al cine, así que no suelo consumir cine del año, como podréis comprobar.
Aquí la lista. Al lado del nombre, el año de la peli y los puntos que le di:
1- Fargo (1996) - 9
2- Sin perdón (1992) - 9
3- Gran Torino (2008) - 8
4- Único testigo (1985) - 8
5- Matar a un ruiseñor (1962) - 8
6- Adiós, pequeña, adiós (2007) - 8
7- Searching for Sugar Man (2012) - 8
8- La princesa prometida (1987) - 7
9- Iron Man (2008) - 7
10- Atrapado en el tiempo (1993) - 7
No tengo ni idea de cómo ordena la web de filmaffinity las películas que tienen la misma puntuación. Yo las pongo tal como me salen ahí. Detras de Atrapado en el tiempo hay otras cinco películas con la misma puntuación, pero como solo quiero poner las diez primeras pues ahí se quedan, en el anonimato.
lunes, 5 de enero de 2015
Lo que he leído en 2014
En vista del éxito del año pasado, repito:
1- Bajo el hielo, de Bernard Minier.
Una recomendación de mi dealer habitual. Y me ha gustado mucho. Es una novela negra francesa, muy francesa: no sé muy bien qué tiene, pero en momentos me recordaba al Maigret de Simenon. Muy bien construida, según avanza la historia va enganchando, y el último tercio prácticamente no puedes parar de leer.
Muy recomendable.
2- Canadá, deRichard Ford.
Alguien me enseñó el libro diciéndome: "tiene la mejor frase inicial de una novela que he leído en mi vida". En esa frase inicial dice algo así como "primero contaré lo del atraco, y luego todo lo demás". Mentira podrida: tarda más de cien páginas en contar el atraco de las narices, una cuarta parte del libro. Y cuenta las cosas como si no estuviera contando nada, como si fuera una permanente descripción de cómo eran las cosas en aquel tiempo. Es cierto que en algunos momentos se pone interesante y pasan cosas, pero la mayor parte de la novela es un ladrillo repleto de sentimientos y sensaciones que tiene un chaval de quince años que aburre a las ovejas. O al menos a mí. A punto estuve de dejarlo en la página 50. Y en la 90. y en la 180. y en la 215. Y luego ya seguí porque ya que me había leído más de la mitad...
No debería haberlo leído.
3- La princesa prometida, de William Goldman.
Otro libro que he leído en voz alta. Gran error. Es un cuento de aventuras, sí, pero tiene una primera parte en la que el autor habla de sí mismo y sus circunstancias, y hace comentarios acerca de su mujer y la relación que mantiene con ella, y sobre una chica que nada en la piscina, que no me sentí cómodo leyendo en voz alta a un niño de siete años. Pasada esta primera parte, entramos en el cuento de aventuras propiamente dicho, que es terriblemente machista: el único personaje principal femenino tiene la única virtud de ser la mujer más guapa del mundo (literalmente). Aparte de eso es un poco inaguantable. Por otro lado, la narración del cuento está interrumpida a ratos por vivencias del autor que, como la primera parte, no son exactamente cuentos infantiles. Ojo, que el libro está muy bien, pero para lectores mayores de catorce o quince años.
Además, la versión que me descargué (y esto es lo malo de no comprar las cosas) venía con una especie de segunda parte que ni es para niños ni tiene mucho sentido ni añade nada que mejore la novela original. Creo, porque igual resulta que la novela original es así desde el principio y yo no recordaba para nada esa última parte de cuando lo leí hace veinte años.
Leedlo si sois adultos.
Un minucioso repaso a la historia de Marvel. Me ha gustado, es ameno y se lee en seguida, pero supongo que si no eres un poco marvelmaníaco no tiene mucho interés. Tampoco puedo decir mucho más.
4- Marvel Comics (la historia jamás contada), de Sean Howe.
Un minucioso repaso a la historia de Marvel. Me ha gustado, es ameno y se lee en seguida, pero supongo que si no eres un poco marvelmaníaco no tiene mucho interés. Tampoco puedo decir mucho más.
Para frikis y fanboys.
Una novela negra que me ha gustado mucho. Casi muchísimo. Me ha sobrado [ESPOILER] un poco el elemento fantástico, entre otras cosas porque creo que aparece tarde. Si es una novela fantástica, vale, pero la primera mitad es absolutamente pegada a la realidad, y de repente lo mitológico no es mitológico... No sé, no me gusta. [/ESPOILER] Por lo demás, muy bien.
5- El guardián invisible, de Dolores Redondo.
Una novela negra que me ha gustado mucho. Casi muchísimo. Me ha sobrado [ESPOILER] un poco el elemento fantástico, entre otras cosas porque creo que aparece tarde. Si es una novela fantástica, vale, pero la primera mitad es absolutamente pegada a la realidad, y de repente lo mitológico no es mitológico... No sé, no me gusta. [/ESPOILER] Por lo demás, muy bien.
Estoy deseando empezar la segunda.
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Otra novela negra. Lo peor de todo ha sido leerla justo después de la anterior, porque coinciden varias cosas: ambas protagonistas son mujeres, policías, y arrastran historias familiares. Así que ha habido momentos en que me despistaba en la lectura y mezclaba cosas con el guardián invisible. Y no sé si ha sido por esto, o por conocer a la autora personalmente, o porque el libro es así, pero me ha dado la impresión de que hay unos cuantos momentos en que la narración es un poco confusa.
.
6- Y por fin, el silencio, de Alicia G. García.
Otra novela negra. Lo peor de todo ha sido leerla justo después de la anterior, porque coinciden varias cosas: ambas protagonistas son mujeres, policías, y arrastran historias familiares. Así que ha habido momentos en que me despistaba en la lectura y mezclaba cosas con el guardián invisible. Y no sé si ha sido por esto, o por conocer a la autora personalmente, o porque el libro es así, pero me ha dado la impresión de que hay unos cuantos momentos en que la narración es un poco confusa.
Entretenido, nada más.
Bueno, pues la novela que dio pie a la famosa película. Con esos antecedentes la verdad es que no me esperaba nada del otro mundo, y sin embargo me ha gustado bastante. Tiene un par de cosas que chirrían un poco, como esos pájaros espía en un mundo donde la tecnología hace aparecer y desaparecer aerodeslizadores en el cielo, pero por lo demás está bien.
Pues otra novela negra, se ve que me estoy aficionando al género. Esta vez es noruega, y además de su cadáver, sus policías y sus misterios, la historia tiene un poco de la Segunda Guerra Mundial y sus nazis, sus resistencias y sus traiciones.
7- Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins.
Bueno, pues la novela que dio pie a la famosa película. Con esos antecedentes la verdad es que no me esperaba nada del otro mundo, y sin embargo me ha gustado bastante. Tiene un par de cosas que chirrían un poco, como esos pájaros espía en un mundo donde la tecnología hace aparecer y desaparecer aerodeslizadores en el cielo, pero por lo demás está bien.
Tampoco es que me haya dejado loco de ganas de leer el siguiente.
8- Petirrojo, de Jo Nesbø.
Pues otra novela negra, se ve que me estoy aficionando al género. Esta vez es noruega, y además de su cadáver, sus policías y sus misterios, la historia tiene un poco de la Segunda Guerra Mundial y sus nazis, sus resistencias y sus traiciones.
O sea, que muy bien.
Segunda parte o continuación de Bajo el hielo, al principio se me ha hecho un poco difícil. Pensé que tanta novela negra se me estaría atragantando, pero luego no: entras en la historia y quieres más, y más, y seguir leyendo. A pesar de eso, esta segunda parte me ha gustado un poco menos que la anterior, y me habría gustado más protagonismo de Samira y Espérandieu, que aquí participan mucho menos que en la primera parte.
9- El Círculo, de Bernard Minier.
Segunda parte o continuación de Bajo el hielo, al principio se me ha hecho un poco difícil. Pensé que tanta novela negra se me estaría atragantando, pero luego no: entras en la historia y quieres más, y más, y seguir leyendo. A pesar de eso, esta segunda parte me ha gustado un poco menos que la anterior, y me habría gustado más protagonismo de Samira y Espérandieu, que aquí participan mucho menos que en la primera parte.
Casi tan recomendable como la primera parte.
Es el libro que ha escrito @molinos1282, la del blog Cosas que (me) pasan, y claro, es como el blog. Después de la decepción que me llevé el año pasado con el libro de Ana Milán me esperaba algo parecido, pero no: es bastante mejor. Lo que pasa es que el texto está sacado en su mayoría del blog, corregido y aumentado, y lo que ha quedado... pues es como leerse el blog. Que es un blog muy bueno, cierto, pero es que no es lo mismo un blog que un libro. Y aunque me lo he leído más o menos rápido y con gusto, no es como los libros buenos buenos, que son los que no quieres cerrar nunca y no ves la hora de abrirlos de nuevo. Con este no pasa.
10- (Cosas que le pasan a...) Una madre sin superpoderes, de Ana Ribera García-Rubio.
Es el libro que ha escrito @molinos1282, la del blog Cosas que (me) pasan, y claro, es como el blog. Después de la decepción que me llevé el año pasado con el libro de Ana Milán me esperaba algo parecido, pero no: es bastante mejor. Lo que pasa es que el texto está sacado en su mayoría del blog, corregido y aumentado, y lo que ha quedado... pues es como leerse el blog. Que es un blog muy bueno, cierto, pero es que no es lo mismo un blog que un libro. Y aunque me lo he leído más o menos rápido y con gusto, no es como los libros buenos buenos, que son los que no quieres cerrar nunca y no ves la hora de abrirlos de nuevo. Con este no pasa.
Está bien, pero mejor te lees el blog.
Probablemente sea el libro que menos me haya gustado este año. También es novela negra, y transcurre en Cuba alrededor de 1990. Y supongo que el ser una novela cubana es uno de los inconvenientes: yo iba leyendo tranquilamente en modo "normal", y de repente una expresión o algo me hacía cambiar a modo "cubano". Y leer impostando el acento es muy incómodo. Aparte de eso, la historia tampoco es que me atrapara demasiado.
11- Pasado perfecto, de Leonardo Padura.
Probablemente sea el libro que menos me haya gustado este año. También es novela negra, y transcurre en Cuba alrededor de 1990. Y supongo que el ser una novela cubana es uno de los inconvenientes: yo iba leyendo tranquilamente en modo "normal", y de repente una expresión o algo me hacía cambiar a modo "cubano". Y leer impostando el acento es muy incómodo. Aparte de eso, la historia tampoco es que me atrapara demasiado.
Prescindible.
No lo cuento del todo porque no me lo he acabado. No me gusta dejar libros a medias, pero menos me gustaba leer esto. Así que lo he dejado.
11 bis - El beso de la sirena negra, de Jesús Ferrero.
No lo cuento del todo porque no me lo he acabado. No me gusta dejar libros a medias, pero menos me gustaba leer esto. Así que lo he dejado.
Una puta mierda.
De este libro ya hablé aquí.
Me ha pasado una cosa muy rara con este libro. Por un lado, mientras lo leía estaba interesado en él. De hecho, es la primera vez que me dan ganas de subrayar un libro. Un par de veces, además. Pero en cuanto cerraba el libro, nada. No tenía ningún interés por seguir leyendo. Así que me ha costado un poco terminar con él. Por otro lado, el final no me ha gustado nada.
No es para mí.
Saqué este libro de la biblioteca (mi lector electrónico ha muerto) pensando que sería otra novela de (¿el inspector, comisario, detective?) Maigret. Me equivoqué. Nada que ver. Lo cierto es que la primera parte es interesantísima, pero poco a poco va decayendo y al final es... Pues no sé. Poco interesante.
12 - 20 polvos, de Rafael Fernández.
De este libro ya hablé aquí.
13 - Los desorientados, de Amin Maalouf.
Me ha pasado una cosa muy rara con este libro. Por un lado, mientras lo leía estaba interesado en él. De hecho, es la primera vez que me dan ganas de subrayar un libro. Un par de veces, además. Pero en cuanto cerraba el libro, nada. No tenía ningún interés por seguir leyendo. Así que me ha costado un poco terminar con él. Por otro lado, el final no me ha gustado nada.
No es para mí.
14 - El gato, de Georges Simenon.
Saqué este libro de la biblioteca (mi lector electrónico ha muerto) pensando que sería otra novela de (¿el inspector, comisario, detective?) Maigret. Me equivoqué. Nada que ver. Lo cierto es que la primera parte es interesantísima, pero poco a poco va decayendo y al final es... Pues no sé. Poco interesante.
Meh.
Y bueno... esto es un poco embarazoso. Resulta que recuerdo haber leído Némesis, de Jo Nesbø, pero no lo apunté en su momento... así que ahora no puedo decir nada al respecto. Pero en total han sido quince libros leídos este año, tres más que el anterior, si no recuerdo mal.
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martes, 14 de octubre de 2014
Vuelva usted mañana
El pasado día 10 de septiembre de 2014, miércoles, cesé como funcionario interino de la administración de justicia. O sea, me quedé en paro. Uno o dos días después acudí a lo que antes era el INEM, y ahora no sé cómo se llama. Allí me informaron que al haber cobrado las vacaciones, en vez de haberlas disfrutado, aún no podía solicitar la prestación. Así que debía esperar al día 21 de septiembre.
El día 22 de septiembre, lunes (o quizá fuera el martes 23, no recuerdo bien) acudí de nuevo al servicio público de empleo. Allí el funcionario que me atendió me indicó que, al no haber disponer de la tarjeta de desempleado, no podía solicitar la prestación, si bien podía solicitarla a otro funcionario y luego, con la tarjeta, volver a él para gestionar la solicitud.
Mientras esperaba que llamaran mi número para solicitar la susodicha tarjeta, el funcionario se acercó a mí y me informó de que, dado que la administración de Cantabria no había subido a internet el certificado de empresa, sería imposible dar curso a la solicitud. Me aconsejó que llamara a dicha administración para exigir tal trámite, y que una vez "subido a internet" el certificado pidiera cita para solicitar la prestación. Y van dos visitas infructuosas al servicio de empleo.
Llamé a la Dirección General de Justicia de Cantabria, y expliqué la situación a la funcionaria correspondiente. Tal funcionaria me explicó que ellos no suben el certificado de empresa a internet; nunca lo hacen porque no disponen de la aplicación necesaria para hacerlo. Y se sorprendió de la exigencia del funcionario de empleo: en Santander nunca nadie les ha contado una situación similar. Acordó enviarme el certificado de empresa por correo postal.
El certificado de empresa nunca llegó por correo postal, así que llamé de nuevo a Cantabria y me lo enviaron por correo electrónico. Pedí cita de nuevo el el servicio público de empleo, y antes incluso de ir me llamó el funcionario que me atendió la segunda vez: que no me molestara en ir, porque no habían subido el certificado de empresa a internet y así no se podía hacer nada. Ahí sí que me puse un poco nervioso, y llegué a utilizar un lenguaje inadecuado hablando con el funcionario, pero es que entre unos y otros me veía sin prestación.
Después de todo esto, por fín acordé con el funcionario del SEPE que podría tramitarlo con el certificado en papel, aunque antes tuvo que preguntar a su superior. A todo esto, yo no tenía el certificado original: tenía una copia enviada por e-mail que no me iba a servir para nada. Así que un miércoles llamé, otra vez, a la Dirección General de Justicia de Cantabria, donde me aseguraron que ese mismo día me lo enviaban por correo urgente. Por otro lado, la semana siguiente yo tenía que salir de viaje por unos asuntos que no vienen al caso.
Tenía cita para el viernes solucionarlo todo en el servicio público de empleo. Pero el puñetero certificado no llegó. En el servicio de empleo hablé con otro funcionario, que al escuchar mi triste historia consultó con el que me había atendido y telefoneado anteriormente. Al principio el funcionario estaba dispuesto a abrir el expediente y dejarlo pendiente de presentar el certificado, que yo suponía que llegaría ese mismo viernes, al haber sido enviado urgente el miércoles anterior. Pero después de hablar con el funcionario anterior, ambos me explicaron que no podían dejar pendiente de presentar un papel que yo aún no tenía, y que por lo que ellos sabían lo mismo podía llegar ese viernes que nunca.
Cuando fui a pedir cita otra vez (y van cuatro) el maravilloso sistema telemático de cita previa del servicio público de empleo me la dio para el lunes a las 12. Y yo el lunes tenía que salir de viaje.
Como no me quedaba otro remedio, el lunes madrugué, a las 9:15 horas estaba en Santander para pedir en mano el certificado. Los funcionarios se sorprendieron bastante, me entregaron el papel en cuestión y salí para Gijón otra vez.
Y ya, por fin, con el papel original sellado y firmado, pude gestionar la solicitud y salir hacia Madrid tres horas y media más tarde de lo planeado, y con 350 Km de coche encima.
sábado, 4 de octubre de 2014
La foto
La semana pasada hablaba de esta foto:
No parece que fuera primavera. No obstante, todo lo demás pasó como lo cuento. O al menos así lo recuerdo.
No parece que fuera primavera. No obstante, todo lo demás pasó como lo cuento. O al menos así lo recuerdo.
viernes, 26 de septiembre de 2014
Miércoles de primavera
Yo pasaba por ahí todos los miércoles.
Todos los miércoles les veía ahí, abrazados. Él apoyado en la verja del instituto, ella frente a él. Besándose.
Siempre estaban besándose. Y cuando no se besaban, estaban abrazados. Durante todo el curso.
Ese año me dio por llevar una cámara de fotos mientras caminaba por la calle. Iba haciendo fotos, casi siempre sin encuadrar, a veces sin mirar siquiera. Siempre que pasaba frente al instituto y les veía echaba de menos la cámara, quería hacerles la foto.
Sería mayo, o quizá junio ya. Pasé con la cámara preparada: sabía dónde estarían y qué estarían haciendo. Sin embargo, precisamente aquel miércoles de mayo (o quizá junio ya) no estaban besándose, ni abrazados. Estaban enfadados, a más un metro el uno del otro. Hice la foto de todas formas.
Volví a pasar por allí una o dos veces más. No volví a verlos.
Todos los miércoles les veía ahí, abrazados. Él apoyado en la verja del instituto, ella frente a él. Besándose.
Siempre estaban besándose. Y cuando no se besaban, estaban abrazados. Durante todo el curso.
Ese año me dio por llevar una cámara de fotos mientras caminaba por la calle. Iba haciendo fotos, casi siempre sin encuadrar, a veces sin mirar siquiera. Siempre que pasaba frente al instituto y les veía echaba de menos la cámara, quería hacerles la foto.
Sería mayo, o quizá junio ya. Pasé con la cámara preparada: sabía dónde estarían y qué estarían haciendo. Sin embargo, precisamente aquel miércoles de mayo (o quizá junio ya) no estaban besándose, ni abrazados. Estaban enfadados, a más un metro el uno del otro. Hice la foto de todas formas.
Volví a pasar por allí una o dos veces más. No volví a verlos.
domingo, 21 de septiembre de 2014
Sueños
Para empezar, quiero advertir a quien aún no lo sepa que no creo que los sueños tengan un mensaje, un significado o una predicción. No significan nada, aunque sí están relacionados con los recuerdos almacenados.
Eso es lo que opino al respecto.
No obstante, últimamente me ocurre algo con los sueños que me llama la atención: sueño mucho con mi padre.
***
Mi madre murió en 2002. Poco después de su muerte, soñé que estábamos en casa, ella y mi padre y mis hermanos y yo. En la casa en la que viví desde que nací hasta los 18 años. O 19. Una situación completamente normal, salvo que yo sabía que algo estaba mal; pero no decía nada a nadie, no fueran a darse cuenta los demás y le pusieran remedio. Es todo lo que recuerdo de aquel sueño.
Mi padre murió en 2012. Poco después de su muerte, soñé que estábamos en casa, él y mis hermanos y yo. En la casa del pueblo, en la que nunca hemos vivido pero siempre hemos pasado las vacaciones, la casa en la que nos juntamos todos desde que ya no vivimos todos juntos. Una situación completamente normal, salvo que yo sabía que algo estaba mal; pero no decía nada a nadie, no fueran a darse cuenta los demás y le pusieran remedio. Es lo que recuerdo de aquel sueño.
No recuerdo haber vuelto a soñar con mi madre. Y si lo he hecho, no me ha llamado la atención. Sin embargo, con mi padre sí. Diría que casi siempre que recuerdo lo que he soñado él ha estado por ahí, y casi siempre mezclando dos situaciones distintas: por un lado yo me escondo de él para hacer lo que sea, como cuando era un adolescente, y por otro lado él aparece perdiendo la memoria, como le pasó los últimos años.
Y no sé. No es que sea relevante pero me apetecía contarlo.
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domingo, 13 de octubre de 2013
Una chorrada
¡Salgo en Google Maps!
Adivine quién, de entre los peatones que aparecen en la imagen, es el autor de este blog...
Sí, es una chorrada. Pero me hacía gracia compartirlo.
Adivine quién, de entre los peatones que aparecen en la imagen, es el autor de este blog...
Sí, es una chorrada. Pero me hacía gracia compartirlo.
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martes, 23 de julio de 2013
Opresión
¿Os acordáis de las manifestaciones antiglobalización? Hubo una en Barcelona, alrededor del año 2001. Por aquel tiempo yo tenía un amigo asturiano que fue expresamente a aquella manifestación. De allí volvió con una camiseta que, alrededor del lema "Pobles en llucha per la seva llibertat" (cito de memoria) tenía un círculo de banderas que representaban, en versión nacionalista o independentista (si no es lo mismo), a todas las comunidades autónomas. Excepto Murcia, creo.
Para Cataluña tenía esta:
Que viene a representar a los Países Catalanes. Tuve qué preguntar de quién era esta:
Que es el lábaro cántabro. Sí, nacionalistas cántabros. Me llamó la atención en su momento que había una bandera que coincidía con la autonómica:
Total, que entre unas y otras, venían a reclamar independencia, o autodeterminación, o autogobierno, o lo que sea, a toda España, pero por partes. Así que a mí no me cuadraba, porque si todos son pueblos oprimidos, ¿quién el el pueblo opresor? Con este planteamiento no queda una España opresora.
No había vuelto a pensar en esto hasta que ayer me metí sin que me invitaran en una conversación en twitter, que para eso está. Hablando de nacionalismos, @EnderRap dijo esto:
@NubianSinger @Lena_Prado @laguiri l'espanyolisme es defensat per l'Estat central i la gent que nega el dret a decidir dels pobles.
— Ender (@EnderRap) July 20, 2013
Entonces, si no he entendido mal, el nacionalismo español es cosa del Estado central y de la gente que niega el derecho a decidir de los pueblos. O sea, que no hay un pueblo español opresor, ¿no? es "gente" que pertenece a los pueblos oprimidos. Pero si son oprimidos, ¿cómo pueden ser a la vez opresores?
Se me ocurre que quizá alguien se está haciendo un lío. Que no se trata de pueblos. Que se trata, a falta de una palabra mejor, de clases. Que no es que España nos robe, que quien nos roba son algunos españoles, algunos de los cuales son de los nuestros. Y que es a ellos a los que beneficia que pensemos que el enemigo, el opresor, el ladrón, es otro, alguien externo.
jueves, 4 de julio de 2013
El milagro de Santa Lucía de Bernales
Según wikipedia, "Bernales es una localidad del municipio de Ampuero (Cantabria, España). En el año 2008contaba con una población de 209 habitantes (INE). Esta localidad está situada a 30metros de altitud sobre el nivel del mar, y a un kilómetro de la capital municipal, Ampuero."Bernales tiene una iglesia, y en la iglesia hay una imagen de Santa Lucía.
Hace mucho tiempo, antes de la llegada de la luz eléctrica, una persona fue a la iglesia a rezar. Allí, mientras oraba postrada a los pies de Santa Lucía, le pareció ver que la santa abría los ojos. No sólo los abría: le hacían chiribitas como a Marujita Díaz. Asombrada, esta persona avisó a sus convecinos.
Pronto la fama de la milagrosa imagen de Santa Lucía se extendió. No sólo llegó a Ampuero; llegaron fieles hasta de Laredo. Tanto se extendió esta fama que las autoridades eclesiásticas acudieron a investigar el milagro.
Desgraciadamente, el milagro no fue tal. La investigación arrojó que no es que la santa abriera los ojos, sino que la estatua estaba hueca y habitada por una numerosa colonia de cucarachas. Con la mala iluminación (recordad que aún no había luz eléctrica) al correr los bichos por los ojos de la santa daba la impresión de que esta miraba a todas partes.
No había luz eléctrica, pero corría el siglo XX y lo que sí había era emigración. Así que un indiano, indignado por que su iglesia albergara una plaga tan asquerosa, pagó el derribo y la construcción de un nuevo edificio, así como una fundación que pagara una cantidad al párroco de Ampuero para que subiera a Bernales a dar misa todos los domingos. Esto consta en una placa en la fachada de la iglesia.Desde 1953, fecha que aparece en la placa.
Desde entonces, en la iglesia de Bernales sólo hay misa el 13 de diciembre, día de Santa Lucía, fiesta en la localidad.
Hace mucho tiempo, antes de la llegada de la luz eléctrica, una persona fue a la iglesia a rezar. Allí, mientras oraba postrada a los pies de Santa Lucía, le pareció ver que la santa abría los ojos. No sólo los abría: le hacían chiribitas como a Marujita Díaz. Asombrada, esta persona avisó a sus convecinos.
Pronto la fama de la milagrosa imagen de Santa Lucía se extendió. No sólo llegó a Ampuero; llegaron fieles hasta de Laredo. Tanto se extendió esta fama que las autoridades eclesiásticas acudieron a investigar el milagro.
Desgraciadamente, el milagro no fue tal. La investigación arrojó que no es que la santa abriera los ojos, sino que la estatua estaba hueca y habitada por una numerosa colonia de cucarachas. Con la mala iluminación (recordad que aún no había luz eléctrica) al correr los bichos por los ojos de la santa daba la impresión de que esta miraba a todas partes.
No había luz eléctrica, pero corría el siglo XX y lo que sí había era emigración. Así que un indiano, indignado por que su iglesia albergara una plaga tan asquerosa, pagó el derribo y la construcción de un nuevo edificio, así como una fundación que pagara una cantidad al párroco de Ampuero para que subiera a Bernales a dar misa todos los domingos. Esto consta en una placa en la fachada de la iglesia.Desde 1953, fecha que aparece en la placa.
Desde entonces, en la iglesia de Bernales sólo hay misa el 13 de diciembre, día de Santa Lucía, fiesta en la localidad.
martes, 18 de junio de 2013
Busca y captura
Otra de las cosas que vemos en las películas americanas y que no existen en España es la orden de busca y captura. Tanto la vemos, que a veces se cuela hasta en los telediarios, cuando en realidad quieren hablar de otra cosa, que es lo mismo pero no: la requisitoria.
La requisitoria es la comunicación que hace el juzgado a los cuerpos policiales de que está buscando a alguien. O sea, que sí es busca y captura... pero sólo un poco. La guardia civil, la policía nacional, o la local, o a quien corresponda según el domicilio del requisitoriado, recibe la requisitoria y va al domicilio a buscar a quien sea. Si está, se le detiene y se le pone a disposición del juzgado. Y si no, no. Y ya.
Bueno, no. Si no está, pero saben que efectivamente vive allí, volverán en otro momento y acabarán deteniéndolo. Pero si no vive ahí, se acabó. O sea, que se busca muy poco para llamarlo busca y captura.
Interior día. Un juzgado de guardia. Un detenido por alcoholemia y dos funcionarias.
FUNCIONARIA DE GUARDIA (FG): Dígame una persona que pueda recibir notificaciones en su nombre.
DETENIDO POR ALCOHOLEMIA (DA): Eh... Fulanita Detol.
OTRA FUNCIONARIA (OF): ¿No será Fulanita Detal?
DA: Eh... Sí.
FG: Dígame el segundo apellido de Fulanita.
DA: Eh... No recuerdo.
OF: Espera, que lo miro... (teclea en el ordenador) Ah, sí: Ytal. Requisitoriada desde hace tres años la tengo.
FG: (Mientras teclea) Fulanita Detal Ytal... ¿Dirección?
DA: Eh... No recuerdo... Espera, que la llamo y le pregunto.
El detenido llama, pregunta la dirección y la repite. Acaba sus trámites y se va.
Acto seguido, la otra funcionaria llama por teléfono, repite la dirección de Fulanita Detal Ytal, y en menos de media hora la guardia civil la trae detenida al juzgado.
Así que antes de proporcionar al juzgado la dirección de un amigo o familiar, aseguraos de que no está requisitoriado.
La requisitoria es la comunicación que hace el juzgado a los cuerpos policiales de que está buscando a alguien. O sea, que sí es busca y captura... pero sólo un poco. La guardia civil, la policía nacional, o la local, o a quien corresponda según el domicilio del requisitoriado, recibe la requisitoria y va al domicilio a buscar a quien sea. Si está, se le detiene y se le pone a disposición del juzgado. Y si no, no. Y ya.
Bueno, no. Si no está, pero saben que efectivamente vive allí, volverán en otro momento y acabarán deteniéndolo. Pero si no vive ahí, se acabó. O sea, que se busca muy poco para llamarlo busca y captura.
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Interior día. Un juzgado de guardia. Un detenido por alcoholemia y dos funcionarias.
FUNCIONARIA DE GUARDIA (FG): Dígame una persona que pueda recibir notificaciones en su nombre.
DETENIDO POR ALCOHOLEMIA (DA): Eh... Fulanita Detol.
OTRA FUNCIONARIA (OF): ¿No será Fulanita Detal?
DA: Eh... Sí.
FG: Dígame el segundo apellido de Fulanita.
DA: Eh... No recuerdo.
OF: Espera, que lo miro... (teclea en el ordenador) Ah, sí: Ytal. Requisitoriada desde hace tres años la tengo.
FG: (Mientras teclea) Fulanita Detal Ytal... ¿Dirección?
DA: Eh... No recuerdo... Espera, que la llamo y le pregunto.
El detenido llama, pregunta la dirección y la repite. Acaba sus trámites y se va.
Acto seguido, la otra funcionaria llama por teléfono, repite la dirección de Fulanita Detal Ytal, y en menos de media hora la guardia civil la trae detenida al juzgado.
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Así que antes de proporcionar al juzgado la dirección de un amigo o familiar, aseguraos de que no está requisitoriado.
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