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domingo, 5 de enero de 2025

Lo que he leído en 2024

Un año más, aquí está el escueto resumen de mis lecturas. Ha sido un año bueno, teniendo en cuenta que, de los 16 títulos, me han gustado mucho nueve. Los otros siete ya tal.

1.- Tea rooms. Mujeres obreras, de Luisa Carnés.
Una cosa que me ha sorprendido mucho de este título, y que demuestra lo inculto que soy, es que está narrado en presente. Es algo que yo no había visto hasta este siglo. Pasada esta sorpresa, queda más una denuncia social que una novela propiamente dicha. Es, también, sorprendentemente corta. El epílogo que incluye la edición que he leído se lleva una buena cuarta parte del grosor total, así que se acaba mucho antes de lo esperado.
No puedo decir que me haya gustado, la verdad.

2.- Reina roja, de Juan Gómez-Jurado.
Acción. No me hagas pensar: pim, pam, pim, pam, ni un segundo para la reflexión. Capítulos cortos, en cada párrafo, en cada línea, casi en cada palabra está pasando algo. En la segunda frase ya estás dentrísimo y no puedes salir. Da igual cualquier contradicción, cualquier incongruencia, cualquier error en la trama, si es que los hubiera. A tope y palante.
¡Esta es mi mierda, dame más!

3.- La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.
Una novelita juvenil, una historia que hemos visto mil millones de veces en mil millones de versiones audiovisuales. No hay mucho más que pueda decir.
Hay que leer a los clásicos.

4.- Lo que esconde tu nombre, de Clara Sánchez.
El primer tercio, incluso la primera mitad, me han encantado. Me han tenido con un nudo en el estómago, hasta el punto de tener que parar de leer por no aguantar la tensión. Pero llega un momento en que tanta tensión sin clímax deja de tener efecto. Así que hacia la mitad del libro empieza a decaer, y poco a poco pasa de ser una gozada de ritmo y tensión a ser una cosa aburrida, en la que todo el rato se amenaza con que algo ocurra, pero nunca pasa nada.
Mucho lirili y poco lerele.

5.- P de peligro, de Sue Grafton.
Ya leí el año pasado, creo, el primero de "El alfabeto del crimen": A de adulterio. Y recuerdo que me gustó. Recuerdo que algo en aquel libro me hizo imaginarlo como un capítulo de Luz de luna o Remington Steele, y eso es lo que he echado de menos en este. Me ha gustado, me ha gustado mucho, pero no me ha transportado a los años 80 tan irremediablemente como aquel. Leo en una crítica de Goodreads que se imagina a la protagonista como Halle Berry. Yo veo a la Melanie Griffith de Armas de mujer.
A mí, que soy muy simple, me ha gustado mucho. Vosotros, que sois gente culta e instruida, igual echáis un ratito entretenido.

6.- La máscara de Ripley, de Patricia Highsmith.
Me ha resultado un tanto decepcionante. Es un libro fácil de leer, ameno, entretenido... pero nada más.
Recuerdo haber leído El talento de Mr. Ripley hace algunos años, y me dejó buen recuerdo. Sin embargo, aquí no he conseguido empatizar con Ripley ni un poquito. Por otro lado, ese final que no es un final me ha resultado un tanto irritante, la verdad.
No pasa de pasable, en mi humilde opinión.

7.- Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie.
La más famosa de las aventuras de Hercule Poirot, que en realidad no es una aventura. Una novela llevada al cine y la televisión cientos de millones de veces. O más. Y, aún así, extremadamente entretenida. No puedo decir nada más.
Hay que leer a los clásicos.

8.- Bicicleta o barbarie, de Carlos Rodríguez.
Un libro con más activismo que literatura, que he comprado y leído más por compromiso que por interés. Si no eres un friki de la bicicleta, especialmente de la movilidad urbana en bici, no te lo recomiendo.

9.- Asesinato en la estación de Rocksburg, de K. C. Constantine.
Me ha encantado. A ver, tiene errores gordos de edición (traducciones un poco patateras y errores ortográficos flagrantes), pero si consigues sobreponerte hay una historia entretenida que se sostiene sobre unos protagonistas maravillosos. Me han enamorado tanto el policía como el sacerdote. Es cierto que tiene machismo y alcoholismo para aburrir, pero se le disculpa porque es una novelita de 1972.
Me quedo con las ganas de leer los otros cuatro títulos del mismo autor.

10.- El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle.
Me ha encantado (sí, lo sé, me repito. Tendré que buscarme otra muletilla). A pesar de que Sherlock me resulta cargante, con toda su inteligencia y su capacidad de observación y de deducción y, sobre todo, su soberbia, esta novela me ha encantado. La única pega que puedo ponerle son esas tres últimas páginas, en las que Holmes explica todo lo que él sabía y nosotros no, que son un poco anticlimáticas.
Hay que leer a los clásicos.

11.- Chamán, de Noah Gordon.
A topísimo. Es el segundo libro de una trilogía que, como recordarás si eres lo bastante mayor, lo petó allá por los años 90. Por algún motivo que no recuerdo, leí el primero, El médico, y el último, La doctora Cole. Recuerdo muy poco de ambos, sí que me encantó el primero y me decepcionó muchísimo el tercero. Sé que se comentaba en aquella época que Chamán no era tan bueno como El médico, pero sí que merecía la pena... y es cierto. En el lado negativo tengo que decir que, a veces, es más minucioso de lo que me gustaría con la descripción de las operaciones que llevan a cabo los médicos en general. Y que hay un tramo del libro, en medio de la guerra civil estadounidense, que se hace un pelín más aburrido que el resto. Pero, por lo demás, es muy fácil de leer. Y describe bastante bien cómo los norteamericanos eran, y son, en general, mala gente.
Casi 900 páginas que se leen en un ratito.

12.- El cerezo del cementerio, de Tito Casado Agudín.
A ver. Se podrían decir muchas cosas sobre este título, pero quizá convenga comenzar por decir que es puro amateurismo. Además, he tenido la mala suerte de leerlo justo después de Chamán, y ambos coinciden en narrar las épicas vidas de sus protagonistas, a los que les toca sobrevivir a tiempos convulsos, cada uno en su tiempo y su lugar. Claro, Tito no escribe como Noah Gordon, sería una comparación difícil para muchos escritores profesionales. Y el caso es que la historia está bien. Si sobrevives a esa estructura de párrafos cortos, casi sin puntos, y con las comas puestas al azar, la historia, con sus tópicos, sus elipsis a medias y otras cosillas, tiene su aquel.
No puedo recomendarlo.

13.- Susurros del pasado, de Alicia G. García.
Lo he disfrutado mucho. Novela negra y rural que me ha tenido en Babia (guiño, codazo) durante una semana, más o menos. Por ponerle una pega, diría que quizá la narración es un poco precipitada: en unas pocas páginas ya ha ocurrido todo lo anunciado en la sinopsis. Por otro lado, y esto me describe más a mí como lector que a la propia novela, hay demasiados personajes. Me ocurre a veces que dos personajes mencionan a un tercero y no tengo muy claro de quién están hablando.
En cualquier caso, un libro muy recomendable.

14.- Contra el mañana, de William P. McGivern.
Este libro me produce sentimientos contradictorios. Por un lado, me ha gustado: es interesante, los dos protagonistas son personajes complejos y bien construidos, y la trama está muy bien desarrollada. Pero, por otro lado, me ha costado mucho leerlo. Entiendo que en esto intervienen también mis circunstancias personales, pero dos meses y medio para un librito de menos de trescientas páginas, y que es interesante, ameno y entretenido... Pues no sé.
En cualquier caso, yo os lo recomiendo.

15.- Intención criminal, de Robin Cook.
Puro thriller de los que me gustan: acción sin parar, pim pam, pim pam, no te deja ni respirar. Es más: ha habido momentos en los que he tenido que dejar de leer porque no podía con la tensión. En el lado negativo, tengo que decir que el final es un poco precipitado, y se flipa tanto que rompe un poco la famosa suspensión de la incredulidad.
Lo recomiendo enérgicamente.

16.- Limpieza de sangre, de Arturo Pérez-Reverte.
Pues un librito juvenil del más famoso escritor español de entre los que aún no se han muerto. Me ha sorprendido que sea tan juvenil, la verdad. Y me ha resultado un poco incómodo lo rebuscado del lenguaje, especialmente al principio del libro. Es como ver a don Arturo mirándote y diciendo: "¿has visto qué listo soy?". Luego se suaviza un poco, que si no se nos queda sin lectores. Luego, que qué bueno es Alatriste, y qué mala la Inquisición, y qué malas las mujeres (especialmente una, claro).
Para echar el rato vale, pero no más.

martes, 2 de enero de 2024

Lo que he leído en 2023

Pues aquí el resumen de lecturas de este 2023. Un año menos productivo, en este tema, que otros anteriores. Creo que se puede apreciar claramente cuándo he escrito la reseña nada más leer el libro, y cuándo he tardado un tiempo en hacerlo. Espero que os sea útil y os ayude a elegir (mejor que yo) vuestras próximas lecturas. Para los amantes de las estadísticas, de los nueve títulos solo dos han sido escritos por mujeres.

 1.- La cabeza de la gorgona, de Esteban Díaz.

Me compré este libro en el Celsius 232 del verano pasado. Estaba el autor en la caseta, yo pasaba por ahí con mi sobrino... Nos explicó un poco de qué iba y, la verdad, no supe decir que no, así que me lo compré. Aunque la mitología grecorromana no me parece especialmente atractiva, y con el Hércules de Marvel ya tengo suficiente. Obviamente, fue un error: me ha gustado lo justito para no abandonarlo. Me sorprende un poco encontrar críticas tan positivas, porque más allá de que la ambientación no me gusta nada, le veo varios fallos. Romances forzados y personajes con nombre que mueren a la página siguiente de haber sido presentados (¿de verdad hacía falta ese Cerbero, Esteban?) son los primeros que me vienen a la cabeza, pero hay más. Total, que me lo podía haber ahorrado.

Hay que aprender a decir que no.

2.- La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton.

Me compré este libro en una librería de segunda mano que encontré cerca de mi trabajo. No he visto la película, pero Parque Jurásico está basada en otra novela de Crichton, y creo recordar que alguna vez he leído algo de este autor, así que parecía una buena idea. Parecía. Hasta bien entrado el tercer tercio de la novela, es un libro francamente aburrido. Luego sí, se pone interesante, e incluso frenético, pero cuesta tanto llegar a ese punto... 

Hay que aprender a elegir.

3.- Tirón, de Luis Ondarra.

Me regalaron este libro hace veinte años, exactamente. No recordaba nada de él, así que decidí releerlo, y, oye, sin ser una maravilla es lo mejor del año. Es cierto que la última parte, cuando la trama sale de Barcelona, decae un poco, y también que los personajes femeninos... por decirlo suavemente, se nota con claridad que no los ha escrito una mujer. No obstante, es muy entretenido. 

Por fin, uno que merece la pena.

4.- Mar de fondo, de Patricia Highsmith.

Todo pasa muy despacio, especialmente al principio. Tan despacio que parece que no está pasando nada, pero... como en la escena de la taberna de Malditos bastardos, la tensión aparece, y crece, y crece, hasta hacerse por momentos insoportable: el siguiente capítulo mejor lo leo mañana. Me ha gustado mucho, salvo el final, en el que todo pasa muy rápido y yo, bueno, necesito que me expliquen un poco más las cosas.

Qué tensión.

5.- Memorias de una  vaca, de Bernardo Atxaga.

Lo compré sin saber que era una novelita juvenil. O, bueno, más infantil que juvenil, la verdad. Y aún dentro de ese género, en el que puede haber grandes obras, pues... bueno, probablemente sea lo peor que ha escrito Atxaga. No puedo decir mucho más.

No lo recomiendo.

6.- El demonio vestido de azul, de Walter Mosley.

Hace mucho, mucho tiempo vi la película, y me gustó. Me gustó mucho. Y ahora no sé si me gusta más el libro o la película, tendría que volver a verla.

Lo recomiendo enérgicamente.

7.- La fiesta del Chivode Mario Vargas Llosa.

Puede que Vargas Llosa, como personaje público, no te resulte muy atractivo. En ese caso, es necesario que separes la obra del autor. Compra el libro de segunda mano, sácalo de una biblioteca, consigue que alguien te lo preste, lo que sea. El comienzo es un poco ñoño, no nos vamos a engañar. Pero luego tiene de todo, menos sexo consentido. 

Que lo leas, coño.

8.- No hay vuelta atrás (del infierno)de Eduardo Arias.

La primera decepción de este libro está en la dedicatoria: un autor no puede calificar su libro de "trepidante", lo sea o no. Y una dedicatoria no debe hablar del libro, sino del receptor. La segunda está en la cuarta línea de la primera página: "Jodido mamón." Esta expresión me saca de cualquier novela y me mete de lleno en una serie de televisión cutre con una traducción aún más cutre. Lo que pasa es que unas páginas después entiendo que, efectivamente, se trata de eso: esta novela es una serie de televisión barata, para emitirse a media tarde en cualquier cadena generalista, en esa época en que las cadenas generalistas emitían series de televisión por las tardes. Aceptado esto, sí, el libro es trepidante (y un poco confuso), y se lee en dos patadas.

No ganará el nobel, pero te tiene un rato entretenido.

9.- La maldición del tranvía 015de P. Djèlí Clark.

Una novelita que parte de una premisa interesante: un El Cairo mágico y steampunk que en 1912 es una de las grandes urbes de la modernidad, en el cual un tranvía ha sido poseído. Sin embargo, me ha parecido confusa, y no he llegado a empatizar con ninguno de los personajes. En cuanto a la confusión, probablemente habría ayudado ver que hay un glosario al final de la novela. En cuanto a conectar con los personajes, no parece que haya mucho que hacer.

Entretenidilla, sin más.

10.- 999 pedazosde Isabel Pedrero.

Novelita de terror que se lee en dos patadas. Tengo que admitir que me ha acojonado un poco. No ha acabado de gustarme la inclusión de microcuentos en forma de notas al pie, y me ha parecido también que algunos aspectos merecían un poco más de desarrollo, pero aún así, me ha gustado.

Más que interesante.

miércoles, 4 de enero de 2023

Lo que he leído en 2022

Aquí está, un año más, la lista. Hacía mucho que no leía tan poco. Es cierto que me he atascado un par de veces, pero en realidad he caído en las garras de Tik Tok, y he perdido mucho tiempo con esa app infernal. 

En cualquier caso, esto es lo que ha habido:


 1.- Los hombres duros no bailande Norman Mailer
Lo primero que tengo que decir es que es una traducción antigua. La primera vez que ví este libro, en casa de mis padres, se llamaba "los tipos duros no bailan". Y esta traducción, además de tener otro título, tiene frases del tipo "conduje mi automóvil hasta la plantación de marijuana", que en un momento dado te pueden sacar un poco de la narración. Así que no sé si es por eso, o por otro motivo, pero la historia de este escritor, borracho, fumeta y follador me ha interesado menos de lo que debería. Es una novela negra con gotas de realismo mágico y algún desvarío metafísico que me ha costado acabar. Es cierto que, según va avanzando la trama, se va dejando (muy poco a poco) de diatribas mentales y centrando un poco en lo que realmente pasa, pero he estado cerca de abandonar su lectura.

Si Tim Madden no fuera tan pesado, me interesaría más saber qué ha sido de Patty Lareine.

2.- Orgullo y prejuiciode Jane Austen

Me acerqué a este libro con un poquitín de miedo, después de la experiencia con Fortunata y Jacinta. Siendo una novela más antigua, podría ser más incómoda de leer... pero no. Supongo que se debe a que la traducción es del siglo XX, por lo que el estilo resulta mucho más cercano y fácil de leer. Lo cierto es que me ha gustado bastante, así en general, aunque tengo que confesar que hay cosas que no he acabado de entender. No obstante, esto probablemente se deba más a que leo demasiado deprisa que al texto en sí mismo.

Ha estado bien.

3.- Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien (Cándida, memorias de una asistenta)de Guillermo Fesser
Lo cierto es que yo a Cándida apenas la conozco, habré escuchado sus críticas cinematográficas una o dos veces. Pero al parecer en su momento era un personaje muy celebrado en el programa de radio de Fesser. A mí estas memorias me dejan el cuerpo raro. Te cuenta una vida muy (muy) dura como quien te cuenta que ayer estuvo comiendo pipas, sin darle importancia a ninguna de las muchas desgracias que van ocurriendo. Una cosa que me descoloca mucho y no acabo de entender a qué viene es que se reproduce bastante fielmente la forma de hablar de Cándida, incluyendo sus frases hechas mal empleadas y palabras mal pronunciadas. No entiendo por qué: parecería un ejercicio humorístico, pero no puedo reírme de Cándida (en general, está feo reirse de la gente; en particular, está feísimo reirse de alguien que te está contando su vida plagada de desgracias). Por otro lado, dado que es la vida real de una persona real, no se trata de una novela con su arco de personaje que evolucione y todo eso. Tengo que confesar, por cierto, que no lo acabé: lo perdí en una mudanza y no me pareció lo bastante interesante como para buscar otro ejemplar y acabarlo, ya quedaba muy poco.

Totalmente prescindible.

4.- En la tumba de Montehanode G. G. Lapresa
Segunda entrega de Alter Cantabria, el universo mitológico cántabro del autor. Lo cierto es que me ha decepcionado un poco, pero ha sido culpa mía: me esperaba que me gustase un poco más que La caza del último ojáncano, y me ha gustado un poco menos; pero eso no quiere decir que no merezca la pena. Es un poco Indiana Jones poliamoroso y pansexual, sin dejar de ser interesante y divertido. Quizá me ha resultado demasiado corto para todo lo que quiere contar, pero las novelitas de Cerbero es lo que tienen.

Echadle un ojo, que merece la pena.

5.- Dios los cría...de J. Van De Wetering
Qué horror. El año pasado, creo, leí otra novela de este mismo autor. Guardaba buen recuerdo de ella, así que me hice con esta (debió costarme entre uno y tres euros, en la Semana Negra de Gijón), y la empecé bastante ilusionado. Qué decepción. Qué cosa rara, qué sinsentido, qué machistada. 

Qué error.

6.- Lo que callan los muertosde Ana Lena Rivera
Después del bodrio del holandés insoportable, me ha parecido una maravilla. Quizá no sea "tan" bueno, pero lo he leído con gusto y con ganas, y lo he disfrutado un montón. Que conozca algunos de los paisajes en los que transcurre la trama ayuda, claro. 

Me ha gustado lo suficiente como para tener intención de leer los dos siguientes.

7.- Te ahorcaréde Marcial Lafuente Estefanía
Cogí este libro por la misma razón por la que, en su día, leí uno de Corín Tellado. Y el resultado ha sido el mismo, porque son cosas muy parecidas: mucho diálogo regulero, párrafos de una sola frase, para que el texto parezca más largo, y una buena ensalada de tópicos. 

Para entusiastas del género, o, quizá, ni eso.

viernes, 8 de enero de 2021

Lo que he leído en 2020

Como casi siempre, me leo las sagas desordenadas. Esta, que son sólo dos libros (de momento), también. Y la verdad es que me gustó más el segundo que el primero. No obstante, y a pesar de algunas faltas de ortografía sangrantes (del tipo "ésta cosa"), es indudablemente entretenido, repleto de personajes a los que odiar y acción trepidante (¿qué significa trepidante?).
Estupendo para amenizar viajes en tren.

Empieza muy bien. Un retrato de tres jóvenes gallegos a principios de los setenta, con sus intereses y sus planes de futuro. También es cierto que desde el principio te dice lo que va a pasar, pero a mi juicio se echa todo a perder en el momento en que empieza a narrar la historia de los asesinos: son personajes mucho menos interesantes. Y ya cuando empieza a dar detalles escabrosos de la tortura, y más aún, cuando te cuenta lo que piensa cada personaje en el momento de morir... Pues no sé. Que no me gusta, no me interesa, para qué quiero saber eso, ja ja. 
Me lo podía haber ahorrado, la verdad.

El año pasado leí La playa de los ahogados, del mismo autor y el mismo protagonista, y me pareció bien. Esta, sin embargo, me ha gustado muchísimo. Es cierto que he prescindido desde el principio de leer la definición de la palabra que titula el capítulo, ese pequeño primer párrafo que me sacaba de la historia cada poco. Solventado este pequeño escollo, la lectura fluye de maravilla. Tiene un par de trampas (¿cómo puede un experto inspector de policía pasar por alto eso?), pero a la mitad de la novela ya va cuesta abajo sin frenos, sin poder dejar de leer. Un gustazo.
Leedla, insensatos.

Pues he cometido el error de leer esta novela después de la crítica que de ella hizo mi admirada @molinos1282. Y como a ella no le gustó nada de nada, comencé a leer cargadito de prejuicios. Así que al principio no me gustaba nada, no empatizaba con ningún personaje (había dos, no daba para mucho), y no la abandoné antes de acabar el primer tercio porque soy así de cabezota. Luego me fue gustando más, pero lo cierto es que en ningún momento me ha vuelto loco. No digo, Dios me libre, que sea una mala novela, pero...
No es para mí.


5- Formas de estar lejos, de Edurne Portela.
Segunda novela de Edurne Portela. El año pasado leí la primera, Mejor la ausencia, y lo cierto es que me gustó mucho más. No es que esta no me haya gustado, pero tiene un ritmo más pausado y una protagonista a la que a veces dan ganas de darle un par de gritos. Y eso me pone nervioso. También durante todo el libro parece que al final va a pasar algo, y... no pasa nada.
A mí no me ha dicho nada, pero ya sabéis que yo soy muy simple.

6- La calle de las mentiras, de Miguel de Lys.
Miguel de Lys es un youtuber que suele hablar de historia, explicando hechos históricos con canciones que hablan de ellos. Como youtuber es entretenido. Como escritor... un poco menos. No es que el libro sea malo, pero sí que tiene un par de cosillas que a mí no me acaban de gustar. Es demasiado largo, y la primera mitad, o un poco más, se hace lenta. Luego se va animando y la última parte se lee con más interés. Y no sé si es que tiene demasiados personajes, o están poco explicados, pero me hacía un lío con los de arriba y nunca tenía claro quién era cada uno. Quizá un lector más atento que yo lo pueda disfrutar más. Y luego el humor... No sé, aún no he encontrado la novela humorística que me haga reír.
No es una mala novela, pero tampoco es buena. O, al menos, no es para mí.

7- La Historia Interminable, de Michael Ende.
Pues por circunstancias que no vienen al caso he releído este clásico de mi más tierna infancia, y además, en voz alta. Probablemente lo leí hace más de treinta años. Me ha gustado mucho, la verdad. Hay dos cosas que me han llamado la atención: los nombres de los personajes, en general muy bien traídos, y algo que no sé si es cosa del original o de la traducción: el exceso de adverbios -mente. Se supone que es señal de mala escritura, y el texto está plagado de ellos. Quitando ese pequeño detalle, me ha encantado la relectura.
Un clásico obligatorio.

8- Infinitas, de Haizea M. Zubieta.
Conozco a Haizea de twitter. O sea, no la conozco, la sigo en twitter e instagram desde hace tiempo y no sé ni cómo llegué a ella. Con este antecedente tengo que reconocer que, de todos los libros de tuiteros que he leído hasta la fecha, este es el mejor. Se trata de una novela juvenil, y aunque no está mal sí que tiene ciertas carencias, como los diálogos, que necesitan un repaso, pero aun así es una lectura entretenida, y a veces incluso engancha. No obstante también ha habido momentos en que he tenido que hacer un esfuerzo por continuar la lectura y no dejar el libro a medias. Hace también un gran esfuerzo por que haya representación de todo tipo de colores y orientaciones entre los personajes. Supongo que habrá gente a la que esto le parezca mal, y otros a los que les parezca bien. A mí sólo me ha llamado la atención, por lo inusual.
Quizá sea demasiado largo para ser lo que es.

9- Acepta el swing, de Corín Tellado.
La verdad es que de este no sé ni qué decir. Es lo que esperas que sea Corín Tellado. Que yo solo quería probar a ver si era otra cosa, pero no.

10- A navajazos, de de Andreu Martín.
Me compré este libro en la Semana Negra de Gijón. Ya había leído algo del autor (recuerdo especialmente Todos los detectives se llaman Flanagan), y se vendía por 3 euros, así que... a la saca. Y me alegro: se lee de un tirón, y en cuanto entras un poco en la historia cuesta mucho dejarlo. Así que muy bien.
Recomendado.

11- Ojos de agua, de Domingo Villar.
La segunda adquisición de la Semana Negra, después de asistir a la charla del autor (qué pena que fuese solo media hora). Es el primero de la serie (de momento, trilogía) del inspector Leo Caldas. Me ha gustado más que el segundo (La playa de los ahogados), y tiene la ventaja de que son apenas 200 páginas y se lee en un ratito. No me acaba de gustar el personaje de Rafael Estévez, y creo que lo intenta suavizar un poco en las siguientes novelas, aunque no demasiado. Al margen de esto, mola.
Echadle un ojo.

Tercera novela que leo de Dicker. No me ha gustado tanto como La verdad sobre el caso Harry Quebert, pero mucho más que El libro de los Baltimore. Coincide con estas dos en los saltos en el tiempo, contando historias paralelas con 15 años de diferencia. Me pone un poco de mal humor cuando decide no contarte las cosas "porque no", me parece una trampa muy burda, y en esta novela lo hace varias veces. No obstante, es muy entretenida, así que depende mucho de lo exigente que seas con el guión para que te guste o no.
Tan entretenida como tramposa.

Sacada casi al azar de la biblioteca, no sé si no es muy buena o es que estoy ya un poco saturado de crímenes, policías, investigaciones y otros etcéteras. El caso es que está bien, pero tampoco me ha vuelto loco, ni me ha dejado ganas de seguir leyendo a esta autora o esta serie (porque por lo visto, esta novela es la primera de muchas sobre los mismos personajes). Eso sí, se agradece que transcurra en la casi rural Kiruna, y no en Estocolmo.
Regulera.

Me ha costado muchísimo. Empezó siendo una lectura veraniega, pero la he terminado en octubre. ¿No os pasa que, a veces, empezáis a leer algo y decís "¡qué francés es esto!"? Pues es lo que pasa con esta novela: es muy, muy francesa. Y muy femenina también. Así que hasta el último cuarto, más o menos, carece de interés para mí, me ha costado cierto esfuerzo acabar con ella. 
Francesa y femenina: no podía gustarme.
 

Un regalo de cumpleaños al que, la verdad, me costó un poco entrar. Hasta casi el primer tercio he tenido que hacer un pequeño esfuerzo para ponerme a leer. Hay un tramo en el que ves venir de lejos algo muy gore que va a pasar, y me echaba un poco para atrás (al final no vino, afortunadamente). Los últimos capítulos ya cogen velocidad y cuesta apartar la mirada. En general me ha gustado bastante, aunque el personaje del asesino, con su bagaje y sus motivaciones, queda raro. Hay algo que falla en él, que no acaba de encajar en el resto de la novela.
Sí, hombre, sí. Hay que leerla.


Hacía un tiempo ya que tenía yo curiosidad por leer una novela de James Bond. Y quiso el destino, o la casualidad, que en el mercadillo cerca de mi trabajo reparase yo en un puesto que vendía libros viejos a un euro la unidad. Y al dirigir la mirada al montón de libros, ahí estaba el primero, así que tuve que rascarme el bolsillo y abonar el eurazo.Y esto que acabo de contar es lo mejor del libro.
A ver, no. No es tan terrible. Pero sí es, en definitiva, una novela de James Bond. Y se parece mucho a las películas de James Bond, y además está escrita en los años 50, lo cual le da un enfoque particular tanto a la tecnología punta como a las relaciones humanas (estamos hablando de Bond, James Bond. Me entendéis).

jueves, 2 de enero de 2020

Lo que he leído en 2019

Una novela (novelita, más bien) negra ligera y entretenida, que no pasa de ahí. Es de principios de los 80, y más allá de lo que cuenta, se nota en cómo lo cuenta. Hay algo ahí que hace ver la historia como un capítulo de Remington Steele o La ley de Los Ángeles, y esta característica quizá sea el mejor argumento a favor de la novela.
Absolutamente prescindible.

Saqué de la biblioteca este libro porque estaba entre los recomendados, sección novela negra. Y lo cierto es que no me ha gustado nada. Para empezar, no es novela negra, lo cual no es malo en sí mismo, pero ya me fastidia las expectativas. Trata básicamente de sentimientos, del paso tardío a la vida adulta de una joven. Me ha recordado mucho a Canadá, de Richard Ford, que me costó la vida leerlo y me gustó tirando a poco. Al final sí se anima un poco y pasan cosas, pero llegar a ese final se me ha hecho muy arduo. Voy a devolverlo a la biblioteca con un retraso de dos o tres semanas, de lo que me ha costado acabar con él.
No es para mí.

Libro que me recomendó alguien que, probablemente, no sabe que no me gustan los libros de cuentos. Y este es un libro de cuentos. Y, oye, algunos cuentos están muy bien, me gustó especialmente el segundo... pero es que no me gustan los libros de cuentos, es una manía que tengo. Así que lo he leído un poco obligado por mí mismo, y no lo he disfrutado demasiado.
Es un libro de cuentos.

4- Si esto es una mujer, de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo
Me leí este libro porque me encontré a sus autores presentándolo en la Semana Negra de Gijón. Sin dejar de ser interesante, me ha resultado mucho más sencillo, tanto en la forma como en el fondo, que otros títulos de Lorenzo Silva. De Noemí Trujillo no digo nada, porque no había oído hablar de ella antes. El libro es entretenido, sin duda, y se lee en dos ratitos. No sé si es por tener dos autores, o por diferenciarse de las novelas protagonizadas por Bevilacqua, pero me ha resultado mucho más ligero.
Por decirlo de alguna manera, deja menos poso.

5- Masacre en Maine, de J. Van de Wetering
Otro botín de la Semana Negra de Gijón. Lo encontré en un puesto de libros de segunda mano, y me debió costar la friolera de 2 euros. Y, la verdad, está bastante bien. Es más thriller que novela negra, y la única pega que puedo poner es que el final me dejó un poco frío. Ocurren demasiadas cosas después de que se resuelvan los crímenes. 
Vivan los libros de segunda mano.

6- Murciélago, de Jo Nesbø
Sigo con la saga de Harry Hole, totalmente desordenada. Este es el primer libro y es, a mi juicio, el peor. Me he perdido un poco en la trama, y el protagonista aparece aquí como un personaje muy arquetípico. Supongo que al haberlo conocido más tarde y más elaborado aquí me resulta demasiado simple. 
Prescindible.

7- Fantasma, de Jo Nesbø
Última entrega, hasta el momento, de las desventuras del comisario Hole. Me ha enganchado desde el principio, me ha gustado todo lo que no me gustó el anterior, y me lo he leído en dos patadas. Lo único que me ha dejado un poco frío es el retruécano final, pero me ha reconciliado con Harry.
A tope con él.

8- La playa de los ahogados, de Domingo Villar
Pues he llegado hasta este libro a través de mi dealer habitual. No sabía nada del libro ni de su autor, y en general me ha gustado, aunque con matices. Algo tiene la narración que no ha conseguido atraparme del todo, y no sé si se debe a estar dividida en capítulos muy cortos, o a que cada capítulo comienza con una palabra, a modo de título, y su definición, como un diccionario. Estas breves líneas de definición me sacan de la historia, y me cansan, de manera que al final (¿y por qué no antes, Pablo?) dejo de leerlas. Al margen de esto, la investigación criminal está muy bien contada y las últimas páginas no podía dejar de leer. 
Está bien, hombre.

9- La hija de la española, de Karina Sainz Borgo
No puedo decir que me haya gustado. Es cierto que contiene un relato sobrecogedor sobre la realidad en Caracas, y que es una cosita muy corta que se lee en dos patadas, pero para mi poco elaborado gusto tiene demasiado sentimiento y muy poca acción. Es decir, pasan muy poquitas cosas, y cuando pasan, es muy interesante. Pero se pierde en un mar de recuerdos y reflexiones de la protagonista que a mí, la verdad, me aburren. 
Me lo podía haber ahorrado.

10- Terra Alta, de Javier Cercas
Pues este ha sido el Premio Planeta 2019. Me ha gustado mucho... casi todo. Dos historias más o menos paralelas en el tiempo, o una sola desordenada, el primer salto temporal me desorientó un poco, pero luego entré en el juego y me gustó. El fallo, para mi gusto, y esto creo que es algo personal, es ese personaje que aparece de la nada cuando está todo resuelto (o no) y ata los cabos sueltos. Una especie de epílogo que me rechina bastante.
Está bien, hombre. Leedlo.


11- Contrato con Dios, de Juan Gómez-Jurado
Me ha sorprendido bastante. A veces oigo, e incluso escucho, un programa de radio en el que interviene Gómez-Jurado. Y no me esperaba para nada esta mezcla entre Indiana Jones y James Bond que me he encontrado. El libro engancha, aventuras molonas en un ambiente que a mí no me atrae demasiado, y lo he gozado bien. Tiene alguna pega que no logro identificar (ya véis lo bien que se me da la crítica literaria), y que quizá tenga que ver más con mis prejuicios que por la obra en sí.
Si os va el tema de aventuras e intriga, aquí hay de eso a paladas.

12- Mejor la ausencia, de Edurne Portela
Ha querido la casualidad que quede para el final del año este libro, que es una auténtica maravilla. Tanto la temática como el tono de las primeras páginas me echaban para atrás, y sin embargo en seguida me ha hipnotizado, he entrado de lleno en ello y lo he devorado en un pispás. Una maravilla, no lo dejéis pasar.
Lo mejor de 2019, sin duda.

martes, 2 de enero de 2018

Lo que he leído en 2017

Después de un par de años sin resumen de lecturas, aquí viene el de 2017:


Continuación o precuela de La verdad sobre el caso Harry Quebert, o mejor, ninguna de las dos. Ambas novelas comparten protagonista, pero nada más. En ninguna de ellas se hace referencia a los hechos narrados en la otra, lo que es extraño en tanto que las dos se estructuran con los mismos saltos temporales. Me ha gustado bastante menos esta especie de segunda parte. Desde el principio se nos habla de el Drama, algo que ocurrirá al final de la novela, a modo de cebo. Y no me gusta, me parece tramposo, un truco barato. Aparte de esto, que me sacaba de la historia desde el principio, el libro atrapa, igual que Harry Quebert. 
Quizá no me haya gustado tanto por ser menos novela negra y más drama vital de  los personajes.


Primera parte de una trilogía protagonizada por Publio Cornelio Escipión, al que por lo visto, en la segunda o tercera parte empezarán a llamar Africanus; en esta primera parte, este romano ni siquiera ha pisado África. Me ha recordado mucho, sobre todo al principio, a una novela de fantasía, espada y brujería o falsa edad media, como queráis llamar a ese género. Legionarios, trirremes, viajes a caballo, batallas a espada... todo eso. 
En general me ha gustado, aunque no sé si lo suficiente como para leerme los dos siguientes.


La novela de la tuitera @Barbijaputa. Lo he leído en papel, es un regalo que alguien le hizo a otra persona que amablemente me lo ha prestado (sin haber sido capaz de leerlo previamente). Y, pues... en fin... qué coñazo de libro, ¿no? Es una novelita de amor y desamor, salpicada con los episodios convenientes para poder incluir un poco de proselitismo feminista. Que eso no es malo en sí mismo, pero es que el resultado acaba siendo aburrido. No obstante, he sido capaz de leerlo hasta el final, o sea, que podría ser peor.
Me lo hubiera ahorrado y no perdía nada.


Voy a salir de casa y recuerdo que no tengo nada que leer, así que rebusco un poco y cojo lo primero (o lo segundo) que encuentro.Así es como he vuelto a leer este librito de El Barco de Vapor, en cuya primera página, con la letra de mi madre, pone
Pablo
Reyes 1989
Y el caso es que no recordaba nada de él, más allá de haberlo leído en su día. Así que me ha gustado leerlo de nuevo. No es ninguna maravilla, pero después del de Barbicoñazo dan ganas de darle el Nobel a su autor. No llega a las 200 páginas; se supone que es para mayores de 12 años, en Reyes del 89 yo tenía 13, pero creo que se puede leer con 10 tranquilamente.
Así que para un apaño está muy bien.

5- Morbo gótico, de  Ana Ballabriga  y David Zaplana.

No sé muy bien cómo llegó este libro a mi ordenador. Recordaba que una de mis hermanas lo había leído, y lo metí en el libro, un poco por a ver qué tal. Y al principio no me gustó nada, y pensé que había sido un error y que me iba a costar acabar con él. No sé muy bien  por qué; es cierto que tiene un detalle que me resulta molesto, eso de no poner guiones en los diálogos, pero había algo más que no puedo identificar. Esto me duró, aproximadamente, el primer tercio. Luego ya le cogí el gusto, me acostumbré a los diálogos sin guiones, y hasta el final. 
No obstante, no sé si leería una segunda parte.

6- El desorden que dejas, de Carlos Montero.

Segunda  novela negra del año. En general me ha gustado bastante, y aunque le cuesta arrancar, engancharme le ha llevado menos que a Morbo gótico. Más o menos empezando el final de la novela llega un punto en que, por un lado, no puedo dejar de leer, pero por otro lado la trama, o más bien algún personaje, me está decepcionando. Una cosa que no me gusta de este tipo de novelas es que, muy frecuentemente, algún personaje tiene superpoderes. Es decir, lo mismo te encuentras con una hacker (¿ha dicho ya la RAE que hay que escribir jáquer?), que un tipo que no puede sentir dolor, o una investigadora con memoria fotográfica, o que nunca olvida una cara, o un asesino con personalidad múltiple... Aquí hay un poquito de eso. Y no me ha gustado. Y tampoco me gusta la forma en que los personajes ocultan información: ese rollo de "te contaría esto ahora, pero si lo hago me quedo sin novela", que se gastan un par de personajes.
A pesar de todo ello, no podía parar de leer; tan mala no será.

7- Los crímenes del abecedario, de Esteban Navarro.

Segimos con novela negra. Escogí esta novela tras leer un comentario (solo un poco) negativo en twitter. Este comentario, creo recordar, criticaba únicamente la construcción de los personajes. Yo añadiré que, además de personajes demasiado arquetípicos, están dibujados malamente y la novela un poco mal escrita, especialmente al principio. A pesar de esto, la historia está más o menos bien construída, y el previsible final tiene buen ritmo y se deja leer con gusto.
Sin ser un castigo, tampoco merece mucho la pena.

8- Las legiones malditas, de Santiago Posteguillo.

Pues al final me he animado a leer la segunda novela de la trilogía, y me alegro un montón. Aquí todo es más que en la primera parte: más páginas, más batallas, más política, más traiciones, (mucha) más sangre, más elefantes... Si tengo que decir algo negativo, no me ha gustado el asunto del nombre de Netikerty, pero es muy poca cosa para las más de ochocientas páginas que tiene el libro. Así que me tendré que leer el tercero en algún momento.
Por Castor y Pólux, leedlo.

9- Donde los escorpiones, de Lorenzo Silva.

No sé cuántas novelas hay de Bevilacqua. Yo sólo he leído esta y El alquimista impaciente. La segunda, si no recuerdo mal, me gustó. Esta me ha encantado. La trama en sí misma no es nada del otro mundo; es probablemente la descripción del universo cerrado de la base militar lo mejor del libro. También, he de confesar, me gusta el lenguaje rebuscado que emplean tanto el narrador como el protagonista.
Que está muy bien, vaya.

10- La viuda, de Fiona Barton.

Empecé a leerlo y pensé "vaya, siempre me pasa lo mismo: al principio no me gusta, luego me engancha y al final me encanta". Pero no. Al principio me costó un poco, y tanto la viuda como la periodista me desagradaron, especialmente la viuda. Sí es cierto que luego me enganchó, y me gustó el inspector, pero el final no me gustó nada, me dejó frío del todo. Y ya está, no puedo decir mucho más.
Ni fu ni fa.

11- Perdida, de Gillian Flynn

Pues, como siempre, al principio no me gustó. Lo cierto es que tardé bastante en cogerle el punto. Los protagonistas me cayeron bastante mal, la historia en sí misma tampoco me hacía mucha gracia y había algo en la forma en que está escrito que me tiraba para atrás. De hecho, me costó más de lo habitual engancharme... pero cuando me enganché, fue a tope. No empaticé en ningún momento con los protagonistas, menudo par de cretinos, pero la trama, el ahora qué va a pasar, me agarró con fuerza. Una lástima, eso sí, el final es muy decepcionante.
El horror. Es la tercera parte de la trilogía de Escipión, y es, con diferencia, la más larga y más peor. Un sufrimiento. Por si esto fuera poco, tarda infinito en acabar. Escipión se muere, y la novela no. Todavía hay que atar cabos y cerrar tramas que, en realidad, (a mí) no (me) interesan ni un poquito. Es que no puedo decir nada bueno de este ladrillo.
No lo toquéis ni con un palo.

13- La sonrisa de Madrid (El olivar de Atocha I), de Salvador Maldonado.

Limpiando el trastero de casa de mis padres, en una caja con otro montón de libros, apareció este. M. Teresa. Reyes 1989, pone, en la primera página, la letra de mi madre. Recuerdo que ella me contó, al leerlo, que le gustaba porque la autora era amiga suya, y cosas que aparecen en la novela se las había contado en su momento. Así que cómo no iba a leerlo. 
En cuanto al libro en sí mismo, pues está bien. No es que me haya enganchado a tope, pero se lee fácil, es muchísimo más entretenido que La traición de Roma, lo cual se agradece, pero tampoco vuelve loco. Destacan, a mi juicio, los diálogos, ágiles y carcas (la acción transcurre en el cambio de siglo, del XIX al XX). Algo había en ellos que me llevaba a Fortunata y Jacinta.
De momento, interesante. Habrá que leer los dos siguientes.

14- Manual para señoras de la limpieza, de Lucia Berlin.

Pues bueno. Este libro tiene un problema: es una colección de cuentos. Y no me gustan los libros de cuentos. Así que empezamos mal. Por lo visto son en buena parte autobiográficos, y Lucia tuvo una vida ajetreada, de aquí para allá en el continente americano, parando de vez en cuando a bajarse una botella de Jim Beam. Así que los cuentos se desarrollan en Chile, México o Estados Unidos, y el alcohol está siempre presente ahí. 
Me lo podría haber ahorrado.

15- Todo esto te daré, de Dolores Redondo.

Estupendo, la verdad. Después de tres libros que, en el mejor de los casos, ni fu ni fa, es maravilloso que uno te atrape. Tiene un pequeño inconveniente, para mi gusto, que ya tenían los de la trilogía de Baztán, aunque me da la impresión de que en este se da mucho menos: las largas parrafadas describiendo los sentimientos de los personajes, que a veces a mí se me hacen incomprensibles. Debo ser un poco insensible, qué le voy a hacer. Aparte de eso, y de que quizá hay demasiados muertos, me ha gustado mucho.
Muy recomendable.

16- El fabricante de lluvia, de William Camus.

Llevaba todo el curso buscando este libro para dárselo a leer a mi hijo mayor. Al final lo encontré y me lo leí yo, claro. Tenía un estupendo recuerdo de él. Me gustó muchísimo, hace treinta años. Es el primero de una serie de cuatro o cinco, pero está muy por encima de los demás. Releído con más de cuarenta años no es tan impactante, claro, pero tampoco está mal.
Leedlo, cuanto antes mejor. Y que lo lean vuestros hijos.

17- La brigada de Anne Capestan, de Sophie Henaff.

Pues bien. Una novela negra, o más bien gris oscuro, con sus toques de humor francés (que se caracteriza por no hacer mucha gracia), pero entretenida y que se lee rápido y bien. No puedo decir mucho más de ella, la verdad. Parece ser que se publicará una segunda parte y sí, me gustaría leerla. 

18- Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James.

Bueno, pues me da un poquito de vergüenza, pero sí, me he leído esto. Y, la verdad, como pornografía está más o menos bien, pero nada más. Tiene algunos párrafos rarunos y expresiones extrañas, que no sé si es que están mal escritos o mal traducidos, y la trama es de telefilme para la siesta del fin de semana. Es un poco como ver tetas y culos en Antena 3 un sábado a las cinco de la tarde.
Nos queda "uau", "nena", "exquisito", y "poner los ojos en blanco".

19- La estrella del diablo, de Jo Nesbo.

Después de las sombras, y de dos libros que he intentado leer pero he abandonado, me ha parecido una maravilla. Es el quinto volumen de las aventuras de Harry Hole, serie de la que me he saltado los volúmenes uno y dos, pero no es necesario haberlos leído. Novela negra, con su misterio misterioso y su malo malísimo. Lo único que no me gusta es esa parte en la que el malo explica lo que ha hecho y por qué; está bien traído, pero es un recurso agotado, creo yo. 
Merece la pena.

Pues esto ha sido todo. No está mal, 19 libros, aunque hay dos que son novelitas infantiles que se leen en un ratito. A pesar de eso, creo que este año he leído bastante (para lo que suelo leer yo). El año que viene, más.

lunes, 5 de enero de 2015

Lo que he leído en 2014

En vista del éxito del año pasado, repito:

1- Bajo el hielo, de Bernard Minier.

Una recomendación de mi dealer habitual. Y me ha gustado mucho. Es una novela negra francesa, muy francesa: no sé muy bien qué tiene, pero en momentos me recordaba al Maigret de Simenon. Muy bien construida, según avanza la historia va enganchando, y el último tercio prácticamente no puedes parar de leer.
Muy recomendable.

2- Canadá, deRichard Ford.

Alguien me enseñó el libro diciéndome: "tiene la mejor frase inicial de una novela que he leído en mi vida". En esa frase inicial dice algo así como "primero contaré lo del atraco, y luego todo lo demás". Mentira podrida: tarda más de cien páginas en contar el atraco de las narices, una cuarta parte del libro. Y cuenta las cosas como si no estuviera contando nada, como si fuera una permanente descripción de cómo eran las cosas en aquel tiempo. Es cierto que en algunos momentos se pone interesante y pasan cosas, pero la mayor parte de la novela es un ladrillo repleto de sentimientos y sensaciones que tiene un chaval de quince años que aburre a las ovejas. O al menos a mí. A punto estuve de dejarlo en la página 50. Y en la 90. y en la 180. y en la 215. Y luego ya seguí porque ya que me había leído más de la mitad...
No debería haberlo leído.

3- La princesa prometida, de William Goldman.

Otro libro que he leído en voz alta. Gran error. Es un cuento de aventuras, sí, pero tiene una primera parte en la que el autor habla de sí mismo y sus circunstancias, y hace comentarios acerca de su mujer y la relación que mantiene con ella, y sobre una chica que nada en la piscina, que no me sentí cómodo leyendo en voz alta a un niño de siete años. Pasada esta primera parte, entramos en el cuento de aventuras propiamente dicho, que es terriblemente machista: el único personaje principal femenino tiene la única virtud de ser la mujer más guapa del mundo (literalmente). Aparte de eso es un poco inaguantable. Por otro lado, la narración del cuento está interrumpida a ratos por vivencias del autor que, como la primera parte, no son exactamente cuentos infantiles. Ojo, que el libro está muy bien, pero para lectores mayores de catorce o quince años. 
Además, la versión que me descargué (y esto es lo malo de no comprar las cosas) venía con una especie de segunda parte que ni es para niños ni tiene mucho sentido ni añade nada que mejore la novela original. Creo, porque igual resulta que la novela original es así desde el principio y yo no recordaba para nada esa última parte de cuando lo leí hace veinte años. 
Leedlo si sois adultos.

4- Marvel Comics (la historia jamás contada), de Sean Howe.

Un minucioso repaso a la historia de Marvel. Me ha gustado, es ameno y se lee en seguida, pero supongo que si no eres un poco marvelmaníaco no tiene mucho interés. Tampoco puedo decir mucho más.
Para frikis y fanboys.

5- El guardián invisible, de Dolores Redondo.

Una novela negra que me ha gustado mucho. Casi muchísimo. Me ha sobrado [ESPOILER] un poco el elemento fantástico, entre otras cosas porque creo que aparece tarde. Si es una novela fantástica, vale, pero la primera mitad es absolutamente pegada a la realidad, y de repente lo mitológico no es mitológico... No sé, no me gusta. [/ESPOILER] Por lo demás, muy bien. 
Estoy deseando empezar la segunda.
.
6- Y por fin, el silencio, de Alicia G. García.

Otra novela negra. Lo peor de todo ha sido leerla justo después de la anterior, porque coinciden varias cosas: ambas protagonistas son mujeres, policías, y arrastran historias familiares. Así que ha habido momentos en que me despistaba en la lectura y mezclaba cosas con el guardián invisible. Y no sé si ha sido por esto, o por conocer a la autora personalmente, o porque el libro es así, pero me ha dado la impresión de que hay unos cuantos momentos en que la narración es un poco confusa. 
Entretenido, nada más.

7- Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins.

Bueno, pues la novela que dio pie a la famosa película. Con esos antecedentes la verdad es que no me esperaba nada del otro mundo, y sin embargo me ha gustado bastante. Tiene un par de cosas que chirrían un poco, como esos pájaros espía en un mundo donde la tecnología hace aparecer y desaparecer aerodeslizadores en el cielo, pero por lo demás está bien. 
Tampoco es que me haya dejado loco de ganas de leer el siguiente.

8- Petirrojo, de Jo Nesbø.

Pues otra novela negra, se ve que me estoy aficionando al género. Esta vez es noruega, y además de su cadáver, sus policías y sus misterios, la historia tiene un poco de la Segunda Guerra Mundial y sus nazis, sus resistencias y sus traiciones. 
O sea, que muy bien.

9- El Círculo, de Bernard Minier.

Segunda parte o continuación de Bajo el hielo, al principio se me ha hecho un poco difícil. Pensé que tanta novela negra se me estaría atragantando, pero luego no: entras en la historia y quieres más, y más, y seguir leyendo. A pesar de eso, esta segunda parte me ha gustado un poco menos que la anterior, y me habría gustado más protagonismo de Samira y Espérandieu, que aquí participan mucho menos que en la primera parte. 
Casi tan recomendable como la primera parte.

10- (Cosas que le pasan a...) Una madre sin superpoderes, de Ana Ribera García-Rubio.

Es el libro que ha escrito @molinos1282, la del blog Cosas que (me) pasan, y claro, es como el blog. Después de la decepción que me llevé el año pasado con el libro de Ana Milán me esperaba algo parecido, pero no: es bastante mejor. Lo que pasa es que el texto está sacado en su mayoría del blog, corregido y aumentado, y lo que ha quedado... pues es como leerse el blog. Que es un blog muy bueno, cierto, pero es que no es lo mismo un blog que un libro. Y aunque me lo he leído más o menos rápido y con gusto, no es como los libros buenos buenos, que son los que no quieres cerrar nunca y no ves la hora de abrirlos de nuevo. Con este no pasa. 
Está bien, pero mejor te lees el blog.

11- Pasado perfecto, de Leonardo Padura.

Probablemente sea el libro que menos me haya gustado este año. También es novela negra, y transcurre en Cuba alrededor de 1990. Y supongo que el ser una novela cubana es uno de los inconvenientes: yo iba leyendo tranquilamente en modo "normal", y de repente una expresión o algo me hacía cambiar a modo "cubano". Y leer impostando el acento es muy incómodo. Aparte de eso, la historia tampoco es que me atrapara demasiado.
Prescindible.

11 bis - El beso de la sirena negra, de Jesús Ferrero.

No lo cuento del todo porque no me lo he acabado. No me gusta dejar libros a medias, pero menos me gustaba leer esto. Así que lo he dejado.
Una puta mierda.

12 - 20 polvos, de Rafael Fernández.

De este libro ya hablé aquí.

13 - Los desorientados, de Amin Maalouf.

Me ha pasado una cosa muy rara con este libro. Por un lado, mientras lo leía estaba interesado en él. De hecho, es la primera vez que me dan ganas de subrayar un libro. Un par de veces, además. Pero en cuanto cerraba el libro, nada. No tenía ningún interés por seguir leyendo. Así que me ha costado un poco terminar con él. Por otro lado, el final no me ha gustado nada.
No es para mí.


14 - El gato, de Georges Simenon.

Saqué este libro de la biblioteca (mi lector electrónico ha muerto) pensando que sería otra novela de (¿el inspector, comisario, detective?) Maigret. Me equivoqué. Nada que ver. Lo cierto es que la primera parte es interesantísima, pero poco a poco va decayendo y al final es... Pues no sé. Poco interesante. 
Meh.

Y bueno... esto es un poco embarazoso. Resulta que recuerdo haber leído Némesis, de Jo Nesbø, pero no lo apunté en su momento... así que ahora no puedo decir nada al respecto. Pero en total han sido quince libros leídos este año, tres más que el anterior, si no recuerdo mal.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Veinte polvos

Normalmente escribo la reseña de los libros que leo para publicarlas todas juntas al inicio del año siguiente (y cuando digo "normalmente" quiero decir que empecé el año pasado, y, si continúo haciéndolo, en enero publicaré la segunda entrada de este tipo). Pero me acabo de leer un libro y me veo impelido a escribir una entrada aparte sobre él.
El libro es "20 polvos". Y el autor es Rafael Ferández. Su blog es este, y su twitter ahora es este, y este es el que le suspendieron por hacer cosas que no debía.
Rafael Fernández es canario, y vive en Asturias con su mujer ucraniana. Como no encontró editorial que quisiera publicar sus libros, se dedica a la autoedición. Y, claro, eso se nota.
La primera vez que leí algo suyo fue un blog que tenía hace un montón. Igual diez años.Lo descubrí un día, y creo que ya había dejado de escribirlo, y en una semana o así me lo ventilé entero. O casi. Ese blog acabó siendo una novela: Diarios de sexo y libertad. Y lo que leí me encantó, y por eso me alegré cuando volví a dar con él en su blog, que leo regularmente. También lo sigo en twitter.
En cuanto a 20 polvos, lo primero que notas al abrir el libro es que la maquetación es... rara. Aprovecha demasiado la página, dejando un margen muy estrecho. Y aunque el tamaño de la tipografía es bueno, tiene un interlineado de mierda que apretuja las líneas unas contra otras. Feo, muy feo. Cuesta entrar ahí, pero se puede hacer.
También se nota la autoedición en las faltas de ortografía. Se le ha escapado alguna por ahí. Y puede que a vosotros no, pero a mí me desagrada y me incomoda mucho encontrarme faltas. Me sacan de la historia, el texto entero [pieder] pierde credibilidad y verosimilitud. Sí, vale, puede que sea un poco maniático.
Luego está el estilo. Rafael hace una cosa que me pone un poco nervioso: encadena los dos puntos: uno detrás de otro: un párrafo entero: me vuelvo loco: no puedo más. Así que los dos puntos pierden su significado, y en realidad podría poner guiones, almohadillas, líneas verticales o cualquier otro símbolo. No me gusta. Ya lo hacía en aquel blog, es cierto, pero yo no recordaba que fuera tan exagerado.
Y la historia. Nos cuenta en primera persona unos meses de la vida de Sigmundo, su álter ego, un ser mezquino, rastrero, racista, machista, con delirios de grandeza, cuya trayectoria vital coincide en gran parte, al parecer, con la del autor. Y es tan deleznable el personaje que me resulta imposible empatizar con él, así que me da un poco igual lo que le pase. Y, otra vez, no es así como yo lo recordaba. Si bien en mi recuerdo Sigmundo hablaba mal de todas las mujeres con las que se acostaba, no era un personaje tan absolutamente despreciable como ha resultado ser en este libro.
¿Sabéis cuando tienes muchas ganas de leer, ver o escuchar algo, y por fin lo tienes delante, y acabas absolutamente decepcionado? Me pasó con  Sexo en Milán, me pasó con Los Guardianes de la Galaxia, me ha pasado con 20 polvos. Y ahora no sé qué hacer. Por un lado me apetece leer Diarios secretos de sexo y libertad, para ver si cuadra con mi recuerdo, y por otro lado me pide el cuerpo dejar de lado las novelas de Rafael Fernández y seguir leyendo su blog, que suele ser interesante.

[Actualización: Aquí el autor habla de mí sin mencionarme. Me dedica todo un párrafo.]

sábado, 4 de enero de 2014

Lo que he leído en 2013

Siguiendo el ejemplo de insignes blogueros como Bich, Molinos o el tito Rinze (que ya no, pero antes sí lo hacía), voy a dejaros unas breves reseñas de lo leído a lo largo de este año. Claro que ellas hacen listas como estas cada mes, pero yo no leo tanto. Así que una al año, para empezar, no está mal. Allá vamos:

1- Misión Olvido, de María Dueñas.

Venía dentro del libro electrónico que me trajeron los Reyes. Los Magos, digo, porque los Borbones todavía no me han traído nada. Venía también el primero de las sombras de Grey, pero no me apetecía leerlo (de hecho, tenía tan pocas ganas de leerlo que lo borré). Al principió me pareció que no me iba a gustar nada. Afortunadamente, no fue así. Me recordó, mientras lo leía, a Almudena Grandes, más que nada por tratar dos historias a la vez, una antigua y otra moderna, y como con la Grandes, me gustó más la antigua.
Total, que si lo tenéis por ahí a mano, lo leáis, coño.

2- Choque de reyes, de George R. R. Martin.

Con estos libros, con tanto personaje, me pasa una cosa: se me olvida quién es quién. Así que al principio me dio un poco de pereza, pero al segundo capítulo ya estaba enganchado como a la drogaína. Es una pena haber visto la serie antes de leer los libros, porque ahora me da igual la descripción que haga el autor de los personajes, la representación mental que me hago de ellos es la de los actores.
En cualquier caso, mola mucho.

3- Sexo en Milán, de Ana Milán.

A mí lo que me pasa es que soy muy crédulo. La autora (@_ANAMILAN_ en twitter) retuitea las alabanzas a su obra que le llegan y yo, como soy tonto, me lo creo todo. Así que muy decepcionado: me esperaba un festival del humor, una cosa así como superdivertida, y nada de nada. En realidad, es una obra colectiva: un montón de famosos aportan recetas y anécdotas, con más o menos gracia, y Ana Milán hace de hilo conductor.
Que no.

4- Tormenta de espadas, de George R. R. Martin.

Me sigue pasando lo mismo: me pierdo con tanto personaje. Habla de unos y otros y yo no sé si un personaje determinado aparece por primera vez o es un "secundario" del que debería acordarme. Aparte de esto, tiene un tramo en la primera mitad que me ha costado, me invadía la pereza y Daenerys de la Tormenta me resultaba terriblemente cansina. Luego se anima, vuelve a ser lo que era y a molar mucho.
Jon, Arya y Tyrion, mis preferidos, sin duda.


5- Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain.

Tenía ganas de leer un clásico, y entre tomo y tomo de Canción de Hielo y Fuego me he puesto con esto. La verdad es que me ha costado. No es que me supiera la historia (al empezar solo recordaba el episodio en el que pintan la valla, y eso es de lo primerito), no sé si es que el texto es antiguo, o la traducción, o qué, pero me he tenido que esforzar durante gran parte del libro, que es una birria de menos de 200 páginas. Tenía intención de continuar con Huckelberry Finn, pero no sé si animarme con ello.

6- Festín de cuervos, de George R. R. Martin.

Y ya van cuatro de la saga. Saga que empieza a hacérseme larga, la verdad. He echado de menos a muchos personajes, y he acabado hasta las narices de los que sí aparecen. Por otro lado, si ya me pierdo con los personajes, no os quiero decir con la geografía: y en este libro se descubren un montón de exóticos lugares nuevos Me cuesta ubicar Ciudad Real en un mapa de España, como para hacerme una idea de dónde quedan el Rejo o Antigua.

7- Danza de dragones, de George R. R. Martin.

Por fin, el quinto. Ahora podré descansar hasta que se publique el sexto. Ha sido un poco tortura por leer una traducción pirata, llevada a cabo por un colectivo de traductores voluntarios con más voluntad que conocimiento. Un error que no volveré a cometer: merece la pena esperar a una traducción en condiciones. En cuanto a la historia, básicamente pasa lo mismo que en el anterior tomo: aparecen todos los personajes a los que echaba de menos, y (casi) no aparecen los demás. El problema de los lugares exóticos es igual, pero peor, y básicamente avanzar en la lectura ha sido un sufrimiento hasta los últimos capítulos. Eso sí, ¡qué últimos capítulos!

8- Intemperie, de Jesús Carrasco.

Es corto: 132 páginas. Pero es intenso, muy intenso, y aún así la historia te atrapa, y además cuenta con una gran riqueza léxica. Todo lo contrario a la saga de Canción de Fuego y Hielo: frente a los miles de páginas de aquella, poco más de cien; frente a la gran cantidad de personajes de George R. R. Martin, poco más de dos; no es una traducción, sino una obra en español, en la que las palabras parecen haber sido escogidas una a una. Me ha encantado, probablemente lo mejor del año. Una maravilla.

9- Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri.

Aquí mi dealer me ha fallado. Es una colección de cuentos que tienen en común que los personajes son bengalíes en Estados Unidos, y tratan básicamente de las relaciones personales, los sentimientos y el choque cultural. Pues mira: yo ya tengo sentimientos y relaciones personales, a Dios gracias; y para choque cultural el que tengo con mi señora, que ella es asturiana y yo madrileño. Algunos de los cuentos son continuación de otros, pero no todos. No es que sea un ladrillo, pero tampoco me pasaba nada por perdérmelo.

10- La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.

Atrapado. Así me quedé nada mas empezar el libro. Tiene algo que me ha forzado a leer deprisa, y lo he devorado en seguida. En conjunto es una novela estupenda, aunque tiene algún escollo narrativo que me recuerda al "Clan Ya-Ya" (una peli de Sandra Bullock peor que prescindible). Pero salvo ese recurso barato para mantener la tensión me ha encantado.

11- El hobbit, de J. R. R. Tolkien.

Es la tercera vez que lo leo, por lo menos, aunque es la primera que lo hago en voz alta. Un experimento para entretener a los niños mientras cenan. Creo que ha salido bien. En cuanto al libro, ya sabéis: un cuento de trescientas páginas que no tiene nada que ver con su ladrillera continuación. Muy entretenido.

12- Los que se echaron al monte, de Isidro Cicero.

Un compromiso. Me lo regalaron de despedida en el trabajo. Al dármelo me dijeron que pensaban que me interesaría, porque me gustan el rollo folkie, la historia, el costumbrismo y esas cosas. Y de eso, la verdad, tiene poco. Da un repaso a los maquis del occidente cántabro y los Picos de Europa, centrándose en Juanín y Bedoya. Absolutamente prescindible.

Y ya. Doce meses, doce libros. Es poco, aunque sea mucho más que el año anterior. Espero que este 2014 me cunda más. De lo que he leído, os recomiendo Misión Olvido, Intemperie y La verdad sobre el caso Harry Quebert.

viernes, 8 de marzo de 2013

Actividades extra escolares

Hace alrededor de dos meses empecé a llevar a mis hijos a una actividad extra escolar  Encajaba bien en la agenda, solo nos quedaba una hora muerta, y pensé que sería buena idea pasar ese rato en la biblioteca con ellos. El primer día llegamos a la biblioteca, y no podemos entrar en la sala infantil porque se está desarrollando una actividad de animación a la lectura: cuenta cuentos. Me digo: vaya, qué mala suerte.

La semana siguiente volvemos, y nos encontramos con lo mismo. Mientras la bibliotecaria atiende una llamada telefónica, mis hijos miran a la cuenta cuentos desde el otro lado de la puerta de cristal. Evidentemente, viendo a la intérprete de lado, y sin oír el cuento, en seguida dejan de prestar atención y empiezan a comportarse como corresponde a personas de su edad. Yo, mientras, espero a que la bibliotecaria acabe de atender la llamada telefónica. Al poco, cuando los niños estaban jugando con una estantería en forma de cono, o más bien de abeto, situada al lado de la sala infantil y sin fijar al suelo, aparece otra bibliotecaria que me advierte de que mis hijos podrían estar en peligro jugando con esa estantería. Yo le respondo que en cuanto nos atiendan nos vamos. Y ella me da a entender que si estoy allí, lo estoy viendo y no hago nada, como ocurra una desgracia la biblioteca no se hará responsable. Yo le digo que sí, que vale. Y ella pasa mil de mí y de mi consulta.

Por fin la otra cuelga el teléfono, y por fin me entero de que los cuenta cuentos se celebran todas las semanas, el mismo día a la misma hora, y que yo lo habría sabido si hubiera consultado en internet o en los carteles informativos que hay a mi espalda. Yo me cabreo y le pregunto cómo poner una queja.
Así que la puse. Desgraciadamente no conservo el texto de mi queja, pero venía a exponer que me parece mal que, para promocionar la lectura entre los niños, se cierre la sala infantil de la biblioteca. Que lo importante es el préstamo de libros, y lo demás puede estar muy bien, pero es secundario.
Y ha tardado, pero por fin me ha llegado respuesta del Ayuntamiento. Copio y pego:


"Estimado Sr.:

Vista su reclamación por esta ocupada la sala infantil de la biblioteca de la Calzada por actividad de cuentacuentos y siguiendo las indicaciones de la Alcaldía, le comunico lo siguiente:

El cometido básico y fundamental de toda biblioteca pública es, tal y como usted mismo apunta, facilitar el acceso a los libros y a la lectura, ya sea para el estudio, la consulta o para el préstamo de cualquier tipo de documentos disponibles y por lo tanto ésta es también la función  principal de la Red Municipal de Bibliotecas.
Sin embargo, desde hace décadas, todos las organizaciones profesionales, tanto nacionales como internacionales  aconsejan la puesta en marcha de actividades de animación a la lectura que promuevan el acercamiento de los libros a sus lectores potenciales, haciendo especial hincapié en las destinadas a crear el hábito lector entre los más jóvenes.
Con este marco de referencia, y como respuesta además a una importante y contrastada demanda, que como servicio público estamos obligados a intentar satisfacer, la Red Municipal de Bibliotecas programa en todos sus puntos de servicio una serie de actividades de animación a la lectura tanto para el público infantil como adulto, teniendo siempre presente que se trata de un servicio complementario (alrededor del 1,6 % del número total de horas de apertura de cada una de las bibliotecas).
Por otra parte en todas las bibliotecas y en la web de las bibliotecas municipales (http://bibliotecas.gijon.es/) se pueden consultar los calendarios de estas actividades, para  información general, no solo para usuarios interesados, sino también para aquellos que quieren evitar coincidencias no deseadas.
Lamentando sinceramente la contrariedad que pudo causarle a usted y a sus hijos no poder utilizar la sala infantil en el momento de su elección, esperamos acepte las explicaciones intentando evitar así que se vuelvan a repetir este tipo de incidencias.

Agradecemos su confianza y dejamos constancia de su reclamación registrada con el núm. 2XXXXXXXX9 que junto con las de otros ciudadanos, nos ayuda en nuestro objetivo de conseguir una mayor calidad en los servicios que prestamos.
Lo que le comunico a los efectos prevenidos en el art. 126.3 del Reglamento Orgánico de Funcionamiento del Pleno del Ayuntamiento de Gijón/Xixón."

Pues me parece mal.
La biblioteca de La Calzada está en un Centro Municipal Integrado, que es un edificio muy grande en el que hay muchas aulas. Siempre hay al menos una vacía: los cuenta cuentos se pueden realizar fuera de la biblioteca.
Y ahora resulta que, antes de ir a la biblioteca, tienes que consultar si estará disponible o no. Por que puede ser que esté abierta, pero no puedas usarla por no haber consultado antes en internet o en los puñeteros carteles de la propia biblioteca.

A ver, que es cierto que me cabreo porque me chafan el plan, porque si hace buen tiempo echamos esa hora en el parque, pero si llueve (y en Gijón a veces llueve), nos tenemos que quedar en la entrada del Centro Municipal Integrado haciendo nada (no toques, no corras, no grites...) esperando que llegue la hora de subir al cuarto piso. Pero eso no quita que me parezca mal que cierren la sala infantil de la biblioteca. Que te avisen de que la culpa será tuya si se cae la estantería que ellos han colocado mal. Y otras cosas que han ocurrido antes, como que te echen de la biblioteca si vas a estudiar, porque para eso hay un aula de estudio más arriba.

viernes, 7 de diciembre de 2012

OVNI

En el andén, Paco esperaba entre la multitud. Ya se había acostrumbrado al vacío que le rodeaba: nadie se acercaba a menos de metro y medio de él, hiciera lo que hiciera. Ya había pasado la época en que se ponía justo en la puerta de salida del colectivo, impidiendo su uso y obligando a la masa a desalojar por las ventanas. Aquello ya no le divertía, y empezaba a echar de menos su casa, su familia, sus amigos y todos esos tópicos que uno echa de menos cuando se va a otro país. Mucho más, claro, cuando te has ido a otro planeta.
Entonces llegó un vehículo pequeño, y la burbuja a su alrededor se hizo más grande, y Paco se acercó dando ridículos saltitos, y entró. Se sentó en el asiento adaptado a su tamaño y se ajustó las correas mientras saludaba, sonriente, al Gran Crilkx.
-¡Cuánto tiempo! Pensé que ya te habías olvidado de mí.
- Imposible. Sabes que nunca olvido nada. - El Gran Crilkx estaba especialmente serio, y su voz sibilante y reptiliana daba un poco más de miedo que habitualmente.
La pequeña nave se elevó sobre el andén del intercambiador de transportes, dejando sitio al siguiente colectivo. A Paco, como siempre, le pareció que los motores de la nave debían haber abrasado a unos cuantos de estos seres, pero se abstuvo de comentar nada al respecto.
-¿Cómo han ido tus experimentos? Has estado mucho tiempo fuera. - Paco le miraba la cara, y a las manos,  y otra vez a la cara.
- No lo sé. Tendremos que hacer unos cuantos más antes de poder valorar los resultados. De momento no podemos sacar conclusiones de ningún tipo.
A Paco los experimentos de su amigo le daban bastante igual. Así que cambió de tema rápidamente, temiendo que le empezara a aburrir de nuevo explicándole los entresijos del sistema solar en que se encontraban. Como si a Paco le importaran el tamaño del planeta, el número de satélites que tenía y la distancia a la Tierra.
- Hay que ver... Llevo un montón de tiempo aquí, y hay algo a lo que no logro acostumbrarme.
El Gran Crilkx no respondíó.
- Vuestras manos. Son tan raras... sin palmas, esos cuatro dedos de cinco falanges, ese aspecto húmedo... Lo cierto es que dan un poco de grima.
El Gran Crilkx seguía con la mirada fija en el horizonte, pilotando la nave y abstraído en sus pensamientos.
- Sin embargo a vuestras caras sí que me he acostumbrado. Ya no me dais miedo, jejeje...
El Gran Crilkx emitió algo parecido a un suspiro, y siguió con lo que estaba.
- Creo que se acerca el momento de que me expliques un par de cosas. - Paco empezaba a estar un poco nervioso. No era normal que el amigo estuviera tan callado. Siempre estaba contando cosas, y, sobre todo, haciendo preguntas sobre los seres humanos y la vida en la Tierra. - Cuando me preguntaste por nuestra reproducción... Parecías sorprendido por mi respuesta. ¿Cómo lo hacéis vosotros?
Fingía desinterés, mirando por la ventanilla de la nave, el sol y la luna pequeña eclipsándolo, como todas las tardes; en realidad no había dejado de darle vueltas al asunto desde que había intuido que estos seres tenían más de dos sexos.
- Bueno, Paco... Supongo que te interesa más el aspecto físico que los pormenores de nuestra triple hélice de ADN. Así que te resumiré: tenemos tres sexos. Dos depositan su... información genética en el tercero, en el que los tres se combinan, e incuba la primera fase de la nueva vida. Luego expulsa algo parecido a un huevo, que es recogido, cuidado y alimentado por otro, hasta su nacimiento. No insistas que no me gusta hablar de esas cosas.
- Eh... Caray. Supongo que no tendréis documentales de eso, ¿no?
- Los tenemos, pero tú no vas a verlos. - El Gran Crilkx conectó el piloto automático, ya fuera de la ciudad, y se volvió hacia Paco. - Mira, como podrás ver, no vamos a mi despacho, ni a mi casa, ni al laboratorio. Tengo que hablarte de mis experimentos...
Paco le miró, intrigado, y empezó a sentir, sin saber por qué, cierto picorcillo en la espalda, justo entre los omóplatos. Muy incómodo.
- Vas a formar parte de ellos. Verás, te he mentido: no eres el único terrestre que tenemos aquí. En realidad, tenemos varios cientos. Y vamos a juntaros en pequeños grupos, aislados, y a ver qué pasa. Así que hoy va  a ser la última vez que nos veamos. Ahora te dejaré en la granja, donde te van a desinfectar, y te meterán con otros once seres humanos. Queremos investigar cómo os relacionáis.
- Pero... ¿Encerrados? ¿Once? ¿Cuánto tiempo?   ¿Por qué? - Ahora estaba sudando, mucho, especialmente por las palmas de las manos.
- Encerrados, para que estéis obligados a interactuar. Es lo que queremos ver. También tenemos curiosidad por vuestra reproducción, vuestas respuestas han sido siempre muy imprecisas. De todas formas, has tenido suerte: vamos a meterte con once hembras en edad reproductiva, machote.

martes, 10 de julio de 2012

Basado en hechos reales (II)

Yo compartía con mi novia un mini de calimocho en un bar de Malasaña. Era la primera vez que íbamos a ese bar, y nunca volvimos, pero aun así recuerdo el nombre: el Aenima. Fue hace tanto tiempo que no solo se podía fumar en los bares, además nosotros lo hacíamos regularmente. Y tan regularmente fumábamos que nos quedamos sin tabaco, con la mala suerte de que en el Aenima no vendían.
Así que fui de bar en bar buscando tabaco, mientras ella me esperaba con el calimocho. Tras tres o cuatro intentos fallidos, llegué a un local en cuya puerta había un señor, que al intentar entrar me dijo algo de una fiesta. Yo le informé de que no quería más que comprar tabaco, y él me abrió la puerta mientras me intentaba decir algo con la mirada, que yo no entendí.
Y al abrir la puerta, aún sin entrar en el local, choqué con la mirada de un hombre algo mayor que yo, rapado, con gafas de montura metálica, entre delgado y fibroso, que, mientras me desnudaba con los ojos, le daba vueltas a su pene: estaba desnudo. ¡Claro! El señor de la puerta me había dicho que había una fiesta sin calzoncillos. Miré a mi alrededor, y descubrí, al lado del ropero en el que otros dos hombres se desnudaban, la máquina de tabaco.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Plagiocefalia (y II)

Entro en el supermercado con los niños, y, al ver a Sergio, una mujer me dice:
- ¡Ay! Tengo una amiga que tenía una hija que llevaba un casco como ése, y quedó estupenda.
Yo la miro, entre malhumorado e inexpresivo. Es decir, borde. La mujer se da cuenta, e insiste:
- Quiero decir que funciona muy bien...
Yo respondo, murmurando en el mismo tono que mi cara:
- Lo sé, ya vamos viendo cómo progresa.
La mujer no se rinde, intenta arreglarlo:
- Lo digo por animarte...
Bajo a un tono un poco más desagradable, y respondo:
- Gracias.
Empiezo a darme la vuelta, y la mujer remata:
- Que Dios te bendiga.
- Dios no existe, señora.


***   ***   ***   ***   ***

Evidentemente, la frase en cursiva no la he pronunciado. El resto es una transcripción bastante fiel de lo que ha ocurrido esta tarde. Hace ya un tiempo que debería haber escrito esto, pero he estado algo ocupado, ha pasado la tensión inicial y, sobre todo, sigo siendo el mismo vago de siempre. Como lo prometido es deuda, aquí va un pequeño resumen de lo ocurrido desde la última actualización:

1- La cabeza de Sergio no había progresado tanto como dije. Dado que yo fui a las consultas, al haber intermediarios se multiplican los errores de transmisión. Donde dije que el índice había descendido a 87 debería decir a 89.
2- El Dr. Arteaga recomienda el uso de ortesis craneal (el casco) para índices superiores a 89. Por debajo, tan cerca de la normalidad, no lo recomienda, pero tampoco lo desaconseja.
3- Aparte de Doc-Band, de la que ya hablé, hay otras dos marcas, que según el mismo Dr. Arteaga son igualmente eficaces. Una de ellas es Starband, que también es de fabricación estadounidense. Para sacar el molde de la cabeza utilizan un escáner tridimensional, y no el molde  de escayola de Doc-Band; luego en vez de dos semanas son veinte días mínimo lo que tardas en recibir el casco. No recuerdo el precio, pero era unos mil euros más barato que Doc-Band. La tercera marca es Ortoibérica, que fabrica la ortesis craneal Helios. La fábrica está... en Asturias. Así que te hacen el escáner tridimensional de la cabeza del niño, y en tres días tienes el casco en las manos. De precio, menos de un tercio de una Doc-Band. Sí, habéis leído bien: aproximadamente un 67% menos.
Sabiendo que del Dr. Arteaga nos fiamos, y que dice que las tres opciones son igualmente buenas, adivinad cuál lleva Sergio...

Entre unas cosas y otras, lleva un mes con el casco. En este tiempo ha mejorado lo suficiente como para apreciarlo a simple vista: prácticamente ya no tiene nada plano en la cabeza, si bien todavía es asimétrica. De todas formas ha mejorado bastante y somos optimistas en cuanto a su progresión, aunque suponemos que deberá llevarlo todavía durante dos o tres meses más.

Y creo que ya no tengo nada más que decir sobre esto.