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viernes, 14 de enero de 2022

Lo que he leído en 2021

1.- ¿Que ven los astronautas cuando cierran los ojos?, de Antonio Martínez Ron

Igual recordáis que dije una vez que no me gustan los libros de cuentos. Bueno, pues este no es un libro de cuentos, sino de artículos sacados de un blog, que viene a ser, más o menos, lo mismo. A ver: es, sin duda, interesante. Lo malo es que yo seguía ese blog, así que casi todos los artículos me sonaban, aunque no los recordase. Y que, bueno, no me gustan los libros de cuentos ni los libros de artículos de un blog que ya he leído. Así que me ha costado la vida entera acabarlo.
Por lo demás, está bien. 

2.- Tempus fugit Ladrones de almas, de Javier Ruescas

Bueno, pues una novelita juvenil que me ha costado la vida entera acabarme. Y mira que es eso, juvenil: ninguna dificultad para leerla, más allá de la brutal falta de interés tanto en la trama como en los personajes.
No perdáis el tiempo.

3.- Una novela criminal, de Giancarlo de Cataldo

Empieza muy bien, pero se va deshinchando. Al final me ha costado muchísimo acabar. Especialmente, cuando cerca del final tienes dos capítulos "raros": uno es un documento judicial y otro una entrevista. Para cuando los he acabado, ya no me interesaba lo más mínimo la vida de los protagonistas y he continuado por pura cabezonería.
Es demasiado largo.

4.- Los asquerosos, de Santiago Lorenzo

La verdad es que este tuve que empezarlo dos veces, la primera no me enganchó y lo dejé tras leer un par de páginas o menos. Tiene un estilo un poco recargado, se regodea en el insulto rebuscado y eso, hasta que te haces, cuesta. Una vez que te acostumbras, se avanza con facilidad y la historia es más que interesante.
Muy recomendado.

5.- La aventura del abrigo amarillo, de Adela Torres "Daurmith"

Una novela corta la mar de entretenida. Me ha gustado tanto que ahora no quiero leer nada del Sherlock Holmes original, porque seguro que me gusta menos.

6.- Ética para inversores, de Petros Márkaris

Se supone que es novela negra, pero a mí me ha parecido más costumbrismo griego que otra cosa. La verdad, no me ha interesado nada. No me gustan, en general, las novelas narradas en presente y primera persona: me chocó mucho la primera que leí, pero pasada la novedad me resulta engorroso. También ocurre que tiene dos narradores distintos, y el primer cambio, sin avisar, lo enreda todo un poco más.
Lo peor es que me ha dejado frío.

7.- Pollo en pepitoria, de Andrés Zelada

Sigo a este autor en Twitter desde tiempos inmemoriales. También leo regularmente sus dos blogs, así que tengo la sensación de que le conozco, de que somos amigos. Totalmente falso, claro, pero la sensación está ahí. Así que cuando tuve noticia de que había publicado un libro en papel no tuve más remedio que comprarlo. Y me alegro mucho. Es una novela corta: tiene 200 páginas, pero son páginas muy pequeñitas. Se lee, literalmente, en dos viajes en tren.
No puedo decir más que que me ha gustado mucho y que la leáis.

8.- Isla, de Eva Duncan

Cogí este libro por aprovechar los gastos de envío de Pollo en pepitoria. No voy a decir que lo lamento, pero tampoco ha sido la compra del año. Me ha recordado mucho al Infinitas de Haizea M. Zubieta, que leí el año pasado, quizá por el poso juvenil que tiene. Es entretenida, sí, pero le falta algo que no sé muy bien qué es. Bueno, hay una cosa que sí echo de menos: una descripción un poco detallada del personaje que da título al libro. Me ha rechinado mucho no poder hacerme una idea clara de su aspecto físico. 
Entretenidilla, sin más. 

9.- El lejano país de los estanques, de Lorenzo Silva

Si no me equivoco, es la primera aventura de Bevilacqua y Chamorro. Me ha gustado bastante que es una verdadera investigación de un crimen, en otras novelas posteriores de estos personajes parece que la investigación pierde importancia frente a otros factores. Aquí no: es una investigación criminal por encima de todas las cosas, aún por encima del habitual lenguaje rebuscado del protagonista. Aquí casi habla como una persona normal.
Se lee en dos patadas y es más que entretenida.

10.- La caza del último ojáncano, de G. G. Lapresa

Otra novela corta de la editorial Cerbero. La compré básicamente por los mismos motivos que Pollo en pepitoria: sigo al autor en twitter y reviso con frecuencia el blog en el que ya no publica nada, y parece ser un tipo simpático. Y la novela en sí misma está muy bien. Tiene el plus de transcurrir en Cantabria y mencionar varias de sus poblaciones, y yo a Cantabria le tengo cierto cariño. En cualquier caso, es una historia de mitología revisitada que está muy bien.
Leedla. 

11.- A martillazos, de Andreu Martín

Compré este libro en la Semana Negra por dos motivos de peso: de la colección en la que se publicó ya había leído otros dos que me gustaron mucho, y uno de ellos era A navajazos, del mismo autor, y me gustó mucho. Sin embargo, este me ha gustado menos. Es un poco sangriento y cruel, y no me lo esperaba; y sobre todo, no hay un solo personaje que sea normal. Están todos tarados de una u otra manera. No obstante, Andreu Martín es un grandísimo escritor. Si no la leí del tirón es porque no me aguantaba el estómago, más por lo psiquiátrico que por lo sanguinolento. 
No es para todos los públicos.

12.- Las aventuras de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle

Creo que ya he comentado alguna vez que, como norma general, no me gustan los libros de cuentos. Y el problema de este libro no es sólo que sea de cuentos, o narraciones más o menos cortas, sino que además son todo aventuras de Sherlock Holmes, que vienen a ser todas más o menos iguales. En la primera aventura aparece el personaje de Irene Adler, así que pensé que igual se desarrollaba una trama general a través de los distintos cuentos, pero no. Están incluso desordenados en el tiempo. Uno a uno sí que son entretenidos de leer, pero todos seguidos se me ha hecho un poco de bola. Eso sí, he comprobado que el pastiche de Daurmith no desmerece ni un poquito de los originales. 
Es para leer a poquitos, no seáis brutos.

13.- La Compañía Amable, de Rocío Vega

Creo que puedo afirmar que este libro ha sido la gran decepción de este año. Empecemos por el principio: en las primeras páginas reina la confusión y no me enteré de quién era cada personaje, ni quién decía qué. Y no ocurre solo ahí: también ocurre en algunos pasajes de luchas, peleas y batallas, que no me queda muy claro qué está pasando. Luego, el tono educativo o moralizante que subyace en todo el libro. Supongo que lo que pasa es que soy un señor mayor y hay ciertas cosas para las que no estoy preparado. Una de esas cosas es el tercer género gramatical que está prosperando últimamente: pero leer que "elle está cansade" me saca totalmente de cualquier sitio. ¿El problema lo tengo yo, y no el libro? Pues no digo que no, pero hay un capítulo entero así y yo no puedo con eso. Me da mucha rabia, porque sigo en twitter a la autora y tenía muchas ganas de leerla.
Supongo que soy demasiado carca para esto.

14.- La biblioteca de Max Ventura, de Leticia Sánchez Ruiz

No me ha gustado nada, y bien que lo siento, pues me consta que quien me lo regaló me parecia y lo hizo con cariño.
Una trama juvenil, casi inexistente, aderezada con un montón de palabrería y citando libros y autores clásicos, como intentando darle una pátina de erudición. Le pongo una estrella porque no puedo ponerle menos.

15.- La cara norte del corazón, de Dolores Redondo

Precuela de la trilogía del Baztán. Es un poco más de lo mismo, pero en otro sitio, aunque con abundantes flashbacks para que recordemos de quién estamos hablando.
Me ha gustado mucho más la parte moderna y americana. De toda la trilogía, las tramas relativas a la madre de la protagonista son, de lejos, lo que menos me gusta. En cualquier caso, me ha resultado muy entretenido y me ha tenido enganchado a tope.


***


Creo que esto es todo, aunque entre Goodreads y el blog me he liado un poco y no sé si se me habrá despistado alguno. Quince libros, de los cuales un tercio han sido escritos por mujeres. El que más me ha gustado, sin duda, Pollo en pepitoria. Y la mayor decepción, también sin duda, La Compañía Amable. 

A ver qué tal se me da el 2022.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Han pasado quince años

Yo en aquella época trabajaba  en la calle Fernández de los Ríos. A veces, mi novia venía y comíamos un menú del día por la zona. No siempre, pero casi, íbamos al mismo sitio. Puedo recordar perfectamente la esquina en que estábamos comiendo aquel día.
Mi madre llevaba casi una semana hospitalizada. Era viernes, y el lunes había sufrido un infarto. Después del susto inicial, todo iba bien; aquel día le iban a hacer un cateterismo. En aquella comida yo le decía a mi novia que, cuando mi madre saliera del hospital, tendría que venir a comer a casa un día para presentarla.Ya llevábamos saliendo más de un año.

Estábamos con los postres cuando llamó mi hermano Ricardo:
- Me han llamado del hospital. Mamá está mala. Ve corriendo.

Dejé allí a mi novia y fui corriendo al metro. Tiempo después (no recuerdo si días, semanas o meses) me confesó que ella supo lo que había pasado en cuanto oyó la llamada. Yo no.

***

¿Habéis ido en metro al Hospital Universitario La Paz? Una salida del metro Begoña da al hospital, pero en realidad esa estación de metro está al otro lado de ese tramo de autopista que es, a la vez, el inicio de la carretera de Colmenar y la M-30. Cinco carriles por sentido, si no recuerdo mal. Y todo eso lo tienes que cruzar bajo tierra, por los túneles del metro. Da tiempo a pensar mucho mientras cruzas esos túneles...
Fue al salir del vagón cuando lo pensé por primera vez. ¿Y si se ha muerto? Y durante todo el tiempo que tardé en salir de los túneles tuve un diálogo interior circular: "no, es imposible, es muy joven", "sí, pero, ¿y si se ha muerto?"

***

No sé muy bien cómo llegué, pero sí recuerdo cómo era aquel pasillo: oscuro, no muy ancho, para ser un hospital, vacío, salvo dos personas a medio camino... y se oía perfectamente a una mujer que lloraba a voces. Y pensé, pobre mujer, lo que le haya pasado no se lo deseo a nadie. Me acerqué a preguntar a esas dos personas que había en medio del pasillo. Una de ellas se marchó discretamente. La otra resultó ser el médico que le había practicado el cateterismo a mi madre.

El médico ( algo más bajo que yo, pelo castaño claro, con gafas redondas) empezó a hablar, y no recuerdo ni una palabra de lo que dijo. No me enteré. Me estaba explicando cómo había muerto mi madre. Yo de eso me enteré después, cuando uno de mis hermanos se lo explicaba a otra persona, porque en cuanto el médico empezó a hablar, me di cuenta de lo que me estaba explicando y me dediqué a intentar contener las lágrimas y asimilar lo que me estaba diciendo. Cuando acabó de hablar, le pregunté si había alguna posibilidad de que nos hubiéramos confundido y me estuviera hablando de otra persona. No sé, a veces se oyen historias de médicos que se equivocan y cortan la pierna buena, y cosas así. Quizá se había muerto la madre de otro... pero no. Me preguntó el nombre de mi madre, se lo dije, y negó con la cabeza. Entonces ya no pude contener las lágrimas, y llorando le pregunté dónde estaba mi familia. Abrió una puerta, y allí estaban mi padre, mis hermanos y mi hermana mayor, que resultó ser la mujer que lloraba a voces.

***

Ya han pasado quince años.