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viernes, 8 de junio de 2018

He ido al cine

Pues tenía muchas ganas de ver Vengadores: Infinity war (curioso título bilingüe), y por circunstancias que no vienen al caso no he podido verla hasta un mes después del estreno. Y tantas ganas tenía que ahora estoy medio decepcionado, y tengo la necesidad vital de poner por escrito las sensaciones que me ha dado la película.
Os advierto de que la crítica cinematográfica se me da tan mal como la literaria, así que no esperéis gran cosa. Y también aviso: habrá espoilers, o en castellano antiguo, si no la habéis visto os la voy a destripar. En vuestra mano queda seguir leyendo o no.

* * *

 La primera parte de la peli está muy bien. Un ritmo brutal, peleas chulas cada dos por tres... la aparición del Capitán América, el Halcón y la Viuda Negra me tenía con una sonrisa que se me salía de la cara, casi llorando de la emoción. Y es todo así, hasta la conversación de Thanos y Gamora. Ahí el ritmo baja, intentado dotar a Thanos de emoción y sentimientos... y la película no sé, pero yo ya no me recuperé hasta el final de la peli. Ya todo se me hizo lento y pesado. Más o menos.

Eché de menos a Ojo de Halcón. La excusa que se da para que este y el Hombre Hormiga no aparezcan es muy muy muy cutre: ¿no van a salvar al universo (no al mundo: al puto universo) porque han llegado a un acuerdo y están en arresto domiciliario? ¿En serio? Amos, no me jodas. Ojo de Halcón es uno de los miembros originales de los Vengadores cinematográficos. Se merece un poco de casito, ya que no tiene, ni parece que vaya a tener, peli propia.

También eché de menos a la Viuda Negra. Es un personaje al que he cogido cariño en el cine, me gusta cómo se ha definido, y lamento que tenga tan poca presencia en esta película, y que tampoco tenga peli propia. Me gustó mucho en la primera cómo se explican sus habilidades, que no superpoderes. La escena en que se la presenta, aparentemente siendo interrogada, cuando está en realidad sacando información; y cuando hablando con Loki le saca todo el plan. Lo que no me gusta es la pistola. No me gustan los superhéroes con pistola. En los cómics puedes tener rayos repulsores, láseres, cañones de protones... cualquier cosa. ¿Por qué usar una mundanal pistola? Más aún cuando en el cómic usa unas muñequeras a las que llama aguijones, creo recordar... En la segunda peli del Capitán América las usa, y creo que en ningún otro momento, y me parece una pena, y un gran error que le pongan una pistola; por eso tampoco me gustan ni  Máquina de Guerra ni la versión cinematográfica del Halcón.

En la pelea de Titán contra Thanos también hubo algo que me chirriaba. Habíamos visto al comenzar la película al Dr. Extraño creando dos portales dimensionales para devolver lo que le lanzaban, entre otras cosas. Y sin embargo contra el malo malísimo no se le ocurre... cuando le habría sido la mar de útil, para devolverle lo que lanzaba o, coño, cerrar un portal mientras Thanos lo cruza y partirlo por la mitad. 

Y en Wakanda... A ver, por Dios, ¿cómo es posible que el país más avanzado tecnológicamente del mundo no tenga un tanque? ¿Mantas que generan campos de fuerza sí, lanzas que disparan rayos también, pero tanques, helicópteros, cañones, no? Toda la escena es un sinsentido. Todo el vibranium del mundo, literalmente, y la única ametralladora la tiene Máquina de Guerra. 

* * *

Supongo que a todo este sentimiento negativo contribuye, con mucho, que la peli acabe mal. Aunque sé que hay una segunda parte, aunque sé que al final ganarán los buenos, ver triunfar a Thanos me da bajón.  Qué le voy a hacer. 
Por el lado bueno está Thor, cuyo cambio de tono en Ragnarok me ha gustado mucho, y la escena post créditos, que vaya ganas tengo ahora de ver Capitana Marvel

Y bien, eso es todo. Tenía que desahogarme y lo he hecho. Perdón por el ladrillo.

sábado, 29 de marzo de 2014

Mucha policía

Últimamente he tenido un par de conversaciones en twitter con un guardia civil. Básicamente, aquí y aquí. Y como en twitter hay muy poco margen para explicarse, y apenas da para repetir consignas, voy a intentar exponer en este mi blog lo que opino acerca de los cuerpos policiales, los antidisturbios y lo que viene pasando últimamente en las manifestaciones en España.

Se ha acusado varias veces a los propios policías infiltrados de crear los altercados, proporcionando a  sus compañeros uniformados la excusa para ejercer la violencia. Evidentemente la policía y el gobierno niegan estos hechos. Pero yo me lo creo. Me lo creo porque es el gobierno el principal beneficiado de que haya altercados. Ante los ojos de la mayoría, la violencia desacredita a los manifestantes, incluso cuando la única violencia que se refleja en los medios es la de la UIP contra los manifestantes. Así que es fácil reventar una manifestación de decenas o centenas de miles de personas con los pocos manifestantes propensos a la violencia y unos cuantos policías infiltrados (supuestamente para detener a los anteriores) animando la cosa.

Probablemente ya hayaís visto antes este vídeo, es de septiembre de 2012:


En él se puede ver a unos agentes de la UIP, más algunos vestidos de... lo que sea, "deteniendo" a dos hombres, de los cuales uno grita "¡que soy compañero!"... 

O sea. O bien la policía detiene manifestantes tan indiscriminadamente que es capaz de detener a sus propios miembros, que están realizando tareas de vigilancia para evitar altercados; o bien los policías infiltrados se dedican a provocar esos altercados y por ello se "detuvo" a este encapuchado.

Pues no sé qué es peor. Pero lo que está claro es que ahí la policía se está convirtiendo en el enemigo, posicionándose en contra de los ciudadanos a los que tiene que proteger.

A partir de este tipo de situaciones, repetidas en youtube todas las veces que queramos, el lógico y razonable que la cantidad de manifestantes dispuestos a la violencia sea cada vez mayor. Y que estén más preparados.

Ocurre también que el gobierno para el que trabajan estos policías no es tan leal a ellos como ellos a él, y así llegamos a lo ocurrido en la última manifestación: sí que había manifestantes con ganas de agredir a los policías, claro. Luego los policías comienzan los altercados, cargando contra los manifestantes antes de la hora señalada para el fin de la manifestación, con un coro actuando en el escenario. Y luego, este gobierno ingrato, con esos errores tácticos y estratégicos que parecen forzados, deja a algunos policías vendidos frente a los manifestantes violentos.

Luego también hay videos de policías que se tropiezan y se caen al suelo solos, que seguro que computaron como agentes heridos de diversa consideración, y luego hablaban de un policía en coma que al final resultó no existir, porque los medios de comunicación son casi tan leales al gobierno como los policías, y así nos va.

Porque se les ha olvidado que a quien deben lealtad es a los ciudadanos.

Espero que esta conversación continúe en algún sitio, bien en los comentarios del blog o en otro blog o en twitter o donde se os ocurra.

viernes, 8 de marzo de 2013

Actividades extra escolares

Hace alrededor de dos meses empecé a llevar a mis hijos a una actividad extra escolar  Encajaba bien en la agenda, solo nos quedaba una hora muerta, y pensé que sería buena idea pasar ese rato en la biblioteca con ellos. El primer día llegamos a la biblioteca, y no podemos entrar en la sala infantil porque se está desarrollando una actividad de animación a la lectura: cuenta cuentos. Me digo: vaya, qué mala suerte.

La semana siguiente volvemos, y nos encontramos con lo mismo. Mientras la bibliotecaria atiende una llamada telefónica, mis hijos miran a la cuenta cuentos desde el otro lado de la puerta de cristal. Evidentemente, viendo a la intérprete de lado, y sin oír el cuento, en seguida dejan de prestar atención y empiezan a comportarse como corresponde a personas de su edad. Yo, mientras, espero a que la bibliotecaria acabe de atender la llamada telefónica. Al poco, cuando los niños estaban jugando con una estantería en forma de cono, o más bien de abeto, situada al lado de la sala infantil y sin fijar al suelo, aparece otra bibliotecaria que me advierte de que mis hijos podrían estar en peligro jugando con esa estantería. Yo le respondo que en cuanto nos atiendan nos vamos. Y ella me da a entender que si estoy allí, lo estoy viendo y no hago nada, como ocurra una desgracia la biblioteca no se hará responsable. Yo le digo que sí, que vale. Y ella pasa mil de mí y de mi consulta.

Por fin la otra cuelga el teléfono, y por fin me entero de que los cuenta cuentos se celebran todas las semanas, el mismo día a la misma hora, y que yo lo habría sabido si hubiera consultado en internet o en los carteles informativos que hay a mi espalda. Yo me cabreo y le pregunto cómo poner una queja.
Así que la puse. Desgraciadamente no conservo el texto de mi queja, pero venía a exponer que me parece mal que, para promocionar la lectura entre los niños, se cierre la sala infantil de la biblioteca. Que lo importante es el préstamo de libros, y lo demás puede estar muy bien, pero es secundario.
Y ha tardado, pero por fin me ha llegado respuesta del Ayuntamiento. Copio y pego:


"Estimado Sr.:

Vista su reclamación por esta ocupada la sala infantil de la biblioteca de la Calzada por actividad de cuentacuentos y siguiendo las indicaciones de la Alcaldía, le comunico lo siguiente:

El cometido básico y fundamental de toda biblioteca pública es, tal y como usted mismo apunta, facilitar el acceso a los libros y a la lectura, ya sea para el estudio, la consulta o para el préstamo de cualquier tipo de documentos disponibles y por lo tanto ésta es también la función  principal de la Red Municipal de Bibliotecas.
Sin embargo, desde hace décadas, todos las organizaciones profesionales, tanto nacionales como internacionales  aconsejan la puesta en marcha de actividades de animación a la lectura que promuevan el acercamiento de los libros a sus lectores potenciales, haciendo especial hincapié en las destinadas a crear el hábito lector entre los más jóvenes.
Con este marco de referencia, y como respuesta además a una importante y contrastada demanda, que como servicio público estamos obligados a intentar satisfacer, la Red Municipal de Bibliotecas programa en todos sus puntos de servicio una serie de actividades de animación a la lectura tanto para el público infantil como adulto, teniendo siempre presente que se trata de un servicio complementario (alrededor del 1,6 % del número total de horas de apertura de cada una de las bibliotecas).
Por otra parte en todas las bibliotecas y en la web de las bibliotecas municipales (http://bibliotecas.gijon.es/) se pueden consultar los calendarios de estas actividades, para  información general, no solo para usuarios interesados, sino también para aquellos que quieren evitar coincidencias no deseadas.
Lamentando sinceramente la contrariedad que pudo causarle a usted y a sus hijos no poder utilizar la sala infantil en el momento de su elección, esperamos acepte las explicaciones intentando evitar así que se vuelvan a repetir este tipo de incidencias.

Agradecemos su confianza y dejamos constancia de su reclamación registrada con el núm. 2XXXXXXXX9 que junto con las de otros ciudadanos, nos ayuda en nuestro objetivo de conseguir una mayor calidad en los servicios que prestamos.
Lo que le comunico a los efectos prevenidos en el art. 126.3 del Reglamento Orgánico de Funcionamiento del Pleno del Ayuntamiento de Gijón/Xixón."

Pues me parece mal.
La biblioteca de La Calzada está en un Centro Municipal Integrado, que es un edificio muy grande en el que hay muchas aulas. Siempre hay al menos una vacía: los cuenta cuentos se pueden realizar fuera de la biblioteca.
Y ahora resulta que, antes de ir a la biblioteca, tienes que consultar si estará disponible o no. Por que puede ser que esté abierta, pero no puedas usarla por no haber consultado antes en internet o en los puñeteros carteles de la propia biblioteca.

A ver, que es cierto que me cabreo porque me chafan el plan, porque si hace buen tiempo echamos esa hora en el parque, pero si llueve (y en Gijón a veces llueve), nos tenemos que quedar en la entrada del Centro Municipal Integrado haciendo nada (no toques, no corras, no grites...) esperando que llegue la hora de subir al cuarto piso. Pero eso no quita que me parezca mal que cierren la sala infantil de la biblioteca. Que te avisen de que la culpa será tuya si se cae la estantería que ellos han colocado mal. Y otras cosas que han ocurrido antes, como que te echen de la biblioteca si vas a estudiar, porque para eso hay un aula de estudio más arriba.

martes, 26 de febrero de 2013

Banderas

Allá por el siglo XVII, Carlos III convocó un concurso para elegir una nueva bandera para los barcos de guerra españoles. En esa época los barcos llevaban las armas reales sobre paño blanco, lo cual era un problema: había borbones por todas partes, todos con las mismas armas sobre el mismo fondo blanco. Total, que el conocido como rey alcalde, de los doce modelos que le presentaron, escogió dos. Uno es el que todos conocemos: dos bandas rojas y una amarilla entre ellas, siendo cada una de las rojas de la mitad del grosor de la amarilla. Este modelo se adoptó para la armada. El otro modelo aceptado, para la marina mercante, era muy parecido. Aquí están los dos, cortesía de wikipedia: 


España era en aquel momento un reino gobernado por un rey, Carlos III, que siguiendo la moda de la época practicaba el despotismo ilustrado. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, y esas cosas. Después del mejor alcalde de Madrid vino su hijo Carlos IV, y cuando este se peleaba con el que sería Fernando VII llegó Napoleón y arrasó con lo que quiso. Contra Napoleón y su hermano, José I (Pepe Botella para sus enemigos) se levantó la población en 1808... bajo la bandera adoptada por Carlos III. 
Luego los españoles demostraron que ya en aquella época eran estúpidos, y quitaron al francés para poner a Fernando VII, pero eso es otra historia. A lo que vamos es a que la bandera de España seguía siendo la misma. 
En el animado siglo XIX tuvieron lugar también las guerras carlistas, en las cuales los carlistas (que perdieron) se agrupaban bajo esta bandera:


Los isabelinos, que ganaron, seguían usando la enseña de Carlos III.
Luego vino Amadeo I de Saboya, y la primera república, luego Alfonso XII, el 98, y el siglo XX. 
En algún momento del primer tercio de este siglo, algún iluminado se inventó una bandera para apoyar la república: 


Se había extendido desde hacía un siglo, más o menos, la idea de que el color morado representaba al reino de Castilla, lo cual era y es falso. El color del pendón de Castilla es el carmesí, no el morado ni el violeta ni el púrpura. Desde ese punto de partida erróneo se crea esta bandera, que quiere representar la plurinacionalidad de España y esas zarandajas. Esta bandera representó a España desde la proclamación de la república en 1931 hasta la rebelión de 1936; y en la consecuente guerra civil identificó al bando republicano, el leal al régimen establecido. Los rebeldes eligieron la bandera anterior, y como ganaron la guerra, es la que se siguió utilizando en la dictadura, y luego en esta monarquía parlamentaria se consagra en esa constitución tan intocable, que solo se puede cambiar si lo dice alguien que mande mucho en Alemania. Pero eso es otra historia.
Durante la república ocurrió un hecho significativo. En Cataluña, y sobre todo en Asturias, en 1934, hubo una revolución que fracasó. Fracasó aplastada violentamente por el ejército, ejército que se decoraba con la bandera tricolor. 
Todo esto lo he contado (probablemente muy mal) para explicar porqué no me gusta la tricolor. Es innegable que es mucho más vistosa que la rojigualda (y simplemente escribir eso me da repelús), pero dentro de que las dos banderas, como todas las demás, son un invento, la de Carlos III la inventaron antes, y ha funcionado más tiempo representando todo tipo de formas de gobierno. 
Y, por otro lado, no deja de ser curioso ver a gente con camisetas conmemorando la revolución del 34 (Ochobre 34) y una banderita tricolor, al mismo tiempo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Funcionarias

Normalmente, al oír hablar de funcionarios, uno se imagina a una persona malhumorada y estreñida, parapetada tras una ventanilla o un escritorio, cuyo único placer en la vida consiste en fastidiar al ciudadano, denegándole lo que sea que solicite por faltarle una fotocopia que el propio funcionario podría hacer sin siquiera levantarse de la silla, o abroncando al usuario por no conocer una norma que no tiene por qué conocer. Ciertamente, este tipo de funcionario existe: todos, o muchos, nos hemos topado alguna vez con alguno así.

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El pasado cinco de octubre, hace un mes y medio, mi padre murió en la planta de nefrología del Hospital Universitario La Paz, en Madrid. Pasó allí sus últimas dos o tres semanas, la última de ellas inconsciente, y durante todo ese tiempo estuvo, y estuvimos sus acompañantes, atendidos por el personal de enfermería de dicha planta. Y este personal, estas enfermeras, auxiliares, celadoras, y no sé si alguna otra categoría laboral, tuvieron un comportamiento excelente, con preocupación,  tacto y dedicación hacia todos nosotros mucho más allá de lo que les obliga su contrato. Dentro de las circunstancias, salimos de aquella planta (o al menos yo salí) con un gran sentimiento de gratitud hacia todas estas personas.

El pasado fin de semana mi hermana me enseñó una carta que le había llegado del hospital. En principio creyó que sería el resultado de la autopsia o algún trámite legal, pero no: era una carta de pésame. Cabe la posibilidad de que el cuerpo del mensaje fuera un modelo, que a todos los que pasamos por eso nos manden la misma carta. También podría ser que no. En cualquier caso, lo que me llamó la atención al leer la carta fue ver, al pie, no menos de una docena de firmas, todas ellas añadiendo una coletilla del tipo "con cariño" o "con afecto".

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Cuando volváis a oir hablar de funcionarios, por favor, no recordéis al idiota del primer párrafo. Haced un esfuerzo y pensad en todos los que se esfuerzan, muy por encima de sus obligaciones, no en cumplir su trabajo sino en ayudar al ciudadano. Como el personal de enfermería de la planta de nefrología del Hospital Universitario La Paz.

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Y sirva el presente escrito como homenaje a esas funcionarias.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Plagiocefalia (y II)

Entro en el supermercado con los niños, y, al ver a Sergio, una mujer me dice:
- ¡Ay! Tengo una amiga que tenía una hija que llevaba un casco como ése, y quedó estupenda.
Yo la miro, entre malhumorado e inexpresivo. Es decir, borde. La mujer se da cuenta, e insiste:
- Quiero decir que funciona muy bien...
Yo respondo, murmurando en el mismo tono que mi cara:
- Lo sé, ya vamos viendo cómo progresa.
La mujer no se rinde, intenta arreglarlo:
- Lo digo por animarte...
Bajo a un tono un poco más desagradable, y respondo:
- Gracias.
Empiezo a darme la vuelta, y la mujer remata:
- Que Dios te bendiga.
- Dios no existe, señora.


***   ***   ***   ***   ***

Evidentemente, la frase en cursiva no la he pronunciado. El resto es una transcripción bastante fiel de lo que ha ocurrido esta tarde. Hace ya un tiempo que debería haber escrito esto, pero he estado algo ocupado, ha pasado la tensión inicial y, sobre todo, sigo siendo el mismo vago de siempre. Como lo prometido es deuda, aquí va un pequeño resumen de lo ocurrido desde la última actualización:

1- La cabeza de Sergio no había progresado tanto como dije. Dado que yo fui a las consultas, al haber intermediarios se multiplican los errores de transmisión. Donde dije que el índice había descendido a 87 debería decir a 89.
2- El Dr. Arteaga recomienda el uso de ortesis craneal (el casco) para índices superiores a 89. Por debajo, tan cerca de la normalidad, no lo recomienda, pero tampoco lo desaconseja.
3- Aparte de Doc-Band, de la que ya hablé, hay otras dos marcas, que según el mismo Dr. Arteaga son igualmente eficaces. Una de ellas es Starband, que también es de fabricación estadounidense. Para sacar el molde de la cabeza utilizan un escáner tridimensional, y no el molde  de escayola de Doc-Band; luego en vez de dos semanas son veinte días mínimo lo que tardas en recibir el casco. No recuerdo el precio, pero era unos mil euros más barato que Doc-Band. La tercera marca es Ortoibérica, que fabrica la ortesis craneal Helios. La fábrica está... en Asturias. Así que te hacen el escáner tridimensional de la cabeza del niño, y en tres días tienes el casco en las manos. De precio, menos de un tercio de una Doc-Band. Sí, habéis leído bien: aproximadamente un 67% menos.
Sabiendo que del Dr. Arteaga nos fiamos, y que dice que las tres opciones son igualmente buenas, adivinad cuál lleva Sergio...

Entre unas cosas y otras, lleva un mes con el casco. En este tiempo ha mejorado lo suficiente como para apreciarlo a simple vista: prácticamente ya no tiene nada plano en la cabeza, si bien todavía es asimétrica. De todas formas ha mejorado bastante y somos optimistas en cuanto a su progresión, aunque suponemos que deberá llevarlo todavía durante dos o tres meses más.

Y creo que ya no tengo nada más que decir sobre esto.

viernes, 14 de mayo de 2010

Plagiocefalia

Hace ya unos dos meses que la madre de Sergio le notó algo extraño en la cabeza. Le llevó al pediatra, pero la respuesta que obtuvo fue "no pasa nada, eso se arregla solo". Evidentemente, no quedó muy tranquila, y al cabo de una semana y pico volvimos los tres al pediatra. Ante nuestra insistencia la pediatra nos dio cita para el rehabilitador, porque además de la deformación en el craneo Sergio parecía tener una contractura en un lado del cuello.
El problema era que nos habían dado cita más de un mes después.
Yo sabía que la hija de Esther había llevado una especie de casco, así que la llamé y le pedí que me contara exactamente qué es lo que había pasado y cómo habían reaccionado ellos. Fue así como nos pusimos en contacto con el Dr. Pinyot.
Concertamos la cita en Madrid para el viernes siguiente. Salimos de Gijón el jueves por la tarde y volvimos el lunes por la mañana.
El viernes por la mañana fuimos a la consulta del Dr. Pinyot, que resultó bastante decepcionante. La impresión que me llevé yo es que más que ante un médico estaba ante un vendedor de cascos ortopédicos. Joan Pinyot vende en exclusiva las bandas "doc band", que se fabrican en Estados Unidos y son un producto maravilloso, que sólo cuesta 3.700 € (más los 150 de la consulta inicial) e incluye todas las revisiones posteriores que hagan falta. Sergio tenía una edad ideal para ponerle el casco, porque hasta los 6 meses funciona de maravilla. Entre los 6 meses y el año funciona muy bien, y ya a partir del año va perdiendo efectividad, hasta los dos años que ya no merece la pena poner el casco y hay que buscar otras soluciones.
Le hicieron un molde de escayola de la cabeza, y quedamos en que íbamos a pensar con calma si le poníamos el casco o no, y el lunes llamáríamos para comunicarle nuestra decisión.
El viernes por la noche vino a casa Ana, que es médico, estaba acabando el MIR en la especialidad de rehabilitación, y se ofreció a echarle un ojo a Sergio. Su consejo fue esperar a ver cómo evoluciona, que sólo tenía 3 meses y medio y eso nos daba margen para tomarnos las cosas con calma. Además, nos ofreció la posibilidad de colarnos en la consulta de su adjunta el lunes por la mañana, antes de volvernos a Gijón. Aceptamos la oferta, claro.
El sábado Maite me comenta que tiene un amigo fisioterapeuta que está haciendo un máster en osteopatía, que aconseja probar con un buen osteópata, que si queremos se informa y nos recomienda uno bueno en Gijón. Esta opción la descartamos bastante rápido.
El lunes por la mañana visitamos a la adjunta de Ana. Nos dijo más o menos lo que ya nos había dicho Ana, añadiendo que quizá era demasiado pronto para poner el casco, que hay médicos que dicen que puede provocar una sutura prematura de los huesos del cráneo.
Así que sumamos esta información a la actitud comercial que había percibido en el Dr. Pinyot y le llamé, y le dije que como Sergio es muy pequeño y teníamos margen íbamos a esperar a ver cómo evoluciona antes de ponerle el casco. Por teléfono el Dr. me dio a entender que era un error, que esperar a que tuviera 6 meses provocaría que luego tuviera que llevar el casco más tiempo y que no quedara tan bien como podría quedar poniéndole el casco ahora.
Al día siguiente, o dos días después, la madre de Sergio recibió una llamada de Maria, la enfermera del Dr. Pinyot, que también es su mujer. Esta llamada fue peor: le dijo que había estado revisando la ficha, que claro, en las fotos le había visto con esa "cabeza de bombilla" y esos "ojos saltones", cómo íbamos a hacerle eso al pobre Sergio.
Ayer fuimos a ver al rehabilitador de la sanidad pública asturiana, Dr. Bea. Nos dijo, como todos los anteriores, que Sergio es pequeño, y eso nos da margen de actuación. También nos dijo que sigamos con la terapia postural (básicamente, que el niño no apoye la cabeza por el lado que tiene aplanado), que ya nos  habían recomendado Ana y su adjunta; y que, francamente, él no tiene mucha idea de esto, pero su compañero el Dr. Arteaga tiene mucha más experiencia, que nos llamarían para concertar una cita y o bien nos vería el Dr. Arteaga, o bien el Dr. Bea con la supervisión del Dr. Arteaga.
Hace un rato me han llamado para darme la cita con el Dr. Arteaga.

ACTUALIZACIÓN 7/6/10:


Sergio está acudiendo al fisioterapeuta, tiene una contractura en un lado del cuello que debe tener alguna relación con la plagiocefalia. Hay un índice que mide la asimetría craneal, no recuerdo ni cómo se llama ni cómo se calcula, pero en la consulta del Dr. Pinyot ese índice era de 94. No es mucho: la normalidad se establece de 84 hacia abajo. El Dr. Arteaga lo midió de nuevo, y ha descendido a 87. Parece que ha mejorado sensiblemente, tanto al comprobar ese índice como a simple vista. Y parece que el Dr. Arteaga sabe de lo que habla. Dijo conocer al Dr. Pinyot (no personalmente, pero sí sus actividades) y evitó pronunciarse al respecto, aunque también desaconsejó, al menos por el momento, el tema del casco. Yo no pude estar en la consulta, pero por lo menos el Dr. Arteaga inspira cierta confianza.
Sergio ya tiene cinco meses, en julio habrá que tomar una decisión.

domingo, 23 de noviembre de 2008

martes, 23 de septiembre de 2008

Cerrado por enfermedad

Cierro. Lo que está enfermo es mi tiempo libre: ya sabéis que estoy estudiando, se acerca la fecha del examen y no puedo permitirme gastar tiempo en esto. Supongo que algún día volveré a publicar en el blog, pero igual lo dejo ya para siempre. Ya veremos.
De todas formas, aquí seguiré publicando las fotos esas que tanto os gustan. Ya he publicado algunas, y como es una cosa más familiar, de coleguillas, pues me da un poco igual si no os gustan.
Y os dejo la última estampa gijonesa, esta vez con movimiento.

Besos y besas para todos y todas.

sábado, 6 de septiembre de 2008

he vuelto a volver

Sí, vale, tenéis razón, desde el lunes 18 de agosto hasta ahora parece que me he ido de vacaciones otra vez, y no, en realidad he estado aquí, perreando como un campeón. Así que voy a reentrar, con algo poco elaborado y sin mucha chicha.
Para empezar, el video ese que puse el 18 de agosto. ¿A qué viene? Pues es simplemente que Vetusta Morla es un grupillo de Tres Cantos, al que conozco muy de lejos. Hace años (puede que ocho o diez) estuve en un concierto suyo. El caso es que vagando sin sentido por el bloguerío me encontré con un blog, lamento no poder enlazarlo, que hablaba de música, y contaban que Vetusta Morla estaba consiguiendo algo parecido a cierto éxito gracias a la rumorología: han optado por la autoedición, pasan de discográficas o las discográficas pasan de ellos, pero han llegado a tocar en sitios como la Joy Eslava o así, con capacidad para más de mil personas. O eso decía aquel blog.
Anécdota: Aquella vez, en aquel concierto, le dije a un amigo que el cantante se llamaba Pucho (lo cual era, y supongo que seguirá siendo, rigurosamente cierto). Al acabar el concierto, este amigo mío se acercó a felicitar a Pucho, como si fueran colegas de toda la vida. Y desde entonces, cada vez que se lo encontraba por Tres Cantos, por donde salíamos con frecuencia en esa época, se acercaba a saludarle, y Pucho le miraba con cara de ¿pero te conozco de algo? Y se deshacía de él como buenamente podía.

Cambio de tema.

Este verano he descubierto una tradición que estaba ahí, pero no había reparado en ella hasta ahora. Y simplemente consiste en que en las fiestas de mi pueblo, por la noche, bebo JB con naranja. Sólo lo hago ese fin de semana al año. Y lo hago todos los años, salvo que me quede en casa.
¿Por qué lo hago? Supongo que por imitación inconsciente a mi hermano. Hace unos años, en esas fiestas, él bebía JB con naranja. Le pregunté por qué, dado que él solía beber el JB con cola, y me dijo que es más veraniego. Y a mí me pareció de lo más natural, a la par que evidente: el JB con naranja es más veraniego que con cola. De cajón. El caso es que este año, con mi hermana, tuve la misma conversación, sólo que ella me preguntaba a mí. Y en vez de aceptar la verdad absoluta de el veranieguismo del JB naranja, se ha convertido en la coña del verano. Cachis.

Bueno, basta por ahora. Voy a subiros unas fotos que lo estaréis deseando.

martes, 17 de junio de 2008

Humberto y Horacio

Al contrario de lo que pudiera parecer al oír sus nombres, ni Humberto ni Horacio eran americanos, ni lo eran sus familias. Y al contrario de lo que pudiera parecer al verlos siempre juntos, nunca fueron pareja.

Humberto era más alto que Horacio, tenía el pelo más largo y más oscuro. Era tímido y patoso, siempre tenía en las manos o los brazos alguna pequeña herida o marca de haberse raspado con algo. Encima, tenía en la cara unas leves manchas rojizas que le hacían parecer eternamente azorado. Aparte de esto, y del aparato en los dientes, no era feo. Y nunca tuvo granos.

Horacio, en cambio, pasada la época de las espinillas quedó bastante resultón. Era extrovertido, simpático, activo y deportista, pero muy impaciente. Nunco pudo leer un libro ni practicar con la guitarra: siempre prefirió jugar al fútbol o lanzarse en patines pendiente abajo.

Los domingos por la mañana se juntaban con Bruno, quien sí era latinoamericano y homosexual, para cantar y tocar la guitarra en el parque. Con el tiempo, llegaron a congregar un pequeño grupo de fieles quinceañeras: Brueno era un gran guitarrista, Humberto no cantaba mal y Horacio era guapo y simpático con ellas.

Era prácticamente imposible ver a Horacio y Humberto por separado en la calle. Se llamaban el uno al otro hasta para el má rápido de los recados. Lo hacían absolutamente todo juntos, desde comprar el pan hasta perder la virginidad (bueno, esto último lo hicieron en habitaciones contiguas).

Este estar siempre juntos acabó por generar ciertos problemas. Resultaba difícil mantener relaciones de pareja cuando la relación entre ellos estaba por encima de cualquier otra cosa; ni Horacio ni Humberto pudieron encontrar una chica capaz de tragar con eso. Lo ideal habría sido topar con unas siamesas, pero no tuvieron esa suerte.

Bien entrados en la veintena, la situación cambió cuando Horacio conoció a Izaskun: pelirroja, psicóloga, comunista, sagitario y una bomba en la cama, o en el asiento de atrás del coche. Así que Humberto, de repente, se había quedado solo en la vida. Siguió tocando y cantando con Bruno en el parque, pero al faltar Horacio en menos de un mes se quedaron sin ese público que había permanecido fiel durante casi diez años.

Se dio a la bebida. Mientras Horacio tenía una vida de pareja plena, con sus arrumacos en el cine, sus planes de futuro y sus abundantes sesiones de sexo, Humberto aprendía a beber alcohol. Los amigos comunes que habían tenido toda la vida no le aportaban lo que Horacio; siempre habían estasdo ahí como de personajes secundarios, y no sabía o no quería profundizar en esas relaciones. Humberto comenzó a salir solo por las noches, a emborracharse y a contratar a prostitutas. Luego dejó las prostitutas y los bares, y empezó a emborracharse en los parques. Al principio con cerveza de importación, luego la más barata, luego el vino en tetra brick.

Una noche, Humbeto camina totalmente borracho por la calle. Es viernes en un barrio apartado de la ciudad: no hay mucho tráfico. Con el brick de vino en la mano, se sienta a descansar en el bordillo. Bebe vino, se queda dormido. Bebe vino y se orina casi sin darse cuenta. Bebe vino.

Esa misma noche, Horacio e Izaskun han aderezado su entcuentro sexual con alguna sustancia prohibida. Han hecho el amor, han discutido y Horacio se ha ido con el coche, dejando a Izaskun sola en el centro de la ciudad. Es la primera vez que discuten tan fuerte. De repente, Horacio se ha dado cuenta de que lleva más de un año si ver siquiera a Humberto, y necesita hablar con él, a ver si así se calma eso que le recorre todo el cuerpo y no le deja estarse quieto. Conduce sin pensar, recorriendo la ciudad como lo haría en patines: no es que no reespete las señales de tráfico, es que no las ve. Llegando a su barrio, tras entrar, sin reparar en ello, en una calle oscura en dirección prohibida, suente que algo golpea el coche. "Una papelera", piensa.

No es consciente de que ya nunca hablará con Humberto.

martes, 29 de abril de 2008

Top 5 de pequeños placeres domésticos

Hay un grupo de blogueros, liderados por Kalimero, que todos los domingos publica un Top 5 a las 5. Se ponen de acuerdo durante la semana, y cada uno de ellos publica su propio top de lo que sea. Actores secundarios, asesinos de ficción, gominolas...
Hace unos meses estuve a punto de apuntarme, y publicar mis propios tops los domingos. Pero acababa de empezar con las estampas gijonesas y los cuentos a la carta, que iban a ser semanales (¡ja!), así que haciéndoles un feo muy gordo, me apunté a su lista de correo y luego me borré sin decir nada.
No sé muy bien porqué se me ocurrió el otro día hacer este top, único y personal (por supuesto, si Kalimero y sus amigos quieren hacer los suyos, me sentiría muy honrado). Creo que me vino la idea a la cabeza sintiendo el número 1.
En fin, aquí lo tenéis.

5.- Grabar un CD recopilación de lo que sea. Ya era un placer habitual cuando lo hacía con cintas; de hecho, creo que me gustaba más hacerlo con cintas. En cualquier caso, es un placer perder un buen rato buscando canciones que no pegan nada para juntarlas todas en el mismo disco, sin orden lógico ni criterio de selección ninguno. Si me gusta, la meto, así de simple.

4.- Salir de casa. El simple hecho de cerrar la puerta del portal y enfrentarme al mundo, siempre que las condiciones climáticas no sean demasiado adversas, otro gran pequeño placer.

3.- Volver a casa. Abrir la puerta de casa, entrar, cerrar... Ya estoy en casa.

2.- Cena con los amigos. Unos pocos amigotes de toda la vida, algo rico para comer, y la noche por delante. Risas, jijí, jajá... Lo mejor de todo: cuando se van de fiesta, y me quedo en casa, con la mesa medio recogida, cansado y algo borracho... Eso no tiene precio.

1.- El que originó esta entrada: caer en el sofá, recién duchado, con el pijama puesto, y muerrrto de cansancio, dejar que se me cierren los ojos mientras hago como que veo la tele... Eso es casi lo mejor del mundo*.


* Lo mejor del mundo no lo puedo poner aquí, que esto lo lee mi hermana pequeña. Pero la mayoría de vosotros sabéis a qué me refiero...

domingo, 23 de marzo de 2008

A chupar del canon

En El País del jueves pasado, un tal Jaume Sisa, antes conocido como Ricardo Solfa, publicaba una columna acerca del canon. Esta columna llevaba por título el mismo de esta entrada: no pude evitar lanzarme sobre ella a ver qué decía. Y decía una serie de estupideces incorrecciones, de las cuales voy a comentar alguna.
Por ejemplo:
En España hay gente muy lista que se ha percatado de cuáles son nuestras intenciones y ha alertado a los contribuyentes: "Cuidado, esta panda de mangantes millonarios pretenden pegarse la vida padre a nuestra costa; a ver si va a resultar que aquí se puede vivir de hacer música, teatro, cine, escribir y pintar; ¿dónde iremos a parar? Que los bancos te frían a comisiones, que te cobren tasas por viajar, impuesto del 70% por la gasolina, márgenes abusivos de los intermediarios en la alimentación, que paguemos royalties a marcas y patentes, que las operadoras nos sangren con sus tarifas..., ¡qué le vamos a hacer!, ya se sabe, la lógica del mercado y bla, bla, bla..., pero que estos cantamañanas quieran cobrar por lo que ellos llaman trabajo, ¡habrase visto!".
Pues bien. Nadie piensa que todos los artistas sean una panda de mangantes millonarios. En realidad, eso sólo lo pensamos de la cúpula de la SGAE. Sí pensamos que aquí se puede vivir de hacer música, teatro, cine, escribir y pintar; y encima, se puede hacer sin canon digital. Es cierto que los bancos nos fríen a comisiones, pero podemos elegir, de entre todos ellos, a quién queremos pagárselas. Eso no lo podemos hacer con el canon. Es cierto que te cobran tasas por viajar, si lo haces en avión. Puedes elegir viajar en tren, a caballo, en autobús, en tu propio coche... Con el canon la única opción es pagar a la SGAE, o... pagar a la SGAE. La diferencia entre pagar el canon digital y pagar impuestos en la gasolina, es que los impuestos los pago al estado, que de alguna manera repercute en mí mismo, y de todas todas repercute en beneficio de toda la sociedad. Eso no ocurre cuando la guita se la lleva la SGAE. En cuanto a los márgenes abusivos de los intermediarios, son eso, abusivos. Que esté mal matar no implica que robar no sea malo. Lo mismo se aplica para los royalties de marcas y patentes; además, no es lo mismo una marca que una patente, y puedo usar calzado deportivo sin pagar a Nike o Adidas, pero no puedo distribuir las fotos de las vacaciones a la familia sin pagar varias veces a la SGAE. En cuanto a las tarifas de las operadoras: volvemos a los argumentos anteriores: puedo elegir a qué operadora le pago, con el canon no; y que otro me esté pegando no te autoriza a violarme.
Yo, de verdad, quiero que cobres por tu trabajo: cada vez que subas a un escenario, que se te pague. La gente que pague su entrada, o el ayuntamiento que te contrate para las fiestas patronales, te pagarán. El tiempo que inviertas en tu casa componiendo, se te remunera igual que el tiempo que pasa un profesor preparando sus clases o corrigiendo exámenes. Y cuando te metas en el estudio a grabar, piensa que estás promocionándote: la gente escuchará gratis tu música, y acto seguido correrá entusiasmada a preguntar cuándo y dónde tocas.
O no.



Habría mucho más que comentar sobre este texto, obra de ese gran artista que es Ricardo Solfa, pero no puedo. La diferencia entre una mentira y una equivocación, es que el que miente sabe que lo que dice no es verdad. Y en este texto no encuentro ninguna equivocación.

viernes, 7 de marzo de 2008

Voy a entrar en política

En serio.

Me voy a quedar sin votar estas elecciones por tonto: se me pasó la fecha para votar por correo.

Pensaba escribir por estas fechas algo explicando qué iba a votar y porqué iba a hacerlo, pero llevo como una semana hundido por un ataque de procrastinación, así que me voy a limitar a copiar y pegar un texto que se ajusta bastante a lo que pienso.

Aquí lo tenéis:

POR QUÉ HAY QUE VOTAR A UPyD

Si usted, amable lector, aguanta hasta el final del artículo trataré de demostrarle por qué hay que votar al nuevo partido de Rosa Diez UPyD Unión Progreso y Democracia si queremos, en cuanto españoles, hacer un ejercicio de salud para la Democracia y asegurar la gobernabilidad de España. Si, ha leído bien, asegurar la gobernabilidad porque esta se halla en el momento presente seriamente amenazada.

Se ha de votar a este nuevo partido porque es el único que asegura que los dos grandes partidos (el bipartidismo imperfecto) no tengan que pactar con los partidos nacionalistas y por ello constituir a estos en árbitros de la política nacional, sabiendo que ellos van a barrer para casa porque no les importan sino las decisiones que les beneficien a ellos y a su territorio, sin tener en cuenta por supuesto los intereses de los ciudadanos de todo el país que es España. Este partido supone una alternativa a esos pactos que hasta ahora se han venido haciendo gobernase el PP o el PSOE, porque o pactaban con los nacionalistas o con nadie (recuérdese que IU no representa los intereses nacionales pues no tienen empacho en defender a los nacionalistas como han hecho en algunos territorios). Así pues, ya que los dos partidos mayoritarios no tienen la humildad y honestidad de sentarse a pactar sobre los aspectos esenciales que atañen a todo el mundo, como son el cambio de la ley electoral para que todos los votos valgan lo mismo en todas las provincias, en fijar techos competenciales para evitar alimentar la secesión de algunas comunidades y los agravios comparativos en materia fiscal para mantener el principio de igualdad y solidaridad entre todas las comunidades, ya que no lo hacen ni tienen intención de hacerlo, debe votarse esta tercera opción que acaba de aparecer como es UPyD para asegurar esos pactos y respetar el principio de igualdad de todos los ciudadanos, igualdad que ahora ha roto el PSOE promoviendo estatutos como el de Cataluña o el de Andalucía (este también avalado por el PP), que defienden desde posiciones diferentes tratos preferentes, el uno, como Cataluña, acogiéndose a los derechos históricos, el de Andalucía argumentando que ellos son la comunidad que tiene más habitantes. De seguir así Castilla y León argumentará que son el territorio más extenso para conseguir privilegios, Galicia que es la que tiene mayor número de kilómetros de costa, Asturias que el primer reino que hubo en España, etc, etc. ¿Es esto señal o no de que España se puede volver ingobernable en poco tiempo? Hay que votar a UPyD porque es el único partido nacional que se presenta de la misma manera en todas las provincias, mientras que el PSOE se presenta en Cataluña con las siglas PSC siendo un partido diferente con estatutos diferentes y el PP se presenta en Navarra como UPN, siendo un partido diferente también. UPyD defiende que debe mantenerse esa igualdad de ciudadanos en todo el territorio, que haya una sola ley de educación para todos en vez de 17 leyes una para cada comunidad rompiendo ese principio cohesionador y de igualdad que es la educación, defiende que no haya privilegios para comunidades a la hora de pagar como le ocurre al País Vasco que aporta (eso es el cupo vasco) dos mil y pico millones de euros menos de los que debería aportar por los servicios que le presta el Estado. Defiende que el Estado no puede ser rehén de los nacionalistas. Que hay que garantizar la independencia de los jueces, lo que no ocurre actualmente, pues el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial están formados por los delegados de los partidos y toman sus decisiones influenciados por tal representatividad política. Es decir, defiende que por encima de los derechos de los territorios están los derechos de todos los ciudadanos. Defiende además que ETA debe ser derrotada y no permitir que los terroristas sean aceptados como interlocutores políticos, como ha hecho este gobierno. Por todo ello y mucho más hay que votar a UPyD sin apasionamientos y por puro sentido ético y práctico para todo el país y para hacerlo gobernable.

martes, 5 de febrero de 2008

Villanueva (La piscina)

Villanueva es un pueblo que tiene una piscina. Es una piscina cubierta, más o menos nueva, adosada al polideportivo de toda la vida, que es, evidentemente, mucho más antiguo.
En Villanueva reside desde hace cuatro o cinco años Cándido Morán Bermúdez, funcionario de Correos, miope, rubio y madridista; padre de dos hijos a los que ve cuando le obligan, bebedor ocasional y cliente habitual de Serenade, el menos casposo de los burdeles cercanos.
Cándido nunca ha tenido amigos en Villanueva. No ha conseguido entablar relación con ninguno de sus compañeros de trabajo, ni con otros habituales del Serenade, fuera de esos ámbitos. En general, sus vecinos siempre han pensado que hay algo oscuro en la intimidad de Cándido.
El señor Morán también hace deporte: acude a la piscina municipal de Villanueva dos o tres veces por semana, hace veinte o treinta largos, y se va. A esta piscina suele acudir también Verónica Borrell Valverde, también funcionaria, también forastera, pero más simpática, joven, guapa e integrada en la comunidad que el cartero.
Vero es licenciada en veterinaria, pero trabaja en la administración de justicia, desarrollando alguna labor administrativa en el juzgado de Villanueva. Se sabe guapa, se cuida, y le gusta lucirse. Comparte piso con Isabel Carvajal García, y con Silvita, hija sin padre de esta última. No falta quien comente que comparten algo más que el piso.
Vero, Isabel y Silvita acuden semanalmente a la piscina municipal, al cursillo de natación para niños de 1 a 3 años. Como el curso se desarrolla en una piscina de 70 centímetros de profundidad, la veterinaria quiso obviar la norma que obliga al uso de gorro de baño. El monitor del cursillo no quiso entrar en razón, así que ahora Verónica se pone el gorro de baño como un solideo.

Y entonces llegamos a Lo que pasó.

Lo que pasó es que el sábado por la mañana, Cándido se levantó ligeramente resacoso: el viernes había hecho una visita al Serenade y se le había hecho tarde. Así que decidió quemar la resaca en la piscina, castigarse haciendo unos largos mientras planeaba cómo perder el tiempo el resto del fin de semana. Y ocurrió que, al salir del agua, vio a Verónica, tan joven, tan guapa, luciendo ese escaso bikini... Y pasó a la ducha, y bajo el chorro de agua caliente, sedado por la resaca y el cansancio, se ensoñó pensando en la veterinaria del juzgado, y de eso pasó a ensoñarse en las actividades de la noche anterior, y de eso pasó a sentir una intensa erección, y de eso pasó a darse cuenta de que su mirada perdida estaba clavada en un niño al que duchaba su padre, y de eso pasó a recibir una mano de hostias que lo mandó al hospital.

lunes, 4 de febrero de 2008

Otra vez Telefónica

Pues resulta que la línea de teléfono fijo que tengo en casa, la que estoy usando ahora mismo para escribir esto, la tengo contratada con Telefónica. No tenía otro remedio: ninguna otra empresa estaba en condiciones de instalarme la línea en casa.
Así que contraté por teléfono la susodicha línea. Tuve que hacer tres llamadas al 1004 para enterarme de lo que entraba en la promoción y lo que no; en cada llamada me daban un precio distinto. Al final, me habría dado lo mismo.
Cuando llegó la factura, me querían cobrar por lo que me habían prometido que sería gratuito. Como no les había dado mi número de cuenta, no pagué la factura y llamé para poner una reclamación. No se preocupe, me dijeron, en la siguiente factura le descontamos lo que se le ha cobrado de más. Estupendo, me dije yo, espero a que llegue la siguiente factura y así pago las dos a la vez, evitándome hacerle un préstamo a Telefónica, que encima no generaría intereses.
Pero llega la siguiente factura, un día después de que me restrinjan las llamadas salientes. Y no sólo no me han descontado nada, sino que también me cobran lo que iba a ser gratis por la promoción. Así que llamamos al 1004 otra vez, y descubrimos que no figuraba ninguna reclamación anterior. Volvemos a reclamar, y decidimos pagar la segunda factura (sólo 60 €) para ver si nos dejan llamar por teléfono.
Después de esto, volvemos a llamar al 1004, y nos dicen que no hemos puesto ninguna reclamación. Y que no tenemos derecho a ningún descuento porque el teleoperador que dio de alta el contrato olvidó marcar la casilla del compromiso de permanencia. Así que aún debemos a Telefónica 127 €.
Supongo que es posible que se pueda reclamar para que nos arreglen este desaguisado, pero ya habría que meterse en papeleos, denuncias y demás, así que paso. Además, volveríamos a tener compromiso de permanencia... mejor pagar y salir corriendo. No es ningún secreto que Telefónica ya me caía mal, pero es que ahora prefiero quedarme incomunicado antes que volver a tener tratos con esa empresa.

Vamos, que a Telefónica no la toco ni con un palo.

Por cierto, aún podéis votar aquí por el cuento que querais para la semana que viene.

martes, 29 de enero de 2008

Alfonsito

Alfonsito es un señor de algo más de 40 años. Trabaja en una pequeña tienda de su propiedad, y viste siempre de blanco impoluto porque hace sólo tres años la tienda era una panadería, que pertenecía a Doña Dulcinea, digna sucesora de una estirpe de amantes de la literatura clásica y madre de Alfonsito.
Alfonsito, con gran visión comercial, decidió que una panadería no era negocio suficiente, y arrinconó el pan en una esquina, llenando el escueto local de estanterías rebosantes de productos envasados. Esto lo llevó a cabo dos meses después, exactamente, de la muerte de su madre, coincidiendo con la venta del piso en que ambos habían residido.
En el barrio, donde todavía todos conocen la vida de todos, nadie sabe dónde vive ahora Alfonsito. Algunas señoras le han preguntado abiertamente, pero él, con mucho ingenio, siempre responde con evasivas: "¿No querrá usted acosarme, doña Virtudes?", le dijo a una; "Eso es un secreto de estado, señora Benita", le dijo a la otra. Así que, como tampoco ha querido nadie molestarse en seguirle, el domicilio de Alfonsito permanece desconocido.
Alfonsito no es muy alto: debe rondar el metro sesenta y cinco. Le sobran diez o doce kilos, y cubre su calva con una loncha raída de pelo grasiento que, aunque no lo parece, lava cuidadosamente todas las semanas. Adorna su rostro con un bigote, que cuida menos que su pelo pero luce mucho mejor.
Alfonsito desayuna todos los días en el bar del Urco. El Urco se llama Sebastián, y la única persona que recordaba porqué le llaman el Urco murió dos meses y medio después que Doña Dulcinea, la madre de Alfonsito. Así que ni siquiera Sebastián sabe porqué le llaman así.
En el bar del Urco Alfonsito consume todas las mañanas un café con leche grande y un curasán a la plancha, con mermelada de melocotón. Cada día hojea un periódico, fijando la vista en sus páginas como si leyera los titulares con gran concentración: en realidad lo único que le interesa es el horóscopo. El periódico que manosea cada día lo elige de manera aleatoria. Siempre quiere leer alguno que ya está ocupado, y busca siempre ciertas características en la persona a la que le pide el diario. En orden decreciente de importancia, estas características son: que sea mujer, que sea joven, que sea guapa, que sea desconocida. Esto podría explicar porqué Marisol siempre coge dos periódicos.
El Urco, desde sus casi dos metros de altura y con su voz aflautada, comenta todos los días, al salir Alfonsito del bar, que a este hombre le falta un hervor. Si Marisol no ha abierto aún la mercería de su abuela, responde que no, que lo que le pasa es que es tonto. No falta quien le diagnostica retraso mental, estupidez congénita o incluso un complejo de Edipo mal resuelto. Pero en realidad nadie tiene constancia de que ningún psiquiatra haya tratado a Alfonsito.
Después de desayunar, Alfonsito abre la tienda. Suele ser entre las nueve y las nueve y veinte de la mañana. Y, desde ese momento, no sale de la tienda hasta que cierra. Para comer, Alfonsito suele abastecerse de su propio stock, lo mismo le vale hacerse un bocadillo de atún con pimientos y mayonesa que una auténtica fabada asturiana Litoral. Cierra durante una hora, pasa a la trastienda y allí, sentado en el camastro en el que duerme todas las noches, engulle lo que toque mientras escucha atentamente Radio 3. Después de comer, a veces se echa un rato, pero lo habitual es que lea compulsivamente cualquier cosa encuadernada que haya encontrado en sus paseos dominicales.
Porque Alfonsito pasea, todos los domingos. Sale de la tienda a las ocho de la mañana, y recorre la ciudad durante todo el día cumpliendo una ruta cuidadosamente trazada. Camina durante la mayor parte del tiempo, pero también coge dos autobuses para poder alcanzar todos los puntos de interés de su garbeo semanal.
Y la culpa de todo la tiene Amélie. Porque se le ocurrió viendo la película, claro. Y por eso su ruta dominguera incluye los tres fotomatones cuya existencia conoce. En las papeleras de sus cercanías, Alfonsito busca fotos desechadas. Casi nunca encuentra nada, y cuando encuentra algo, no suele valerle. Porque a Alfonsito sólo le valen las fotos de mujeres, jóvenes, guapas, y desconocidas. A pesar de lo poco fructíferas que son estas paradas, no se le pasa por la cabeza abandonarlas.
Además de los fotomatones, Alfonsito visita algunos contenedores de reciclaje de papel, a ver si puede rescatar algún libro, o en su defecto alguna revista. Luego, acude a unos baños públicos a darse su ducha semanal, y hambriento y bien aseado, vuelve a su tienda.
Allí, para acabar el día, encerrado en la trastienda, en el camastro, escuchando Radio 3, rodeado de latas de conserva y alguna que otra cucaracha, Alfonsito repasa su album de chicas guapas de fotomatón. En realidad, de fotomatón sólo hay tres fotos, las demás son de las revistas. Muy metódicamente, después de revisar el album, contempla las nuevas adquisiciones, y con mucho sigilo, como si temiera que alguien le pillara, se toca. Si acaba satisfecho, añade las novedades al album; si no, las tira a la basura. Siempre, todos los domingos, tras devolver el album a lo alto de la torre de paquetes de latas de guisantes, suspira, se mesa los escasos y ralos pelos que le quedan, y se deja caer en la cama, dispuesto a esperar dormido a que lo alcance la siguiente semana.

miércoles, 23 de enero de 2008

Elecciones y Nuevo Orden

Cerrados los colegios electorales, y finalizado el recuento, tenemos un resultado: ha ganado Alfonsito con 2/3 de los votos emitidos, frente a 1/3 de votos nulos. La participación ha sido bastante escasa, sólo tres votos, y uno de ellos telefónico. Por no votar, no ha votado ni mi mujer. Por tanto, el martes que viene tendremos la historia de Alfonsito.
Y ahora, pasamos al nuevo orden: A partir de este mismo instante, los martes tendremos cuentos a la carta, siempre que haya votos suficientes. Así que, en los comentarios de esta misma entrada, vayan pronunciándose, votando a uno de estos candidatos:

- El músico 1
- El músico 2
- El músico 3
- El músico 4
- Divorcios, malos tratos y discriminación de la mujer
- La piscina

Y aquí se acaba la democracia. Por otro lado, y continuando con el Nuevo Orden, los viernes serán para las Estampas Gijonesas, tres nuevas (o no) imágenes cada semana, con o sin pequeño comentario, para deleite de vuestros ojos, vuestras mentes y vuestras almas.

Bomboncito, una cosa te digo, para la semana que viene no te admito el voto por teléfono.

martes, 20 de noviembre de 2007

Al salir del túnel

La niña salió del tunel cansada, rota, con el eco de las pisadas de los soldados retumbando en el silencio que la rodeaba. Silencio absoluto: ni trenes ni sirenas ni explosiones ni sargentos gritando órdenes. Silencio tenso. Silencio extraño. Silencio frío.
La niña había perdido la memoria al cruzar el túnel, o quizá antes; no lo recordaba. La niña caminaba arrastrando los pies entre las vías con un brazo inmóvil, rígido, apuntando hacia atrás. La niña ni siquiera sabía qué había sujetado antes en esa mano, qué habían aferrado esos dedos que ahora parecían un rastrillo de juguete.
La niña tenía miedo, frío, hambre, sed, sueño, miedo y frío. La niña se escondió entre la suciedad, la basura y la podredumbre y se quedó dormida porque ya no sabía qué otra cosa podía hacer.

- ¿Cómo te llamas?
- ¿?
- Que cómo te llamas.
- ...
- Cómo te llamas, what is your name, comment tu t'appelle...
- (bostezo)
- Si me dices tu nombre te doy un bocadillo.

La niña abrió los ojos y vio a un hombre grande y rubio. Muy grande, muy alto, muy rubio y muy cabezón. Agitaba frente a su boca un bocadillo frío, rancio y grasiento de panceta.

- Es que no me acuerdo.
-Vaya. Parece que tenemos un problema. Anda, ven conmigo, que aquí fuera hace frío, y hambre, y oscuridad.

En realidad, la niña ya no tenía ni miedo, ni frío, ni hambre, ni sed, ni sueño. Pero el hombre alto, grande, rubio, cabezóny pálido parecía simpático, tenía comida y además ella ya estaba cansada de estar sola. Así que se puso de pie, se estiró, se acercó al hombre y le dio la mano. Juntos caminaron en silencio entre las vías, y aunque era de noche cerca del hombre había luz, y calor, y como ya no tenía hambre no le importó que tirase el bocadillo, y no sabía porqué pero sí sabía que era por estar cerca del hombre alto, grande, rubio, cabezón y pálido, que tenía una voz tan grave, profunda y agradable.
Cogidos de la mano se acercaban a la caseta de la estación. Al abrir la puerta, el hombre le acarició la cabeza y dijo:

- Tranquila, mi vida, aquí estarás a salvo de los soldados. Verás qué bien lo pasamos...