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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Los chavales de Altsasu

Supongo que sabéis lo que pasó, más o menos: las fiestas del pueblo, unos guardias civiles fuera de servicio que entran a un bar a seguir bebiendo y acaban recibiendo una paliza a manos de un grupo bastante numeroso. A consecuencia de estos hechos, uno de los guardias hubo de ser intervenido quirúrgicamente y ocho personas ingresaron provisionalmente en prisión. El otro guardia civil y las parejas de ambos sufrieron lesiones leves.

Desde entonces ha pasado más de un año y esas ocho personas siguen en prisión provisional. Se les acusa de cometer delitos de lesiones terroristas y amenazas terroristas, y por lo tanto las penas de cárcel que se piden suman unos 50 años para cada uno.

Sigo en twitter a algunas personas que van contando uno a uno los días que estos acusados pasan en prisión, refiriéndose a ellos como los chicos de Altsasu. Consideran que no se trató de un acto de terrorismo, sino de una simple pelea de bar, y que tanto la petición de 50 años de cárcel como el año de prisión provisional que ya llevan encima son castigos absolutamente desproporcionados.

Bueno, pues yo estoy parcialmente de acuerdo con esto. No se trató de terrorismo. Entiendo que el terrorismo implica premeditación, planificación, intencionalidad previa. Y todo esto ocurrió de repente: nadie, ni las propias víctimas, sabía que iban a acabar emborrachándose en aquel bar a las tres o cuatro de la mañana. Así que sin premeditación ni intencionalidad política no hay terrorismo. 

Ahora bien... tampoco fue una pelea de bar normal. No se calentaron por un me has mirado mal, ni nadie le tocó el culo a la novia de nadie, no se derramó accidentalmente una consumición. Uno de los agresores reconoció a una de las víctimas como guardia civil y les dieron una paliza por eso. Se me ocurre que es algo parecido a un par de comunistas que entran en un bar de nazis... (vaya, ya salió Hitler en la discusión, ¿eso no tenía un nombre?)

Es decir, estamos ante un delito de odio. Un grupo de personas, amparadas en la masa, apalizan a dos guardias civiles y sus parejas por el hecho de ser guardias civiles. Me parece bastante claro. Lo que sí parece bastante desproporcionado es el año de cárcel provisional  y los 50 años que pide la fiscalía. Parece que odiar a la guardia civil sale más caro que odiar a... no sé, gitanos, negros, mujeres, homosexuales, extranjeros...
 

miércoles, 14 de junio de 2017

Normas

Probablemente habréis oído alguna vez, igual que yo, que España es un país demasiado regulado. Que hay demasiadas normas para todo, de modo que es imposible abrir un negocio totalmente legal: exceso de normas, de todo tipo de áreas, municipales, autonómicas, nacionales, a veces desconocidas, a veces contradictorias. No sé si esto es verdad, pero desde luego lo he oído y lo he leído en varias ocasiones.

* * * *

Ayer leí en twitter la queja de una chica, a la que habían puesto un parte en su instituto por llevar ropa inadecuada. Lo leí un poco por encima y no me quedé con el nombre de la chica en cuestión, no puedo revisarlo ahora con más calma. Colgó una foto de la ropa que llevaba: una camiseta y unos pantalones cortos. 
Eché un ojo a su twitter y ví que anteriormente había publicado una imagen de las normas del centro que afectan a la vestimenta. Estas normas hablaban de la ropa, en general. Creo recordar que sancionaba como falta leve la inadecuada. Ponía como ejemplo de inadecuada a las camisetas de tirantes. Vaya, me gustaría poder enlazar la foto de la chica: la camiseta que llevaba no era exactamente de tirantes, creo yo. No soy experto en moda, pero yo calificaría esa prenda como camiseta sin mangas. Entiendo que los tirantes son algo más estrecho que aquello. Luego está el pantalón, un pantalón corto que alguien en el centro vio como inadecuado. Un pantaloncito blanco que llegaba hasta medio muslo, más o menos.

* * * * 

Hace unos años una persona que conozco estudió un curso en Estados Unidos, alojada con una familia local. Nada más llegar, en agosto, esta familia la llevó de compras: la ropa que traía no era adecuada para el instituto. Entre otras cosas, la longitud de las prendas inferiores, fueran falda o pantalón, estaba perfectamente limitada: lo más corto no podía quedar a menos de un billete de dólar de la rodilla. Parece complicado de escribir, pero es muy práctico: te pruebas algo, sacas el billete, y ya sabes si puedes o no puedes llevarlo en el instituto. 

* * * *

Lo que quiero decir con todo esto es que el problema quizá no sea (solo) el exceso de normas. El verdadero problema es que las normas, las leyes, no son concretas, y quedan en gran medida a criterio del juzgador. Y aunque con este término se suele designar a los jueces y magistrados, en primer término quien juzga es el agente de movilidad, el profesor de instituto, el policía, el guardia civil. Son ellos los que deben determinar en primera instancia si tu ropa, tu respuesta, tu actitud, son adecuadas o inadecuadas.
Y sin billete de un dólar.

lunes, 16 de enero de 2017

Gusanito

Supongo que a estas alturas todos sabemos ya qué es el anisakis. Y también habremos visto todos el video del plato de pescado con un gusanito agitándose, grabado al parecer en una cena de nochevieja en una sidrería de Oviedo. Aquí tenéis la noticia, y aquí tenéis lo que dice la sidrería al respecto.

Y, bueno, puede ser que la actitud de la mujer no sea la más adecuada: sufrir un percance e intentar utilizarlo para sacar tajada. Pero peor me parece la actitud de la sidrería. Dicen que tuvieron muchísimo trabajo, sirvieron cuatrocientas y pico cenas aquella noche, el pescado fue un cambio de última hora que no aparecía en el menú previamente pactado... Excusas bastante burdas.

Y la asociación de hosteleros organizando una comida en esa sidrería, para mostrar su apoyo. Un montón de propietarios de restaurantes de los alrededores se reunen a comer allí para mostrar su apoyo a ese pobre hostelero, víctima de una campaña mediática de descrédito. Al revés, justo al revés, de lo que deberían haber hecho: reconvenir públicamente a un establecimiento que daña la imagen del sector, al descuidar normas básicas sanitarias, como son congelar el pescado antes de cocinarlo, o asegurarse de que éste alcanza cierta temperatura durante cierto tiempo al prepararlo.

Que estás jugando con la salud de la gente, coño. Que está en tu mano decir "no puedo atender tantas cenas, voy a servir diez o veinte menos", por ejemplo. Que no me parece que se pueda disculpar un error como ese. Que la mujer tendría que haber llamado a la policía municipal.

viernes, 1 de julio de 2016

Lágrimas

Pregunta dónde es el juicio. Mi compañero mira la citación y le dice: este juicio se ha suspendido, no hemos podido citar al denunciado. Intentamos avisarla ayer, para evitarle el viaje, pero no tenemos su teléfono.
Y entonces  empieza a llorar.
Le decimos que espere, que vamos a citarla para otro día. Y mientras espera, llora, y mientras llora, nos cuenta las perrerías que le hace su vecino: le tiene la puerta llena de aceite y de escupitajos, la escalera llena de colillas. Dejó un hueso de no se sabe qué en la maceta, y aquello estuvo lleno de moscas un montón de tiempo.
El denunciado suele estar en casa, pero cuando vamos del juzgado o de la policía a citarle no abre la puerta. Si no le citamos, no puede haber juicio.
Al final nos  cuenta que suele pedir en un supermercado. Sabiendo esto, quizá la policía pueda dar con él y citarlo. Le caerá una multa, que no pagará. Entonces se sustituirá por una pena de privación de libertad: localización permanente. Lo que antes era arresto domiciliario. Pasará un tiempo sin salir de casa, o no, y luego todo seguirá igual.

 ***


Llega, con los ojos llorosos, cuarenta minutos antes del juicio. Pide un abogado de oficio y protección: es el denunciante, y dice que recibió una paliza que casi lo dejan ciego.
Cuando le digo que es demasiado tarde para pedir nada se le escapa una lágrima. Se va, diciendo que no va a testificar. Que tiene miedo.
Un rato después aparece de nuevo. Pregunta dónde es la sala de vistas.

¿Asistirá al juicio? ¿O es que quiere alejarse de la sala de vistas para no encontrarse con su agresor?



sábado, 29 de marzo de 2014

Mucha policía

Últimamente he tenido un par de conversaciones en twitter con un guardia civil. Básicamente, aquí y aquí. Y como en twitter hay muy poco margen para explicarse, y apenas da para repetir consignas, voy a intentar exponer en este mi blog lo que opino acerca de los cuerpos policiales, los antidisturbios y lo que viene pasando últimamente en las manifestaciones en España.

Se ha acusado varias veces a los propios policías infiltrados de crear los altercados, proporcionando a  sus compañeros uniformados la excusa para ejercer la violencia. Evidentemente la policía y el gobierno niegan estos hechos. Pero yo me lo creo. Me lo creo porque es el gobierno el principal beneficiado de que haya altercados. Ante los ojos de la mayoría, la violencia desacredita a los manifestantes, incluso cuando la única violencia que se refleja en los medios es la de la UIP contra los manifestantes. Así que es fácil reventar una manifestación de decenas o centenas de miles de personas con los pocos manifestantes propensos a la violencia y unos cuantos policías infiltrados (supuestamente para detener a los anteriores) animando la cosa.

Probablemente ya hayaís visto antes este vídeo, es de septiembre de 2012:


En él se puede ver a unos agentes de la UIP, más algunos vestidos de... lo que sea, "deteniendo" a dos hombres, de los cuales uno grita "¡que soy compañero!"... 

O sea. O bien la policía detiene manifestantes tan indiscriminadamente que es capaz de detener a sus propios miembros, que están realizando tareas de vigilancia para evitar altercados; o bien los policías infiltrados se dedican a provocar esos altercados y por ello se "detuvo" a este encapuchado.

Pues no sé qué es peor. Pero lo que está claro es que ahí la policía se está convirtiendo en el enemigo, posicionándose en contra de los ciudadanos a los que tiene que proteger.

A partir de este tipo de situaciones, repetidas en youtube todas las veces que queramos, el lógico y razonable que la cantidad de manifestantes dispuestos a la violencia sea cada vez mayor. Y que estén más preparados.

Ocurre también que el gobierno para el que trabajan estos policías no es tan leal a ellos como ellos a él, y así llegamos a lo ocurrido en la última manifestación: sí que había manifestantes con ganas de agredir a los policías, claro. Luego los policías comienzan los altercados, cargando contra los manifestantes antes de la hora señalada para el fin de la manifestación, con un coro actuando en el escenario. Y luego, este gobierno ingrato, con esos errores tácticos y estratégicos que parecen forzados, deja a algunos policías vendidos frente a los manifestantes violentos.

Luego también hay videos de policías que se tropiezan y se caen al suelo solos, que seguro que computaron como agentes heridos de diversa consideración, y luego hablaban de un policía en coma que al final resultó no existir, porque los medios de comunicación son casi tan leales al gobierno como los policías, y así nos va.

Porque se les ha olvidado que a quien deben lealtad es a los ciudadanos.

Espero que esta conversación continúe en algún sitio, bien en los comentarios del blog o en otro blog o en twitter o donde se os ocurra.